El vestido encantado

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Es el vestido perfecto, el talle perfecto, la basta perfecta, el escote perfecto. Deusa, originaria de Sao Paulo, habitante de Long Island City, lo ha comprado en la tienda de Goodwill en 92nd Street y 2nd Avenue. No lo lava. Lo manda al lavaseco para que no encoja. Se lo coloca, obvio, para salir con Joao esa fatídica noche cuando al cruzar Queens Blvd. la embiste un camión de basura que la eleva por los cielos y la estrella contra el suelo. Al morir Deusa, su hermana Moira hereda el vestido que, sorpresa, le queda como pintado. Es el vestido perfecto, el talle perfecto, la basta perfecta, el escote perfecto. Para recordar a su hermana, decide colocárselo la primera vez que sale con su novio Ze. Se sube arregladísima al terraplén del tren 7, pero se enreda los tacos en la basta, cae a los rieles y se electrocuta. Su prima menor, Sonia, la cual hereda la ropa de las difuntas Deusa y Moira, se da cuenta de la coincidencia. Ambas hermanas llevaban el vestido cuando murieron. Suerte que las enterraron con un vestido nuevo y no con el vestido perfecto, de la talla perfecta, del escote perfecto. Para evitar ser víctima del hechizo (después de todo es el vestido perfecto, el talle perfecto, la basta perfecta, el escote perfecto) manda el vestido al lavaseco, al zurcidor chino el cual le saca los botones, las costuras, lo descose y lo vuelve a armar. Sonia se coloca el vestido, obvio, para su primera cita con su nuevo novio Marcedo. Para evitar contratiempos, sale en taxi llevando el vestido perfecto, el talle perfecto, la basta perfecta, el escote perfecto. Al bajarse del taxi, viene un chino en bicicleta y la embiste. Termina con tres costillas quebradas y 150 puntos, bien cosida en el hospital Elmhurst. En el vestíbulo del hospital está el vestido perfecto, con la basta perfecta, el escote perfecto. Una enfermera lo toma. se lo lleva a la casa y se lo prueba…es el vestido perfecto, con el talle perfecto, la basta perfecta, el escote…