La partida de Micheletti y la lucha de la Resistencia
Debemos estar alerta sobre las movidas de la misma oligarquía golpista, que seguramente buscará recomponerse para enfrentar la oposición de la resistencia.
Debemos estar alerta sobre las movidas de la misma oligarquía golpista, que seguramente buscará recomponerse para enfrentar la oposición de la resistencia.
Debemos estar alerta sobre las movidas de la misma oligarquía golpista, que seguramente buscará recomponerse para enfrentar la oposición de la resistencia.
Resulta asombroso el argumento de que había que revertir el golpe de Estado en Honduras para evitar nuevos golpes “contra la democracia”, omitiendo que nada hay más antidemocrático en las Américas que el castrismo y el chavismo que pretendía instaurar Zelaya
Muchas personas se equivocaron sin mala intención y llegaron a la determinación de que éste era un conflicto clásico que enfrentaba a las poderosas derechas oligárquicas contra las idealistas izquierdas democráticas.
Micheletti se equivocó y buena parte de la sociedad hondureña reaccionó apuntando que la limitación de los derechos individuales no debía ser un instrumento para restablecer la “normalidad política”.
La falta de interés de la mayoría de los actores internacionales por la verdadera estabilidad política hondureña, y por la consolidación de su democracia pueden impedir si no se insiste en ello que los “pactos” incluyan una reforma profunda del sistema político.
El actual presidente podría ser cómplice de un probable derrumbe de la democracia, la economía de mercado y las libertades individuales en buena parte de Latinoamérica, y de un rebrote del terrorismo internacional.
En Tegucigalpa se enterró formalmente el “acuerdo de San José” y se abrió un futuro incierto lleno de nubarrones para la nación hondureña, a pesar del moderado optimismo del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza.
Si el ex presidente no reconoce que sus errores autoritarios generaron la crisis, no entiende que debe dar la oportunidad a su pueblo a expresarse y que esta situación se debe aprovechar para modificar muchas condiciones autoritarias del sistema político, no vamos por buen camino y la crisis se seguirá extendiendo indefinidamente.
Sería una barbaridad que la comunidad internacional tratase de impedir una salida electoral a esta crisis. Por el contrario debería llegar a Honduras un ejército de observadores internacionales que cuidase la limpieza de las mismas, y se pudiera medir de una forma objetiva la correlación de fuerzas de unos y otros tras las elecciones.
Zelaya perdió esta batalla de compadrazgos característico del perverso sistema autoritario hondureño y por ello ahora critica a dos órganos que no pudo manipular: la Corte Suprema de Justicia, y el propio Tribunal Supremo Electoral que es el responsable de conducir el proceso de las próximas elecciones de noviembre.
Se ha consolidado internacionalmente la idea de que los militares tomaron el poder en Honduras y ello no es cierto. Sin embargo la insistencia de la comunidad internacional, anclada en ideas de la guerra fría y en sus propios intereses y los errores del gobierno de Micheletti pueden llevar a que los militares se crean que efectivamente son un actor determinante.
Si no se es flexible y no se ven las oportunidades de transformación, existe el riesgo de que todo siga siendo igual, con nuevos gobernantes electos en un proceso democrático (sea éste reconocido o no)
Ni el régimen salido del 28 de junio puede considerarse dictatorial, ni el anterior puede llamarse democrático. Los dos comparten las fuertes características autoritarias del sistema político tradicional hondureño.