TINTA ROJA: La Princesa del pueblo

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Esta es la parte 15 de un total de 30 partes en la serie Tinta Roja / Laura Fernandez Campillo

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Decía Winston Churchill: “Quien habla mal de mi a mis espaldas, mi culo contempla”, y a veces uno tiene que enfundarse esa capa de indiferencia para caminar por este mundo. Todos hablamos de los demás; bien, o mal, según el día. Y si no, que se lo digan a Belén Esteban. Lo cierto es que la crítica tiene algo que me pone la piel de gallina, sobre todo cuando es producto del momento, cuando hierve el rencor dentro de uno y se convierte en la burbuja que es la consecuencia del calor interno. Lo sé bien, porque la utilizo.

Dice mi suegra, -que no es Winston Churchill, pero por momentos resulta mucho más imponente en sus discursos-, que la queja es la llamada al diablo. Y de este modo, cada día que uno observa los personajes televisivos que se suceden naciendo como setas en otoño por los programas más vistos, uno puede recrearse atendiendo a los millones de quejas de los que presumen bajo cheque previo:

“Mi marido me pone los cuernos”, “Mi empleada de hogar me roba”, “Julio Iglesias me enamoró y después me dejó tirada”… etc. Tendríamos tantos ejemplos que no merece la pena describirlos; sin embargo, creo que merece la pena detenerse unos minutos a tratar de comprender por qué motivo nos importan tanto las quejas de los demás, las críticas, los insultos, y el escarnio público de otros que llenan nuestros vacíos existenciales a través de la pequeña pantalla.

En los últimos días, el tema estrella de la televisión española son los “cuernos” de Belén Esteban. Para aquellos que no la conozcan, la podríamos definir como una mujer normal y corriente, que se ha convertido en el personaje más popular de este país debido a que tuvo una hija con el torero Jesulín de Ubrique; y sus quejas contra éste la han convertido en lo que denominan “la princesa del pueblo”. Tanta ha sido su fama, que incluso un sociólogo francés y una tesis de la Universidad de Sevilla, se han decidido a analizar el fenómeno.

La cuestión es que su vida es tan pública, que en cierto modo me recuerda a la película de Jim Carrey, “El Show de Truman”. No da un paso la mujer, que más de veinte cámaras y reporteros ataviados de alcachofa, la persigan. Pero, ¿por qué motivo hemos convertido los españoles a esta señora en el principal objeto de conversación de millones de hogares? Belén Esteban no sabe cantar, ni bailar, ni es periodista, ni escritora, ni actriz… es decir, no tiene ninguna de las características por las que las personas salen en televisión. Quizás sea simplemente por eso por lo que el público la ha subido a los altares del éxito; porque posee todas las carencias que también poseen aquellos que la apoyan, y ven en ella ese reducto de posibilidad de convertirse en estrellas por el simple hecho de protestar sobre sus vidas, ante un numeroso público que te de la razón sin siquiera pensar en lo que uno está diciendo.

Y efectivamente, a los españoles nos cuesta mucho más reconocer nuestros defectos, que apoyar a aquellos que poseen los mismos defectos que nosotros. Y justificamos con sus carencias, las nuestras. Que ella sea limitada, como yo, nos elimina la limitación a ambas; piensa el pueblo, al parecer. Más sencillo es acumular el número de incultos, haciendo apología de la ignorancia, que tomarnos el esfuerzo de destruir la incultura.

Seguramente, dentro de un tiempo, los mismos que hoy la ensalzan, la lapidarán, como hemos hecho con la Pantoja, o con el profesor Neira. Cuando deje de encarnar los ideales del pueblo conformista y quejumbroso, pasará a liderar la saga de los escarnios públicos, al más puro estilo del circo romano.

Por eso, querida Belén Esteban, será mejor que te tomes unas dosis del consejo de Winston Churchill, porque cuando vengan las críticas feroces de los que hoy te adoran, tendrás que tener una buena retaguardia a la que contemplar.

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Laura Fernandez Campillo

Laura Fernández Campillo. Ávila, España, 07/10/1976. Licenciada en Economía por la Universidad de Salamanca. Combina su búsqueda literaria con el trabajo en la empresa privada y la participación en Asociaciones no lucrativas. Sus primeros poemas se publicaron en el Centro de Estudios Poéticos de Madrid en 1999. En Las Palabras Indígenas del Tao (2008) recopila su poesía más destacada, trabajo este que es continuación de Cambalache, en el que también se exponen algunos de sus relatos cortos. Su relación con la novela se inicia con Mateo, dulce compañía (2008), y más tarde en Eludimus (2009), un ensayo novelado acerca del comportamiento humano.

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4 Comments

  1. Así es Jorge, y mientras el pueblo se mueva por la emocionalidad, no lo hará por la racionalidad; de esta forma es mucho más sencillo parcializar las opiniones, modificarlas al albedrío de las ideologías. Me produce una gran tristeza pensar que las personas buscamos “pasar el tiempo”, entretenernos, como prioridad, antes que preguntarnos si nuestros pensamientos son propios o proceden de las ideas que imperan en el ambiente. De todos modos, hay un vestigio positivo en todo esto, y es que la observación le hace a uno que cada día tenga más interés por no dejarse llevar por el pastor…
    Abrazos

  2. Tiendo a pensar que se explota la emocionalidad de la gente común, aquella que más tiempo pasa frente al televisor, aquella que tiene una escasa vida propia y que mientras ve pasar la vida a través de un televisor, se entera de que hay productos que deben ser consumidos a la brevedad, pues, en teoría, le mejorarán significativamente su calidad de vida.
    En Chile, y creo que en la mayoría de los países, está pasando exactamente lo mismo. La telebasura se apoderó de los hogares.
    Un abrazo, Laura.

  3. Claro Sergio, es una sociedad basada en la inmediatez, en la consecución de todo sin esfuerzo; por eso se prefiere apoyar lo existente que cambiarlo. Lo más triste es que ni siquiera nos nace la duda de ¿qué estoy haciendo?. Es una actitud autómata, y por eso es muy peligrosa.
    Abrazos
    Laura

  4. En este pais prima la ignorancia por vagancia, solo hay que ver lo poco que se pide pàra tener la eso y aún asi les cuesta a los pobres rapaces. Antes la egb exigía mucho más, ahora nos estamos transformando en un pais de ignorantes e incultos, por eso esta señora arrabalera triunfa donde tendrían que apedrearla, no en el sentido literal , claro, y lo que me cuesta ver y creer es que tanta gentebla apoye, es penoso.

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