Trump no es el enemigo

Uno de los principios propagandísticos de Joseph Goebbels — el comunicólogo de Adolf Hitler y el Tercer Reich– , para fomentar el nacionalismo y elevar el espíritu político de la Alemania de la posguerra, fue la creación de un “enemigo único”. Es decir, enfocar las baterías del descontento en un personaje o grupo, para que, sobre éste, se descarguen las frustraciones de la sociedad derivadas de la crisis. Creando tal culpable, se pretende que las personas evadan cuestionar las responsabilidades interiores por lo que sale mal. Se les quita el espejo y se dirige el dedo acusador hacia afuera. Y funciona.

En México, hoy pasa lo mismo. A propósito del ascenso de Trump, el Gobierno mexicano ha descargado una amplia estrategia de propaganda para que los enojos por la crisis se dirijan hacia el magnate; y que, en lo posible, el presidente Peña Nieto, su gabinete y su partido, el PRI, salgan ilesos.

Goebbels estaría orgulloso. El principio de “simplificación y del enemigo único”, encontrado en los once principios de propaganda del líder nazi, señala que se debe “individualizar al adversario en un único enemigo”. El régimen nazi lo logró culpando a los comunistas, a los homosexuales, a los africanos, a los judíos, a los gitanos, a los anarquistas y hasta los franceses, de que Alemania no despegara de la miseria de la primera guerra mundial donde, una hogaza de pan, llegaba a costar más de 3 millones de marcos.

Así, el gobierno de México se ha encargado de culpar a Trump y a la subida del dólar de prácticamente todo lo que ocurre en territorio azteca. En México enfrentamos un alza a los combustibles de más del 20 por ciento. El peso se ha devaluado frente al dólar en más de 21 por ciento, también. Esto ha provocado una crisis económica de tal magnitud que las familias han dejado de consumir regularmente productos básicos debido a la inflación de precios. Por ejemplo, el kilo de carne cuesta más de 140 pesos y ya sólo se come una vez por semana, o por quincena. Y las tortillas, en unas semanas pasaron de 12 a 16 pesos por kilo.

Pero afirma Peña que tal cosa no es culpa del mal manejo de la economía y la producción, sino… por el dólar y el “efecto Trump”. Y aprovechando la conmoción por el muro que la Casa Blanca quiere construir en la frontera, han llamado a ponerse la bandera mexicana en los perfiles de twitter y claman por la “unidad nacional”. Esto, por supuesto, es la ocasión perfecta para descalificar toda protesta anti- Peña a causa del “gasolinazo” o las violaciones a derechos humanos.

Pero toda estrategia mediática es perecedera, si no está sustentada. En el caso del gobierno de México aplica la máxima del marketing: hay algo peor que vender mal un buen producto, y es vender bien un mal producto. En ese sentido, la intención de EPN de crear en Trump al “enemigo único” de México muy pronto le saldrá mal y la realidad le cobrará factura.

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