La vuelta a Manhattan en 365 días: Día 5

Esta es la parte 18 de un total de 99 partes en la serie La vuelta a Manhattan en 365 dias / Liza Rosas Bustos

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Día 5

Hilton Lights

Una tarde, al mirar un aviso de esos gigantes en una de las estaciones del metro decidí prepararme para, después de veinte buenos años, dejar de fumar. Mentira, fue en verdad porque los cigarros costaban lo que me costaba una cerveza o incluso el lunch. No podía costear la renta, los envíos de dinero por Moneygram a mi santa madre y más encima el vicio que me traje de Lima, mi país natal. Y es que la ciudad se estaba ensañando contra mí con tantos avisos y remaches en los bares. Con su famosa ley, Bloomberg había barrido con los ceniceros y no se podía fumar siquiera en los cafetines, menos en “La Escuelita” o “La Caridad”. Lo peor, cuando el cigarro y las ganas de pararme en la puerta calado por la gélida brisa me ganaban la batalla y pisoteaba el pucho en el suelo consolado por el último suspiro de mi breve y suavizante ritual, me enfrentaba a las miradas de desprecio de los peatones que probablemente recién habían abandonado el vil vicio… de esos que son los peores. Me miraban como si me hubiese tirado un pedo… lo que no era… el humo sale de mi boca mentolada… porque me cepillo la nicotina de los dientes, damn it…

“¿Cómo lo hacen los nicotine-free?” me preguntaba. “Yo no puedo con esto…no puedo más”.

Fue por aquel tiempo que vi en televisión un aviso que estratégicamente decía, “Stop Smoking, Pare de fumar”, muy parecido al aviso que aparece en el costado de una iglesia que dice “Pare de sufrir” y que me solucionó las cosas como San Lázaro. Abajo estaba el teléfono milagroso: 311. Fue así como invoqué al 311 por celular. Pulsé español y le conté mi drama de fumador empedernido sin causa a un señor que me habló con un acento de español deslavado y sin subjuntivos. El telelefonista me dio esperanzas del otro lado del auricular, anotó mi domicilio y prometió mandarme unos parches de nicotina.

Cuando recibí el flamante paquete de UPS envuelto en miles de papeles y envoltorios de burbujas me coloqué el parche apenas abrirlo, me fui al baño y seguí las instrucciones. Pensé que mi tratamiento (como sucede con los grilletes para dejar de tomar) me daría convulsiones, asco. Nada. Igual me vinieron los witdrawal symptoms y fue que compré mi cajetilla, (que conste que nada más que para probar). La resaca me duró dos días, tuve que comprarme doble ración de cigarros que se me acabaron en tres días. Tuve que dejar de almorzar el viernes para comprarme un paquete extra de lo que eran mis rutinarios Hilton Lights.

Así estaba, a punto de darme por vencido y botar el parche a la basura, hasta que me di cuenta al pasar por un Duane Read que los parches costaban tres veces lo que las cajetillas Hilton Lights.

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Entonces se me solucionaron las cosas.

Ahora me paro en las farmacias para detectar a los nerviosos transeúntes que entran a comprar sus “nicotine patches”. Les ofrezco el paquete que recibo semanalmente de la ciudad a mitad de precio y, sorpresa, los chavos me sirven para financiar mi diaria cuota de cigarretes que ahora son Marlboro Lights.

Hasta me queda vuelto para echarme una vuelta en “La Caridad” y regalarme la justa Corona con limón y sal.

A veces me cuesta trabajar de vendedor, claro. Cuesta pararse en la esquina gélida, pero me fumo un cigarro para apaciguar la ansiedad y ya. Vendo los parches y financio mi vicio con todo voy redondeando.

Mi carga me llega semanal.

Llamo de distintos teléfonos, doy distintos nombres y diferentes direcciones de amigos adonde me llegan los benditos “nicotine patchs”. Simple. Llamar, concertar, recibir, vender y ya. Para mandarle a mi familia, trabajo yo; para los vicios, pues que me alimente la ciudad.

***

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Liza Rosas Bustos

Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino, Hoy de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybridoy Conciencia. Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la Revista virtual Letralia de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas La Mujer Rotay la Revista Virtual Letrambulario además de Centro Poetico, publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II de Harlem y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.

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Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino, Hoy de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybrido y Conciencia. Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la Revista virtual Letralia de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas La Mujer Rota y la Revista Virtual Letrambulario además de Centro Poetico, publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II de Harlem y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.