TINTA ROJA: ¿Gorda?

 

Un anuncio de televisión muestra a una jovencita de dieciocho años que ha esperado a hacerse mayor de edad para operarse el pecho. Nos cuenta de qué forma se sentía “distinta” a las demás chicas, nos muestra sus complejos para que la comprendamos. Ahora, gracias a los cirujanos de la denominada firma, se siente mucho mejor, le ha cambiado la vida. Y resalta: “no sólo físicamente, sino también anímicamente”.

Recuerdo cuando era una adolescente y Claudia Schieffer paseaba su palmito por las pasarelas del mundo, que yo también quería ser como ella. Por eso, el día que le pregunté a mi madre si me veía gorda, y me contestó con un sarcástico: “¡Mujer, Claudia Schieffer no eres!”, me enfadé hasta que no me quedaron lágrimas. En aquel momento, todo hay que decirlo, hubiera necesitado más una operación de cerebro que una de pecho. La cuestión es que el adolescente, con su carácter aún tierno e indefinido, toma como ideal, en la mayor parte de los casos, aquello que admira la mayoría. El adolescente está despertando sus instintos sexuales, su deseo de conquistar a otros, sus ansias de ser aceptado y atrayente para los demás. Y en esta delicada etapa llena de grietas, es donde más calado tienen las comparaciones y los complejos, y donde mejor siembran los ideales imperantes. La publicidad sabe muy bien dónde se mueve y a quién dirigirse.

Tenemos tan impreso a fuego el ideal estandarizado de “lo que deberíamos ser”, que nos olvidamos de la inmensa belleza que tiene el ser “lo que somos”. Personalmente, concibo los “estándares” como parte de una exigencia de someterse a los gustos de otros, mientras reprimimos los propios.

¿Es posible encontrar el gusto original que poseíamos antes de ser bombardeados por el gusto imperante? Me pregunto si existe alguna forma de descubrir nuevamente la belleza de la unicidad, de la originalidad, de aquella de la que nos provee la naturaleza con total generosidad. ¿Tenemos alguna oportunidad de encontrarnos de frente con lo que somos, sin esperar de nosotros ser otra cosa diferente?

 

1 Comment

  1. ¿Es posible cambiar el recipientede “lo que esperan de nosotros o lo que deberiamos ser” por ese otro más elemental de “ser nosotros” sin más?
    Sí, es posible. Sólo hay que convencerse que cada cual es una obra de arte única entre la innumerable pléyade que forma la naturaleza (lo que es cierto sin duda, porque nadie es idéntico a nadie). ¿Y el mercado no valora al máximo las obras únicas? Pues eso.

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