Sotomayor, jueza conservadora

¿Qué dijo?

Pasé horas mirando las audiencias de confirmación, en el comité de Justicia del Senado federal, de Sonia Sotomayor, quien está a punto de convertirse en la primer persona latina en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos.

Creo que presté atención, por lo menos durante un par de horas en que proporcioné comentario a las transmisiones que en vivo y por internet hizo la empresa Impremedia.

No puedo rescatar, de cuatro días de preguntas y respuestas, practicamente un solo comentario por parte de la jueza que, con coherencia, explique su trayectoria, su ideario, su filosofía social.

Fue todo una maraña de palabras claves, de juego de escondidas. Montañas de palabras destinadas a una sola cosa: no decir nada, no tropezar, no alienar a nadie, congraciarse con la minoría republicana.

Por su parte, los senadores preguntones, aquellos que ¡a la voz de aura! habían declarado que la iban a desenmascarar como liberal, radical, revolucionaria, racista anti blanca, ellos hicieron lo mismo.

Hablar por hablar y no decir nada. Salvo para sus propios simpatizantes, sus propios estados.

Hay situaciones cómicas en donde alguien espeta un epíteto, grita un insulto, dice una verdad y luego se da vuelta, mira la cámara, guiña un ojo y como dice: ¿eh? ¿le estoy mostrando, no?

En estas audiencias, la cara de los senadores solamente miraba la cámara y un ojo estaba constantemente guiñando. Nunca hubo diálogo, conversación.

Quizás no era necesario.

Típicamente, como en los casos de John Roberts, Samuel Alito y éste, los candidatos a “Associate Justice” o a “Chief Justice” como el primero dan vueltas y vueltas a las palabras, hablan rápido o despacio (Sotomayor: muy muy despacio) como para ganar tiempo o marear al otro o hacerle perder la ilación. A los demócratas que eran minoría en su momento, ni Roberts ni Alito quisieron revelar sus posturas en los temas característicos de la guerra cultural estadounidense: el derecho de la mujer al aborto (ambos se oponen); la autonomía de los estados con respecto al gobierno federal; los monopolios; el derecho de los individuos a portar armas (lo apoyan); quizás, el derecho de los homosexuales a contraer matrimonio (lo mismo), etc. Etc.

Pero nunca dieron la impresión que en lugar de ser lo que son –conservadores de derecha- son otra cosa. Por ejemplo, liberales o radicales o el término medio o mainstream estadounidense.

Ahora, Sotomayor.

Es cierto: los republicanos repitieron hasta el hartazgo las mismas preguntas, hasta con las mismas palabras, y hasta avergonzados de hacerlo, guiñando el famoso ojo a la cámara con sus palabras claves cargadas de opiniones: usted, jueza ¿es una mujer temperamental? ¿eh? ¿histérica quizás? Usted al hablar de las ventajas de ser una mujer latina inteligente, ¿no es cierto que desprecia al hombre, al blanco, al hombre blanco? ¿Confiesa que es una racista al revés?

Para ellos, sigue la campaña electoral. No pueden detenerla, porque si dejan de correr, se caen.

Lindsey Graham de South Carolina le pregunta si tiene un problema de temperamento.

John Kyl de Arizona insiste de 10 maneras en si ella halla una base legal en todas sus decisiones o da lugar a sus “sentimientos”.

La trataban de provocar. Para que salga el indio, el salvaje.

Cuando dicen “tus sentimientos” se van a interponer al cumplimiento de la ley, quieren decir “tus sentimientos como mujer y como latina”, se van a interponer a la ley blanca y masculina.

Porque una cosa en especial no quieren: el cambio.

Es cierto entonces: una y otra vez, dale y dale, aquí está la Constitución, aquí están los precedentes posteriores, ¿qué le gusta más, jueza? ¿Es o no sagrada la Constitución?

Todo es cierto: tiraron al aire trampas, no para que Sotomayor caiga en ellas, sino para que sus entusiastas sepan que tiraron trampas al aire.

Igual, Sotomayor cayó en ellas. Y dio respuestas. Y las respuestas fueron como el maná para los republicanos. Sí, mi función es hacer lo que quiere el Congreso (lo dijo así). Sí, mis simpatías, opiniones, mi pasado, mi familia puertorriqueña aquí presente, el español, la gente pobre, las minorías, los inmigrantes… nada hará mella en mis decisiones. Yo, solamente aplicaré la ley que ustedes legislen. Al pie de la letra, claro.

Después de cuatro días de repetirlo, le creo.

Claro que si es así, ¿para qué necesitamos jueces “calificados”, aunque sean “latinas inteligentes”? Si es así, alcanza con un robot, un programa de computadora que define a qué ley pertenece este caso y automáticamente decida.

