LOS VIAJES DE PULGAR: Egipto a precio de saldo

La crisis global golpea al país de los Faraones.

El rostro de la famosa Esfinge ya no se parece en nada al que tenía cuando fue construida 2,500 años antes de Cristo durante el periodo antiguo de la civilización egipcia. Pero desde entonces poco ha cambiado para la inmensa mayoría de la gente de este país.

Una mujer pide un euro tras los barrotes que rodean la Gran Esfinge, los mismos barrotes que separan los turistas de la población nativa.

La Esfinge se vende y lleva muchos siglos haciéndolo gracias a su privilegiada ubicación como guardián de las tres grandes pirámides de Keops, Kefren y Mikerinos a las afueras de El Cairo. Y esta mujer de nombre desconocido que entre los barrotes de la cerca que separa los turistas de la población nativa, suplica más que otra cosa, la compra de postales que hace décadas salieron de moda.

Eso, o separadores de libros, o pulseras de plástico con el detalle del escarabajo (representación divina de la suerte y la fertilidad), o una réplica barata de cualquier pirámide o sarcófago faraónico. Todo a un euro, para qué andar con rodeos.

“Please Sir, one euro, one euro”, reclama con una voz ausente junto a un niño de no más de cinco años que aprende sobre el terreno el oficio de pedigüeño.

La misma historia se repite incansablemente a lo largo del Nilo, desde los majestuosos templos de Abu Simbel cerca de la frontera con Sudán, pasando por la represa de Aswan y el oasis de Kom Ombo, el majestuoso templo de Karnak, las famosas plazas de Luxor y Giza, hasta llegar a El Cairo y, más al norte, Alejandría.

La venta ambulante se extiende a lo largo del curso del Nilo. En la foto, unos jóvenes reclaman la autenticidad y bajo precio – un euro – de paquetes de hasta 30 papiros.

Niños, jóvenes y adultos persiguen al turista insistiendo en un euro por cualquier cosa: desde turbantes hasta papiros.

El turista es el objetivo, el euro, o los dólares o libras esterlinas, el tesoro, más preciado incluso que el de la tumba de Tutankamon descubierto sin el expolio habitual, una auténtica rareza.

El turismo es una de las mayores industrias del país. La agricultura, petróleo, gas y el canal de Suez, son las otras fuentes de ingresos de un país de 80 millones de personas en un territorio desértico en el que caben juntos Texas y Nuevo México: 1,001,449 millas cuadradas. El turismo no da para todos, especialmente ahora que la crisis económica no deja rincón inmune.

Como muchas otras cosas en Egipto, las cifras no están claras. Según datos recopilados por Reuters, los ingresos por turismo han caído más del 17% en lo que va de año, superando por un estrecho margen los 2,000 millones de dólares. En cualquier caso, fuentes del Ministerio de Turismo indican que en 2008, los ingresos fueron de 11 mil millones de dólares, representando casi el 12% del PIB nacional, un descenso más que apreciable, en línea con los citados por Reuters.

Gracias a los numerosos alicientes turísticos de las diferentes dinastías faraónicas y los templos grecorromanos a lo largo del Nilo, en Egipto el turismo de playa representa el grueso del sector (70% del total), siendo los europeos del Este y los rusos quienes más se prodigan estos días, aunque son frecuentes los grupos de españoles, franceses y estadounidenses.

La omnipresencia de la Policía Militar en los lugares turísticos sugiere hasta qué punto interesa al gobierno de Hosni Mubarak la seguridad del turismo, principal fuente de divisas

La crisis del sector se refleja en cada esquina. Los hoteles, muchos de cinco estrellas (que no representan la misma calidad que los de un país occidental desarrollado), dejan al descubierto manchas en las alfombras, cortinas raídas, mobiliario vetusto, cuadros desvencijados. Sin disimulo. Se diría que hace falta una renovación integral, además de la inclusión de ciertos servicios – conexión fiable a Internet por no decir wifi – que a muchos viajeros alegraría el periplo.

El gobierno ha intervenido eliminando los impuestos de promoción que los mismos hoteles realizan para llenar sus habitaciones a precios baratos. Lo mismo está haciendo con las compañías de vuelos charter al reducir sustancialmente los pagos en concepto de uso aeroportuario.

“El gobierno puede establecer medidas, pero la gestión hotelera es privada y nada se puede hacer si no incluyen en sus presupuestos partidas para renovar las instalaciones”, dice Ali Hassan, un guía turístico a cargo de un grupo de europeos estos días de viaje por su país.

Lo mismo ocurre en la flota de más de 400 barcos que surcan a diario el Nilo entre Aswan y Luxor, siendo éste uno de los atractivos favoritos del viajero. Son cruceros con algo más de 70 metros de eslora y capacidad para más de cien huéspedes, y sus camarotes, discotecas, restaurantes y tiendas bullen de ajetreo al compás de un aire acondicionado que nunca deja de funcionar. Afuera, en junio, los 40 grados centígrados se superan con facilidad; adentro en otra historia.

Pese al evidente deterioro de muchos hoteles, comparados con el nivel de vida de la población son otro planeta. Cada pueblo y ciudad que recorre deja al descubierto esa tremenda diferencia. Se puede decir con cierta seguridad que son muy pocos en Egipto quienes ganan más de 400 libras egipcias al mes, algo menos de 60 euros (en cualquier caso, menos de cien dólares).

