Canciones de machos
En México el gusto hacia los narcocorridos asesta un golpe grave a nuestra sociedad; es el nuevo cáncer que enferma a tantos jóvenes y que los inicia en uno o más actos antisociales
En México el gusto hacia los narcocorridos asesta un golpe grave a nuestra sociedad; es el nuevo cáncer que enferma a tantos jóvenes y que los inicia en uno o más actos antisociales
En México el gusto hacia los narcocorridos asesta un golpe grave a nuestra sociedad; es el nuevo cáncer que enferma a tantos jóvenes y que los inicia en uno o más actos antisociales
Se trata de actuar con la intención de hacer de nuestro mundo, es decir, de nuestro entorno inmediato, un espacio más humano, más justo y más lleno de esperanza.
Pero no solo estaba en el lugar equivocado – en Watts, con una capucha negra – sino que también tenía el libro equivocado, que con letras muy grandes sobre un fondo totalmente “blanco” decía: “negro”, por el cisne.
Nada de original pero si mucho de cierto tiene la frecuentísima pregunta que hasta los recién nacidos se hacen: ¿Por qué nunca se sabe de algún capo de la droga de Estados Unidos que haya sido atrapado?
Those who defend Sánchez believe the legal campaign against him has broad social and political ramifications, and threatens to de-legitimize the social justice approach to the problem of gangs. That perception is widespread.
En una página un muchacho aspira vapores de droga de una pipa de agua. En otra, dice “Viva la UNO Ocho Gang”, la pandilla de la Calle 18, de las más violentas junto con la Mara Salvatrucha.
Ni pasó cocaina por la frontera ni tomó drogas para mejorar su juego ni violó a nadie ni conspiró para matar a su agente ni evadió el pago de impuestos ni le mordió la oreja a su rival ni metió la pelota al hoyo de golf con la mano.
El presidente Obama está dirigiendo sus esfuerzos para representar a sus opositores -incluyendo FOX, el único medio noticioso conservador de alcance nacional- como ilegítimos.
Lo más positivo de la resaca de la jornada electoral del COI en Copenhagen el 2 de octubre por la sede olímpica de 2016 fue, después de todo, que en Madrid nadie pareció sentir envidia de que los Juegos se fuesen a Río de Janeiro en Brasil. Ya era hora de que ese club de personalidades variopintas que forman el COI se diese cuenta de que Latinoamérica también existe.
El asesino abandonó el Volvo sobre la Avenida Alameda y la Calle Cuarta, en 458 S. Alameda Street y se fue a tomar cerveza. Dentro del auto estaba el cuerpo de Lily Burk, con el cráneo aplastado y la garganta degollada. Murió en espanto, dolor, el paroxismo del terror. A las cinco de la tarde, Lily estaba muerta.
En un contexto de terror y desconfianza, los operativos y despliegues espectaculares de la policía y del ejército, son el mal necesario para tratar de resguardar lo que queda de la gobernabilidad mexicana.
En un cartel de propaganda decía: “Honduras no tendrá gasolina pero tiene huevos”. Ni huevos tendrán si es que no se ponen a trabajar y a reconstruir el país.
¿Lo asesinaron entonces? Su padre que abusó de él desde pequeño. El mismo, abusando de otros niños. Las decenas de personas que lo rodeaban y vivían de su gracia. Los médicos a sueldo. Las drogas. O quizás fue alguien más. Quizás el juicio que ganó en 2005 por abuso sexual de mi vecino Gavin Arvizo no haya sido el último.