Porque la verdad es que los jueces deciden de acuerdo con los ideales que traen. Con las organizaciones que frecuentan. Con la ideología que han formado. Según lo que les dicen quienes los forman o influyen o reforman. En casos, deciden de acuerdo a quien los nombró o con qué partido político se identifican. Por ejemplo, las elecciones del 2000: cinco jueces de los nueve del tribunal supremo  le dieron la presidencia a George W. Bush haciendo un monigote de interpretación leguleya tan aventurada que ellos mismos pidieron que jamás se repita, o sea, que no se convirtiese en precedente.

Por eso los tribunales supremos de Estados Unidos han cambiado, mediante su interpretación de la ley, la realidad en el país. El fin de la segregación racial, para dar un “pequeño” caso. En escuelas, en el trabajo, en el derecho al voto.

Yo lo sé, usted lo sabe, Sotomayor y sus inquisidores lo saben, lo sabe la maquilladora del senador Linsday Graham y el fotógrafo chino que se pasó cuatro días sentado en el breve espacio entre los miembros del Comité de Justicia y el grupo de Sotomayor.

Ah, y ¿se dieron cuenta? Allí en lo alto, de los 21 senadores, 19 eran hombres y 2 mujeres, y todos blancos, como blancos eran sus asesores. Allí en lo bajo, con Sotomayor estaba su familia morena, asesores afroamericanos y algunos blancos. América del ayer mira al América del mañana, y tiembla.

Digo todo esto después de leere una breve observación de Roberto Lovato en la nota que hoy publicó hispanicLA: Sotomayor, una juez federal por 17 años, antes fue fiscal (prosecutor) y abogada corporativa.

Con Sotomayor en el juzgado, Obama cumplió, mató dos pájaros de un tiro, pone (el martes es la votación) al primer latino y a la tercera mujer en el supremo tribunal.

Al parecer, también pone a una conservadora. Quizás me equivoce.

10 Comments

  1. De acuerdo estoy en que dada la trayectoria del editor y el objetivo de este sitio, “reacciones” como la de EEM no caben aquí. Este lugar se creó para aportar, no para ‘reaccionar’. Lo dicho: por eso nos juzgan como nos juzgan.
    El comentario inicial de EEM al que considero más que fácil y superficial; un ataque personal al editor, una aseveración ‘incendiaria’ y una acusación grave.
    Cuando EEM dice que aquí se promueve el odio a lo ‘femenino’ (¡Dios, que concepto tan trillado!) da lugar a la limitación del libre análisis de temas de por si controversiales, devalúa y desvirtúa el contenido e intención real de lo que aquí se publica, e incita a ataques similares.
    Existen muchos blogs donde bajo cualquier pseudónimo, el ataque personal es permitido; repito, hispanicLA no es el caso. Gabriel, no deben ser tolerados. hLA es un sitio para discusión de otra naturaleza y nivel. ¡Bienvenidos los comentarios que arrojen luz al entendimiento!
    Me reservo en el futuro el derecho de réplica. No descenderé a otra “reacción” de EEM. Como sea, le deseo buena suerte.

  2. Dice Aurelia Fierros: “Asumo (detesto asumir, pero bueno en este caso si ‘ asumo’) que Eleven European Mystics es mujer. Y si estoy en lo cierto, me da pena, porque opiniones tan “a priori ” como la suya, es lo que hace que las mujeres –en general- seamos juzgadas como carentes de inteligencia suficiente para hacer un análisis más allá de lo obvio”.
    Proponer que mi vision justifique que las mujeres ‘seamos juzgadas como carentes de inteligencia ‘ es de una agresion casi patologica, al menos en el sentido en que coloca todo el sintoma femenino en la persona de ‘la otra’.
    Concluyo: no tengo dialogo alguno con AF, pero peor aun, deduzco que HispanicLA no es el espacio que me interese, dado que su moderador se muestra abierto a publicar reacciones que descalifican a otras reacciones. Adieu…

  3. Mm…Si, es divertido que todo sea tan mal interpretado. Se puede seguir y observar lo que hace Obama o lo que haga Sotomayor, pero al releer todo aquello de lo que se me tilda en las reacciones de los lectores (una) y uno, el escritor del artículo, se me ocurre que la falta de comprensión no proviene de mí. Darle fuerza, casi a ciegas, a tientas, a un individuo cuyo nombramiento es en sí mismo portador de un mensaje no implica no mantener una crítica corriente y completa de su política y de sus actos. Significa, no obstante, no tirarsele encima con todo el furor y toda la ira.
    Y si, soy una mujer, muy blanca, de ojos celestes grisaceos y tambien a mi, en mas de una circunstancia ejecutiva muy seria me fueron presentadas preguntas acerca de cosas irrelevantes. So what?
    El odio al que me referia no es directo – para quienes no lo entienden – sino el odio de los marginales a quienes logran destacarse a pesar de llegar de sus mismos origenes.

