Esta Navidad en México

Por primera vez desde mi regreso a México después de nueve años en el norte celebro la Navidad con mi familia. Celebro todavía tener aquí a mi madre y que aunque estemos lejos, mis sobrinos que viven en California sepan que su familia los espera en México por si deciden volver como yo lo hice. Celebro ver crecer a mis dieciseis sobrinos y darme cuenta con alivio que para cada uno de ellos la familia es una realidad.

Ignorando las distancias amigos en otro pais llaman, escribir emails, envían tarjetas de buenos deseos. Mi amigo Fred de Ontario, California, cuenta que recibió el 24 a su hija Julie  y su nieta America. Ellas a su vez celebrarán el día 25 en casa de su esposo, donde disfrutarán de tamales, porque para estos mexicoamericanos de segunda generación las fechas importantes se señalan con platos tradicionales.  Con mi amiga Reme de Valencia, España, nos maravillamos de lo mucho que tienen en común nuestras costumbres. Mi amigo Gabriel que es judío también felicita y encuentra esta experiencia personal similar a las suyas.

Es Nochebuena. Con mis sobrinos David, Valentín y sus papás viajamos al pueblo de San Pedro en el estado de México, y parecemos los Reyes Magos cuando viajaban a Belén, porque vamos con seguridad de intento y alegría en el corazón y la certeza del festejo. Recorremos carreteras repletas de viajantes apresurados que salen de la ciudad de México. Por momentos avanzamos a vuelta de rueda, pero de pronto y a la distancia, observamos las luces y el vapor que se levanta de la Termoeléctrica del Valle de Mexico, parecen estrellas esas luces que nos guían, y al acercarnos mas, está efectivamente la Navidad ahi presente, en los focos verdes, blanco, y rojo, que iluminan la planta donde se genera gran parte de la electricidad que consume el Distrito Federal. Seguimos viajando, acercándonos al objetivo de llegar, unirnos con nuestra gente, abrazarnos. Cinco minutos despues avistamos la iglesia en la plaza principal del pueblo. Era hora.

Al llegar a la casa de nuestros anfitriones, toda la familia estaba ya reunida alrededor de Doña Esther, la bisabuela, la matriarca y quien se pasó días asando, tostando y moliendo los chiles del mole para los romeritos, haciendo las compras de la pierna adobada al horno coordinando y haciendo realidad esta reunión de más de 35 personas congregadas a su alrededor.

Empezó entonces el ritual. Un aperitivo calientito logró quitarnos el frío. El consomé de pollo lo comimos con patitas. Compartimos las alegrias de los nacimientos ocurridos en el último año. Hablamos de los ausentes de la celebracion a quienes añoramos y anhelamos volver a ver pronto, pronto.

Niños de todas edades corren, gritan, pelean, juegan, nos inundan. Después de la procesión de los peregrinos y de la solicitud de posada  se cantó y arrulló al niño Jesús. Mi hermana Esther y una servidora fuimos las únicas a quienes no se invitó a besarlo, en respeto a que no somos católicas. Así, quedamos excluidas al repartirse la recompensa, el dulce de colación.

Se anunció que las piñatas, en forma de estrella, se romperían sólo después de cenar: hurras y aplausos por la decision. Es que, sin darnos cuenta, ¡nos estábamos muriendo de hambre!

En la mesa, cazuelas de mole con pollo, arroz, pierna al horno con adobo, romeritos con camarones gigantes y tortitas de polvo de camaron, sopa de codito, ensalada de manzana, y ponche de frutas caliente para tomar con o sin piquete. Además, refrescos enbotellados: Jarritos de tamarindo y tutifruti, Titan de toronja, Lulú sabor naranja, Sidral de manzana, la inigualable Sangría Señorial y las Chaparritas de uva que no podian faltar. Y también la Coca Cola que en México se endulza con azucar de caña.

Repartidos los aguinaldos de dulces nos despedimos con el abrazo de Navidad tradicional y regresamos, desandando el camino que habíamos hilado a la ida, aferrados al hilo de la carretera aún repleta.

Aquí o allá, en California, la esencia es la misma. Festejamos Reyes Magos y la familia es lo principal. Compartimos que lo importante es seguir celebrando, continuar las tradiciones que nos legaron nuestros padres, recordar que las memorias de hoy quedarán marcadas en la infancia de nuestros niños, quienes así como nosotros, serán en las proximas navidades los protagonistas de la continuidad, de la permanencia de nuestra manera de ser.

Esta Navidad mi familia la celebró unida en corazon, pero separada fisicamente. De ocho hermanos estuvimos aquí solo tres. Quizás estemos todos juntos, la próxima vez. Quizás.