Salvadoreños cuestionan a Obama en el aniversario de la muerte de Romero

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SAN SALVADOR – Después de pasar los tanques, soldados armados con M-16 y francotiradores entrenados por Estados Unidos alineando la Avenida España, el presidente Obama fue recibido por la tenue sonrisa del Arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas. Alas actuó como la guía principal del presidente a su destino final en la célebre Catedral Metropolitana: la tumba del santo patrono de El Salvador de la paz, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado el 24 de marzo 1980.

Como para no hablar de lo diplomáticamente difícil acerca de cómo la catedral fue uno de los centros principales de la protesta Católica y revolucionaria contra una serie de gobiernos apoyados por Estados Unidos, Alas le dio a Obama una copia de la biografía “Oscar A. Romero”. El autor del libro, Monseñor Jesús Delgado, afirma en nombre de la iglesia saber quienes fueron “los asesinos intelectuales y los que apretaron el gatillo” en el asesinato de Romero. Alas pasó a entretener a Obama y su invitado, el presidente salvadoreño, Mauricio Funes, con historias acerca de los detalles arquitectónicos y artísticos de la catedral.

Entre el arte que rodea a Obama y su séquito en el nivel más bajo de la catedral donde descansa Romero está uno de los 15 cuadros que componen la Vía Crucis, el camino seguido por Cristo en la Pasión, por el artista salvadoreño Luis Lazo. La obra de pintura acrílica, de 6 pies por 4 pies, cuenta con un musculoso, sentado Poncio Pilato, con una mirada arrogante en su rostro mientras se prepara para condenar a la muerte el estoico y silencioso  Cristo. Lazo donó la serie porque, le dijo a un periódico local, quería “santificar el lugar e invitar a los salvadoreños a la oración y la redención”, ofrecida por la tradición del Vía Crucis.

En este sentido, la pintura de Lazo es un símbolo de las preguntas formuladas por millones de salvadoreños: ¿Obama reconocerá – y se disculpará – por el papel de su país en la formación, financiamiento y respaldo político de los gobiernos salvadoreños responsables  de la muerte de Romero y más de 80.000, salvadoreños menos conocidos? ¿Seguirá los pasos del presidente salvadoreño Funes, quien mencionó a Romero, mientras iniciaba un proceso de perdón formal después de ser elegido, como Obama, hace dos años?

En el trigésimo primero aniversario del asesinato de Romero por agentes paramilitares,  escuadrones de la muerte entrenados por Estados Unidos, los salvadoreños quieren saber si Obama hará su parte para acabar con el espíritu de la impunidad que muchos de aquí sienten que está en el corazón de la brutalidad generalizada que hace su país uno de los más violentos del mundo.

“Monseñor Romero es el símbolo máximo de la impunidad en El Salvador”, dijo Ricardo Vaquerano, redactor jefe del popular periódico en línea El Faro. “La visita de Obama (a la tumba de Romero) es un símbolo importante porque crea espacios y tal vez envía el mensaje de que Estados Unidos cree que la justicia sea posible en El Salvador”, dijo, y agregó, “pero los símbolos no son suficientes.” Vaquerano se preocupa que los más de $200 millones en entrenamiento militar y equipo que Obama anunció esta semana sólo añada  más leña al fuego violento que es la vida cotidiana en El Salvador.

Para Vaquerano, como para muchos salvadoreños, El Salvador no superará esta violenta paz postguerra hasta que rompa la larga línea de tiempo de la impunidad, que se extiende desde el reclutamiento a los 10 años de edad de la Mara Salvatrucha, o la Calle 18, miembros de pandillas en los barrios de chabolas de Apopa, a los líderes empresariales y militares salvadoreños de quienes se sospecha que planearon el asesinato de Romero y miles de personas en la privacidad de sus mansiones en el exclusivo barrio de Escalón.

Mirando hacia abajo al Escalón desde una parte beatífica de las colinas del norte de Santa Tecla llenas de basura, Madre Luz Isabel Cuevas, de 88 años de edad,  simplemente llamada  “Madre Luz” aprecia la visita de Obama a la tumba de Romero. “Obama nos ofreció un buen gesto”, dijo Cuevas, a quien no le escapa la ironía de ver a muchos militares vigilando la tumba de Monseñor. “Monseñor, probablemente se estaría riendo ahora mismo.”

Si alguien en la Tierra de el Salvador sabe como Romero podría haber respondido a la visita de Obama, es Cuevas. Ella es el último testigo con vida del asesinato de Romero. El era  su compañero de casa por mucho tiempo, su amigo y ” santo”. Desde la silla de ruedas que utiliza para recorrer el Hogar de Niños de la Providencia Divina, Cuevas dice que Romero habría “exhortado a Obama a amar, a ser un coredentor con Cristo, para ayudar a los pobres”.

Cuevas  contrasta el amor de Romero y el enfoque de la redención con el enfoque militar favorecido por quienes le quitaron la vida. “Monseñor Romero nunca estaría de acuerdo con el envío de más militares, más armamento a El Salvador. Le diría a él (Obama) que, si quiere ayudar a El Salvador, que debería traer tortillas para mitigar el hambre y trabajo  para todos aquellos que lo necesitan”, dijo Cuevas.

Lo más importante, dijo Cuevas, Romero le pediría a Obama ayudar a poner fin a la impunidad en la parte superior de la escala social salvadoreña.

“Hasta que no haya una justicia que incluya a los autores intelectuales y materiales de su asesinato y otros”, dijo, “no habrá justicia para nadie.”

Este informe se hizo posible gracias al apoyo de el Centro Pulitzer sobre Informes de Crisis.


 

Roberto Lovato

Roberto Lovato is a contributing Associate Editor with New America
Media. He is also a frequent contributor to The Nation and the
Huffington Post and his work has appeared in the Los Angeles Times,
the San Francisco Chronicle, Salon, Der Spiegel, Utne Magazine, La
Opinion, and other national and international media outlets. Roberto
has also appeared as a source and commentator in the New York Times, the Washington Post and Le Monde and in English and Spanish language network news shows on Univision, CNN, Democracy Now and Al-Jazeera.
Lovato was also featured on PBS, where he made a recent appearance on Bill Moyers Journal and was featured in an hour-long PBS documentary,‘Latinos 08’
Prior to becoming a writer, Roberto was the Executive Director of the
Central American Resource Center (CARECEN), then the country's largest immigrant rights organization.

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