Tijuana Blues: La niña mala de la piscina
Pronto una explosión de burbujas y espuma. Luego un rostro y un par de gigantescos ojos verdes aparecieron frente a mi, para después tomarme entre sus brazos y sacarme del agua.
Pronto una explosión de burbujas y espuma. Luego un rostro y un par de gigantescos ojos verdes aparecieron frente a mi, para después tomarme entre sus brazos y sacarme del agua.
Pronto una explosión de burbujas y espuma. Luego un rostro y un par de gigantescos ojos verdes aparecieron frente a mi, para después tomarme entre sus brazos y sacarme del agua.
La ex mujer del judicial era una mujer que se mantenía siempre muy guapa, vestía impecablemente, aunque para ser sinceros, con su cuerpo y estatura podría verse bien hasta metida en un costal de harina.
De un encuentro con dos neonazis tijuanenses en el bar Rana’s y de como la protagonista se zafó del ataque de esos enclenques vestidos de negro y tapizados de calcomanías, más aptos para la Tarjeta de El Borracho de la Lotería Mexicana
Al grito de ‘Estamos hasta la Madre’ saldrán a la calle a manifestarse contra la violencia que a la fecha ha sumado 40,000 muertos más una cantidad indeterminada de desaparecidos.
El dilema de quien ha crecido en Estados Unidos y cuyos padres han sido migrantes, es similar al del niño a quien se le pide decidir si quiere más al padre que a la madre.
Así empieza el relato: ‘Un día de esos que amanece uno bien valiente, se me ocurrió decirle a mis abuelos que el Papa era el Anticristo’. Vea adonde llega.
Se trata de actuar con la intención de hacer de nuestro mundo, es decir, de nuestro entorno inmediato, un espacio más humano, más justo y más lleno de esperanza.
La última vez que me encontré con mi padre fue en el restaurant chino del Yee (hoy Calimáx) atrás del Hipódromo, y a partir de esa imagen, como un torrente me transporté a mi niñez en Mexicali, comiendo salados chinos.
Trabajó de todo: de jornalero en la pizca de tomate, en la pizca de naranja, en la pizca de fresa; recogiendo basura, limpiando ventanas, pintando casas. Varias veces lo “agarró la migra”, pero siempre regresó “al otro lado”.
Me llama la atención que la Clinton venga a nuestro país, reconozca que estamos en una guerra y no diga ni pío acerca de las pocas probabilidades que tiene un mexicano de ser aceptado como refugiado en Estados Unidos.
¿Qué lección cree que está recibiendo una niña o niño que todos los días tiene que pasar frente a un espectacular donde el producto a vender no es un jabón, o un coche, o unos zapatos, sino una mujer?