Ayuda a los haitianos: una fase superior de la conciencia humana

Frente a la desgracia incalculable del pueblo haitiano, que vivía en una ignominiosa miseria décadas antes del sismo, Los Ángeles se ha estado movilizando en un esfuerzo sin precedentes, como corresponde a la magnitud del desastre.

Este despertar de la gente, ella misma azotada por las propias calamidades económicas, merece atención. La conmiseración que se despliega en todo el sur de California por el pueblo más infeliz de la tierra me hace hoy recuperar la confianza en la capacidad mágica de la solidaridad y fortalecer el orgullo por mi gente.

El terremoto arrasó Haití el martes 12 de enero. El jueves 14, la Cruz Roja local atrajo a centenares de conductores que donaron desde su automóvil dinero para Haití en el estadio Rose Bowl de Pasadena. El mismo operativo se repitió ayer en otras ciudades del área: Pasadena, Anaheim, Fontana.

Aquel mismo día, 350 enfermeras de la Asociación de Enfermeras de California se ofrecieron para viajar a Haití. La pequeña comunidad haitiana se congregó en la Iglesia San Sebastián para consolarse mutuamente, informarse sobre los desaparecidos y ayudarse. En el único restaurante típico haitiano en Los Angeles se recolectaron en pocas horas 14.000 dólares.

Un contingente de 72 especialistas del Departamento de Bomberos del condado se había desplegado poco tiempo después de la catástrofe con más de 25 toneladas de equipo médico y herramientas.

El sábado partieron a Puerto Príncipe nueve médicos y enfermeras del hospital Harbor-USC en el este de Los Ángeles en un vuelo repleto de suministros médicos.

El domingo la Cruz Roja seguía acopiando las contribuciones del público anónimo dirigidas a salvar a otros anónimos del otro lado del continente.

La organización Operation USA anunció grandes donaciones corporativas en efectivo, medicamentos, carpas y equipos de purificación de agua.

Y muchos contribuyentes donaron 10 dólares al marcar en sus celulares el 90999 y el texto “Haití”. Hasta el viernes se habían juntado de esa manera nueve millones de dólares, a un ritmo de 100.000 dólares por hora.

Ahí no podían, claro, faltar las celebridades, la crema y nata de Hollywood: Sandra Bullock contribuyó $1 millón a través de “Médicos sin Fronteras”, al igual que Brad Pitt y George Clooney que además, organizó un telemaratón en el que tomará parte también el haitiano Wyclef Jean.

Mi humilde respeto, sin embargo, va hacia aquellos que están en estos días dando lo más que pueden aunque poco tienen. Son los latinos, los inmigrantes, los trabajadores, la gente del pueblo.

Rosalba Arteaga, contaba la reportera Claudia Núñez el fin de semana, no tenía aquellos 10 dólares. En cambio, preparó diez docenas de tamales que vendió entre familiares y amigos; recolectó más de 100 dólares que “personalmente entregó en un centro de acopio… en la ciudad de Fontana”.

También supe de adolescentes que montaron operativos de limpieza de automóviles para enviar al país caribeño lo poco o mucho que pudiesen recolectar de esa manera.

Y así barrio por barrio, calle por calle. Las ganas de ayudar se convierten, usando la terminología de internet, en viral, es decir, contagiosa. Se multiplican.

Aquí uno detecta la esperanza: después de que ésto pase, ojalá que sigan ayudándose mutuamente aquí, rebuscando más recursos para compartir y contribuir, en una fase superior de la conciencia humana. Aquella que se da cuenta de las ventajas de organizarse y del inmenso poder que de esa manera se puede manifestar.

Un video de ABC: enfermeras angelinas llegan a Haiti.

1 Trackback / Pingback

  1. Bitacoras.com

Los comentarios están cerrados.