Tierra de terremotos

¿Cuál será el Big One, el Grande? Cualquiera. La tierra jamás ha dejado de temblar, y los sismógrafos no descansan.

El 16 de octubre de 1999 un fenómeno de 7.1 puntos en la escala Richter zigzagueó por un recorrido de 28 millas de grietas subterráneas a 37 millas de Palm Spring. Por ser en el desierto de Mojave no hubo pérdidas humanas ni daños. Si el epicentro hubiese estado en Los Angeles hubiesen sido cuantiosos.

Más recientemente, el sábado pasado hubo un temblor de 3.1 puntos, según el Servicio Geológico Nacional, a 15 millas de Trona, en el centro de California, dos semanas atrás otro con epicentro en Ontario se sintió en el edificio de La Opinión y el vaivén desde el piso 31 mareó a muchos.
El jueves 22, fue de 3.1 puntos y ocurrió en el área de Reseda, en pleno valle de San Fernando, sintiéndose en Downtown.

Este viernes, uno de 3.4 golpeó la playa de Venice, a pocas millas del centro de Los Angeles. Algunas personas lo sintieron, otras no. Pero el mismo viernes, una nueva investigación de UC Irvine vino a dar una respuesta estremecedora a esta interrogante: pronto. De hecho, ya debía haber venido.

Según el último estudio, en los últimos 700 años -desde 1310- los grandes temblores se dieron en intérvalos promedio de 137 años, contra 200 años de lapso que se creía hasta ahora.

Ahora bien, la última vez que golpeó California un fenómeno de gran magnitud, de 7.9 puntos, fue en 1857. Eso quiere decir que desde 1994 estamos a un tris del temblor, del Big One. Ya pasaron 152 años.

El de Northridge de aquel año, al igual que el de Sylmar de 1971, con 65 muertos, fue de “sólo” de 6.7 puntos, no de 7.9: es una gran diferencia. Cada 0.1 punto se duplica la potencia del terremoto. El de 7.9 sería 3,981 veces más poderoso, según datos de Caltech. La grieta tendría de 10 a 15 millas de profundidad y de 200 a 250 millas de longitud. La tierra se desplazaría en ondas de 30 pies en ambas direcciones. Duraría de dos a cinco minutos ininterrumpidamente.

El grande, el terrible, el de las películas, el mortífero, está cerca. ¿Qué hacemos? Mucho se ha hecho, mucho se puede hacer, mucho quizás no se haga nunca.