Tierra de terremotos

Poco después de mudarme a mi casa en el Este de Los Angeles, me dijeron que debía reforzarla para el caso de un terremoto. Esa mole construida en 1927 está asentada en  una docena de estacas de madera, que se deslizarían con el temblor, provocando el colapso de la estructura. Además, agregaron, esos desniveles en el cemento de mi vereda, esas grietas larguísimas formadas en el corredor, son todas señales de movimientos telúricos que se acumularon a lo largo de muchos años, pero que se pueden crear en un sólo instante si el sismo nos golpea.
Las grietas están en todas partes. La tierra, cuando no se mueve de golpe, se mueve lentamente en toda esta zona.
En el terremoto de Northridge de 1994 que causó 16 muertos, la casa de un familiar en esa misma área se dañó tanto que hubo que demolerla. Por la misma época el freeway 10 estuvo cerrado durante meses mientras lo reparaban.

El sur de California tiembla, muge, acumula fuerza, tensión y calor como una olla a presión.

Los centros de investigación universitarios de la zona se dedican con fervor a ahondar nuestros conocimientos. Hace mucho nos dijeron que estaban seguros de que esta ciudad sufrirá un terremoto estremecedor. Sólo que no sabían cuándo. Pero ahora saben.