Otra vez hasta la madre
El dolor de un padre presentado en horario triple A ha logrado derramar un vaso que parecía no tener fondo, y la sociedad vuelve a reaccionar.
El dolor de un padre presentado en horario triple A ha logrado derramar un vaso que parecía no tener fondo, y la sociedad vuelve a reaccionar.
El dolor de un padre presentado en horario triple A ha logrado derramar un vaso que parecía no tener fondo, y la sociedad vuelve a reaccionar.
Nadie ha sugerido la necesidad de modificar el control que el gobierno mexicano ejerce sobre la difusión de la creación artística y la propiedad intelectual, para dar paso a un sistema de regulación creado por la propia sociedad
Carmen Aristegui no hizo ninguna afirmación. La periodista hizo una pregunta como es la obligación de su oficio, y en todo caso el aludido está en libertad de responder, o no. Las preguntas pueden resultar incómodas, pero desde mi punto de vista, quien cuestiona a un funcionario público en interés del pueblo al que ese funcionario representa, no ofende.
Como nunca, en mi país la Cuesta Reyes Guadalupe se ve venir empinada y difícil. Una vez más, quienes viven en México serán puestos a prueba y tendrán que demostrar de qué están hechos, de frente a la impunidad, a la injusticia y a la sordera.
Resulta que la semana pasada me lastimé la mano derecha. Todavía no tengo idea de cómo fue; entre las hipótesis figuran el uso de la bicicleta y la forma en la que agarro las pinzas de arreglar el jardín
He encontrado libros que tratan de explicar el caló chilango como si éste obedeciera a una regla. La verdad es que sólo viviendo en la hermosa Ciudad de México y hablándolo a diario, uno puede entender la lógica tácita de la transformación del lenguaje para imprimirle nuestra huella cultural.
Presenciar el viaje de un mexicano que vuela por primera vez, o que es el primer integrante de la familia que va a subir a un avión, resulta un espectáculo que difícilmente se olvida.
Hace dos noches pusimos nuestra ofrenda. Sacamos dos de las mantas más bonitas que tenemos, una blanca y una azul turquesa, y las pusimos sobre la mesa. Cortamos cempasúchiles de nuestro jardín y los pusimos en un florerito al centro.
Cuando llegué a vivir a Los Ángeles, hace seis años, una de mis principales preocupaciones fue encontrar un lugar donde pudiera comprar los ingredientes para poder guisar como a mí me gusta.
Quienes nacimos en México, o quienes fuimos criados en el seno de la Gran Familia Mexicana (así, con mayúsculas), sabemos de ese orgullo que da el ser parte de la patria, sobre todo en el caso de aquellos que vivimos fuera de nuestro país.