Las divisas extranjeras son cada día más importantes. La crisis económica global está repercutiendo en un descenso en los ingresos por el uso del Canal de Suez (también perjudicado por el peligro de los piratas en el Océano Indico más allá del colindante Mar Rojo). Lo mismo que las exportaciones de gas natural. Solamente en mayo (último mes del que se tienen datos oficiales), cayeron el 29% con respecto a hace un año (en los cinco primeros meses del año, la caída representa entre el 20% y el 25%).

Ni siquiera la politizada y dependiente del gobierno prensa oficial se atreve a ocultar los datos. El matutino Daily News Egypt citaba hace unos días la posibilidad de una próxima devaluación de la moneda en boca de Magdy Sobhy, un analista económico del Centro de Estudios Estratégicos Al-Ahram en El Cairo: “El gobierno devaluará la moneda la libra egipcia encareciendo los precios de las importaciones y abaratando las exportaciones”.

De ahí que las divisas extranjeras sean tan preciadas. Y para obtenerlas, la población general sólo tiene al turista de a pie.

La solicitud continua de euros llega a agobiar, pero nada más, no hay prácticamente peligro de robos o tirones. De eso se encarga la Policía Turística (PT) presente en todos y cada uno de los numerosos puntos de interés. Presencia que no significa intervención. La PT no interviene por lo general ante la continua solicitud de nutridos grupos de egipcios ofreciendo las mismas baratijas a precio de saldo.

Desde el comienzo de la civilización egipcia, el Nilo lleva siendo el maná de la población. Fuente inspiradora de mitos de fertilidad, cuna de faraones, testigo de traiciones y crímenes bíblicos, por sus aguas navegan sin tregua 400 cruceros de lujo, todo para el turista. / Pedro Pulgar

“Please sir, one euro, one euro”, se escucha como una coreografía nada más salir del impresionante Valle de los Reyes, donde están enterradas varias dinastías de faraones. Los vendedores ambulantes se apostan en las cimas, lejos de la presencia policial. Pero son los mismos PT quienes piden euros a cambio de guiarte por una ruta que de todas formas ya está muy bien señalizada. Después, una vez en el enorme aparcamiento donde se amontonan decenas de autobuses de turistas (con aire acondicionado), acuden oleadas de vendedores clandestinos ávidos por hacer el día cuanto antes mejor: “Please sir, one euro, one euro”.

Estas palabras – súplicas desesperadas en la mayoría de las ocasiones – reflejan cómo las iniciativas económicas liberalizadoras iniciadas por el gobierno de Hosni Mubarak (cinco legislaturas, 28 años en el poder) llegan al pueblo en cuentagotas.

Según el Fondo Monetario Internacional, las reformas económicas (reducción de aranceles y tarifas, excepciones impositivas fiscales, inversión en infraestructuras, reducción de impuestos corporativos del 40% al 20%) hacen de Egipto un caso ejemplar, especialmente en el segmento de países de economías emergentes. Solamente en 2006, la inversión extranjero superó los 6,000 millones de dólares.

La crisis ha hecho disminuir las partidas en los dos últimos años.

Las mejoras no parecen llegar a la calle.

Son muchos quienes a hurtadillas se atreven a criticar al gobierno por los altos precios de los bienes básicos, resultando en una parálisis en el nivel de calidad de vida y del poder adquisitivo. La corrupción es uno de los factores a tener en cuenta, pero también la extendida cultura del “funcionario” como parásito inevitable, “alguien dispuesto a entorpecer cualquier iniciativa empresarial que tengas”, dice Hassan.

El Egyptian Mail – un acrítico rotativo nada sospechoso (como todos, es el gobierno quien nombra los directores de los medios de comunicación) – citaba hace unos días en un estudio de la Agencia de Movilidad Pública y Estadísticas (CAPMAS) el tremendo costo que le supone al país – 55.300 millones de dólares – el pago por lo que se considera un hábito nacional: la pérdida de tiempo productivo, especialmente entre los funcionarios.

Como referencia se cita una estampa típica que ocurre en cualquier departamento, ministerio o agencia gubernamental: de tres empleados en el lugar de trabajo, el primero rellena crucigramas, el segundo reza y el tercero habla por teléfono con su esposa. CAPMAS estima que el promedio de un trabajador promedio en Egipto es de tan sólo 27 minutos de labor diarios.

“Egipto es un país idílico para visitar, pero no para vivir en él”, concluye Hassan, no sin antes advertir que él nunca ha dicho eso.

Fotos copyright Pedro Pulgar 2009.


3 Comments

  1. Muy bien escrita, con mucha soltura, como cuando escribía en La Opinión, que levantó a pulso esa inócua sección de Negocios y tuvo que lidiar a la vez con mil majaderías

  2. Este reportaje de Pedro Pulgar es tal vez el más completo y mejor escrito que me he leido nunca sobre el Egipto de hoy y las sombras del antiguo imperio de los faraones que aún cubren con su influencia abrumadora la vida cotidiana en ese varias veces milenario país. Pulgar nos lleva de la mano por el Nilo mostrandonos la realidad agridulce (más agri que dulce) de los egipcios actuales, una versión moderna de aquellos que a puro pulmón fueron obligados a erigir las obras más impresionante construida jamás por los terrícolas. Te felicito, Pedro, este reportaje tuyo merece de veras un premio.
    Roberto Alvarez Quiñones

  3. Excelente cronica. Se ve que hay un trabajo de campo, de estadisticas y cultural, y su autor demuestra dominio y sensibilidad del tema. Vale, Pedro, felicitaciones.

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  1. Bitacoras.com

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