California todavía es posible

También en Los Angeles, los afroamericanos de Estados Unidos han abierto el camino del progreso y la integración a los latinos, con su ejemplo de lucha por los derechos civiles contra la discriminación, la ignorancia y el crimen, por la oportunidad, la educación y la prosperidad. Muchos años de actividad devinieron en alta participación electoral, aguda conciencia política y una percepción de la solidaridad de grupo.

Una de sus organizaciones se transforma e incluye a las otras minorías en el Sur de Los Ángeles para que también levanten la bandera del cambio.

Es la Community Coalition, que esta semana celebró su décima cena de Gala para homenajear a sus preferidos, cerrar un año de actividades y colectar fondos para las mismas, que se pueden resumir en “menos licorerías y más escuelas”.

Honraron allí al diario La Opinión por lo que ha sido durante tantos años: apoyo a la comunidad inmigrante, presente en sus dolores, luchas y logros, y en la mano de los trabajadores camino y vuelta del trabajo. Quien entregó el premio a la directora Mónica Lozano y el editor Pedro Rojas fue Dolores Huerta, una leyenda viva de luchas con César Chávez y por mérito propio y la más vitoreada de la jornada: el único que la igualó fue un ausente, Barack Obama, primer presidente negro.

Mervy Dymally

Honran a Mervyn Dymally, primer afroamericano en el senado estatal, nacido en Trinidad y Tobago, asambleísta, congresista y vicegobernador, y que recibe la presea orgulloso a sus 83 años.

Está aquí parte de la plana mayor política afroamericana en el estado. Desde Karen Bass, que ingresó a Community Coalition en sus albores siendo asistente médica y ahora es presidenta de la Asamblea legislativa, pasando por el asambleísta Mike Davis, Dymally y el supervisor del condado Mark Ridley Thomas, quien mira con altivez y suficiencia a los congregados.

La composición de la sala es heterogénea: por aquí, los activistas comunitarios, no sólo de “CoCo”: hay representantes de grupos como SALEF y Francisco Rivera, ex colega en La Opinión, luego integrante de un grupo de acción para los centroamericanos y hoy presidente de la junta directiva de El Rescate, una organización con raíces en la guerra civil de El Salvador; o gente como Li’l Furumoto, que organiza programas juveniles para la Asian Pacific American Legal Center en escuelas secundarias como la Adams, con una mayoritaria población latina.

Por allí, las corporaciones que apoyan a “CoCo” y que reciben el aplauso final, cuando Bass pide donaciones para completar las metas de la entidad. Hay un déficit de $25,000 dice Bass, y el representante de Kaiser Permanente anuncia que lo cubrirá todo. Gran alivio, por otra parte para los otros integrantes de empresas que habían comprado varias mesas en el hotel Biltmore Millenium del centro de Los Angeles.

Los organizadores, que toman como misión el trabajo conjunto de negros y latinos, parecería que están ofreciendo la antorcha a los hispanos. “Debemos reconocer los hechos demográficos”, dice uno, en referencia al crecimiento de la población latina.

¿A quién le están pasando la antorcha? ¿Dónde está, por ejemplo, la juventud que participó en 2006 en las marchas pro inmigrantes? ¿Dónde quedaron sus organizaciones? Todavía no han aflorado. Lamentablemente el proceso natural de su surgimiento quedó trunco por la insistencia de los líderes establecidos y veteranos -y en esa instancia, conservadores- de los latinos, que prefieron el cabildeo en Washington, almorzando con lobbyistas y asistentes de congresistas, a la acción popular.

Pero así como los ‘Walkouts’ de 1968 en las secundarias del Este de Los Angeles  crearon una generación de activistas y empresarios exitosos, llegará el momento de los nuevos líderes. Quizás eso suceda al revivirse el debate migratorio, en este momento supeditado al éxito de la reforma de salud y luego la climática-energética que nos espera el año próximo. Quizás después de las elecciones. Si no éstas, las próximas. Veremos: es otra promesa de campaña de

Karen Bass

Obama.

Uno de los posibles nuevos líderes podría ser Alberto Retama, otro de los premiados, miembro de Community Coalition y quien se va a trabajar al Departamento de Educación en Washington. Consciente de su papel, Retama sube al escenario y arenga a los presentes en pro de las reformas antes mencionadas y la responsabilidad colectiva. Un muchacho enérgico y coherente, que emerge amparado por esta organización de arraigo en el barrio y entre los afroamericanos. Muy bien. A sus arengas responden con vivas y otras, y casi parece estar en el hermoso gospel de las iglesias y el entusiasmo de antaño.

Remata la entrega de reconocimientos Danny Park de la Alianza de Trabajadores Inmigrantes de Koreatown, que lo recibe flanqueado por un grupo de percusionistas típicos de su país, tocando a más no poder en sus tambores, castañuelas, platillos y bombos, y que alude a la todavía existente percepción de hostilidad entre la comunidad coreana y los negros, fruto de los ataques a tiendas de abarrotes coreanas en barrios afroamericanos durante las protestas de 1993.

Es aquí, en el evento de Community Coalition, donde se entretejen los vínculos de una California posible, donde los grupos étnicos se fusionan para labrar, en todos los idiomas, su propio sueño americano. Me gusta.

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