  4. Gabriel,
    Puedo estar en total desacuerdo con tu percepción de Sotomayor como “conservadora” pero yo no encuentro “resentimiento” u “odio” por ningún lado en tu artículo. El debate aquí es sobre la identidad política e ideológica de la jueza…hasta ahí. Un tema periodístico, punto. Claro, siempre hay quien lee más de lo que hay en un escrito, según las tendencias propias.
    Es muy común utilizar el juicio fácil que recurre a la explotación de un estigma social para mostrarse ‘beligerante’, como lo hace Eleven European Mystics. Es como si a mí me acusan de repudiar a Obama porque es negro, en un intento por anular mis argumentos. La realidad es que celebro el significado histórico de su arribo a la Casa Blanca, pero eso no me nubla la razón para reconocer que difiero absolutamente de su plan económico y en general de su ideología. Eso no es odio.
    Quien así lo mencione, está desvirtuando la connotación del tema.
    Asumo (detesto asumir, pero bueno en este caso si ‘ asumo’) que Eleven European Mystics es mujer. Y si estoy en lo cierto, me da pena, porque opiniones tan “a priori ” como la suya, es lo que hace que las mujeres –en general- seamos juzgadas como carentes de inteligencia suficiente para hacer un análisis más allá de lo obvio. Esa percepción me molesta sobremanera, pero no puedo negar que hay quienes así se prueban.
    Vi la vehemencia periodística con la que promoviste en Impremedia el tema (el video). ¿Cómo puede esa acción no tener un auténtico interés meramente periodístico y totalmente ajeno al odio?
    Pues resulta que no; no basta como dice Eleven European Mystics con que Sotomayor sea “Mujer, latina, estadounidense y legalista”. No basta. Tendrá igual que mostrar su rectitud y mucho más. Quienes encontramos un tema con tela “periodística” lo estaremos supervisando, analizando y reportando; y en este caso, aun cuando se hubiese nominado a un hombre o a una mujer de ascendencia china. Y no; no es odio.

  5. Pues quedamos, los dos, Eleven European Mystics (¿dónde están los otros 25?), y yo, como el burro de Bilam.
    Yo al revés: me encontré bendiciendo y se escuchó que maldecía. Al menos ella lo oyó así. Quizás debía partir aclarando que me sigue emocionando la elección de Obama, un negro, a la presidencia de Estados Unidos. Que aplaudo la selección de una mujer, la tercera en la historia de la Suprema Corte, y una persona latina, la primera no blanca con excepción de dos negros, al tribunal superior.
    Aclararé también que Sotomayor no será en ningún caso una repetición de la catástrofe llamada Clarence Thomas. Recordemos que Bush padre lo propuso para verguenza y oposicion de todas las organizaciones de los afroamericanos, como candidato, y que él llamó esa oposición y la de la jurista Anita Hill quien le acusó de abusarla sexualmente como “linchamiento”, con la clara intención de intimidar a los críticos y compararlos con las peores prácticas racistas.
    Thomas es en este momento a. el único juez que jamás hace preguntas durante los testimonios y b. absolutamente y sin saberse por qué, el más conservador. Por ejemplo, el mes pasado fue el único de los nueve en votar por abolir la ley de derechos civiles.

    El articulo fue una llamada de atención para decir que además de mujer (bravo) y latina (bravo, bravo), lo que ella dijo sobre la manera que va a votar una vez confirmada no es lo que las mujeres (bravo) latinas (bravo) piensan.
    Finalmente, si bien soy un hombre blanco, cuando abro la boca otros hombres blancos no lo ven así. De paso, muchos latinos que me leen y me oyen latino cuando me ven la cara tampoco creen que soy latino cuando me ven. ¿Y qué tiene que ver con lo que digo?
    Ah, y también Eleven European Mystics fue como el burro de Bilam: comenzó regañando y criticando, pero me hizo muy feliz que escribiera.

  6. El odio a lo femenino es tan grande cuando una mujer logra ponerse al frente. Hay mucho resentimiento en este artículo. Sorry….

  7. Pero, si bien entiendo, también Gabriel Lerner, autor de la nota, es hombre y es blanco. Qué tanto criticar a Sotomayor, si de hecho el logro maravilloso es que ella esté ahí. Aquellos que desean que ella no sea parte del sistema o que con su propia persona represente un cambio son idólatras de lo marginal. Mujer, latina, estadounidense y legalista. Eso es todo. Eso es mucho. No hace falta nada más.

