Mosaico de Los Angeles

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A cada rincón de Los Ángeles le toca sus propios predicadores, vendedores de milagros, curanderos o simples misioneros, aquellos que la caracterizan y la diferencian del resto, que enfatizan la composición cultural, social o económica de sus habitantes, que explotan sus debilidades y al mismo tiempo le dan ese toque de originalidad y singularidad sin el cual una ciudad no es una ciudad.

Saliendo de tomar un café con un amigo en la esquina del bulevar Ventura y la Avenida Van Nuys, en el Valle de San Fernando, nos espera una beldad que aprovechando nuestro embeleso trata de vendernos una suscripción a la organización Greenpeace. Sin perder más de diez segundos en describir los objetivos mundialmente reconocidos de esta organización ecologista –“ustedes saben, lo del aire limpio y eso”- saca de su mochila un talonario donde el ni precavido ni suspicaz simpatizante deberá llenar los datos de su tarjeta de crédito y la suma que quiere donar. Eso si, el compromiso de pagos mensuales puede recovarse en cualquier momento. Le pido una identificación, y en su defecto literatura de la organización, pero lo único de papel que tiene es su talonario, “para ahorrar árboles”, explica. Una breve consulta al sitio de Internet de Greenpeace me permite suponer que por poco fuimos víctimas de un bonito engaño.

Diametralmente opuesto a ello, ni bien llego a mi casa en el Este de Los Ángeles golpean a la puerta. Son dos varones de pantalones negros, camisas blancas y sendos tiradores. Se presentan como pregoneros de la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días, los mormones. Me regalan, o venden, la palabra divina, y yo les agradezco de todo corazón su interés por las cosas espirituales de la vida y el más allá. Sigue intercambio divertido y cada uno sigue por su camino.

Golpea la puerta una conocida, la señora de los tamales. En un día común la seguiría su contraparte, la señora de las fresas. Ya han venido a venderme sistemas de alarma ya que “usted sabe que esta parte de la ciudad es muy peligrosa”, y un compañero ofreció sus servicios para “todo tipo de trabajos en la casa, porque ya no hay chamba”.

Aquí, en el Este de la ciudad, la gente es humilde y sufre la violencia a punto de asomar por las casas. Pero no hay pordioseros. Piden trabajo, no caridad. Los mendigos  se agolpan a la salida de los lugares chic, de los restaurantes cool, de allí donde Los Ángeles es la que se refleja en las películas y los cuentos de hadas. La de las estrellas hollywoodenses y las mansiones del Oeste. La ajena.

Gabriel Lerner
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Gabriel Lerner

Editorial Director at La Opinion
Editor en jefe del diario La Opinión en Los Angeles.
Fundador y editor de HispanicLA.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y anteriormente editor de noticias para La Opinión.
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