  8. Aurelia, aqui hay algunos ejemplos de jurisprudencia de la jueza Sotomayor durante su paso por los tribunales federales:
    Sin orden de importancia y sin negar que hay decisiones en otro sentido:
    • Sotomayor rechazó el reclamo de un grupo pro aborto contra la política del ex presidente Bush de prohibir a organizaciones extranjeras que reciben dinero del gobierno estadounidense apoyar o realizar abortos.
    • Un grupo de periodistas freelance demandaron al New York Times por haber incluido sus obras en una base de datos (Lexis Nexis) sin su consentimiento. Sotomayor rechazó la demanda diciendo que la empresa tenía derechoa a licenciar la obra de los periodistas.
    • Rechazó el reclamo de una mujer negra inválida que alegaba que su empleador no le había dado el mismo tipo de facilidades para su trabajo que a sus compañeros blancos.
    • Aceptó como evidencia cocaína encontraba por policías que ejecutaban una orden judicial, aunque esa orden venció 17 meses antes. La evidencia tenía que haber sido, por ley, borrada de la base de datos policial, pero no lo fue.
    • En el caso de un sacerdote obligado a jubilarse a los 70 años y que reclamó discriminación por edad, lo rechazó diciendo que la ley no aplica a demandas contra instituciones religiosas por sus líderes.

    • Gabriel, gracias por la ilustración. De acuerdo en tu punto. Solo trato de establecer que en efecto, -como bien dices-, si hay “decisiones en otro sentido”, que vienen a colocarle en un ‘mainstream’.
      Siempre un placer intercambiar ideas contigo.

  9. ¿Conservadora? mmmmmm…esa afirmación dependerá del punto del espectro político desde donde se le esté evaluando. Como alude el autor al final del artículo, existe la incertidumbre. De hecho no hay registro o evidencia contundente de que Sotomayor sea en efecto del ala conservadora, y si lo es, ¿en qué grado lo es? Mientras nosotros nos preguntamos, existen a la vez grupos que incluso le acusan de lo contrario. Se le ha considerado conservadora tal vez por mera definición, ya que se ha dicho que pertenece al rito Romano de la Iglesia Católica. Curiosamente, en asuntos que van más allá del conservadorismo partidario y más precisamente a un principio teológico como le correspondería -según esta acepción- al tema del aborto; durante su comparecencia Sotomayor nunca tomó una posición definida. Pero igual vimos que tampoco tomó partido en otros temas cruciales para los conservadores, como lo es el derecho de portar armas, por mencionar alguno. Sotomayor decidió quedarse en la ambigüedad. Simplemente no contestó en los temas que polarizan a la izquierda y a la derecha del país.

    Fue cautelosa en sus palabras y extremadamente pausada en el ritmo de sus respuestas, lució bien al contestar preguntas no comprometedoras sobre litigios, mientras que en las cruciales para clarificar sus controversias del pasado, fue evasiva al principio pero no le quedó más remedio que contestar al final. Tomó ese riesgo sabiendo que los republicanos la acosarían y la acusarían. Y lo hicieron. La crítica le incrimina con escepticismo de un cambio en el tono y en la substancia de su discurso, porque dicen ‘no es genuino’. Lo dicen así al comparar a una Sotomayor que declaraba en el 2001 sobre las capacidades de ‘una mujer latina sabia’ y en el 2005, sobre los atributos jurisdiccionales de la Corte de Apelaciones; enfrentándola ahora a una Sotomayor que al ser atacada, se ha retractado y ha dicho estar ‘arrepentida’ de haber enunciado dichas definiciones, especialmente aclaró, por la “interpretación aislada” de la que han sido objeto.

    A lo anterior, los demócratas y simpatizantes alegan que el historial de Sotomayor habla por sí mismo y que esa es la mejor evidencia de su ‘imparcialidad’. Tanto así que uno de sus defensores, Charles Schumer, senador de Nueva York, la escudó argumentando que sus fallos, siempre se han mantenido dentro del rango tradicional de la jurisprudencia. Y en eso coinciden otros.

    Pero el común denominador en la percepción tanto de sus opositores como sus defensores es que, la postulación de la “latina sabia” sobrevivirá al escrutinio y será confirmada, pues Sotomayor logró ‘verse’ competente, aunque no necesariamente ‘brillante’. Claro, sin mencionar que tiene la ‘bendición’ de Obama.

    Así las cosas, parece que Sotomayor materializará el “sueño americano” y el país no tendrá otra opción que esperar a que sus tendencias para “aplicar la ley” salgan a la luz con su función a través de los años, pues coincido con el autor cuando dice que “no puedo rescatar, de cuatro días de preguntas y respuestas, prácticamente un solo comentario por parte de la jueza que, con coherencia, explique su trayectoria, su ideario, su filosofía social”.

    Pero bueno, ese es el tono que utilizan los abogados, oficiales públicos y los políticos cautelosos; porque más que nadie, ellos saben que “todo lo que digan puede ser utilizado en su contra”… aunque hace unos 8 años, a Sotomayor se le había olvidado dicha premisa.

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