Por qué me hice periodista

Muchos piensan que ser periodista es algo así como un privilegio. Sin duda hubo (y hay) periodistas destacados pero, al igual que en todas las disciplinas, esto significa que al mismo tiempo hubo (y hay) muchos que no lo son.

Y en realidad, no tienen porqué ser “destacados”. No es una obligación, es una profesión.

Pero también es una pasión: se es periodista porque se siente, como ser médico o zapatero. Cuando una persona siente que quiere ser esto o aquello, ¿por qué no buscar llegar a ser eso que uno sueña?

Aunque en realidad yo no soñaba ser periodista, me hice periodista.

Vamos por pasos: cuando uno va creciendo sueña con ser muchas cosas diferentes, ¿no? ¿Quién no quiso ser policía o bombero? Me refiero, claro, a los niños.

Porque mientras crecemos nos van inculcando valores sociales: los niños juegan con carritos, las niñas con muñecas.

Y además nos meten la religión cuando no tenemos la capacidad de decidir cuál nos gusta o cuál se adapta a nuestros intereses morales y éticos. Nos van moldeando para ser “buenos”, para mantener el orden establecido.

Pero alguien rompe este ciclo. Ocurre en muchas familias. Yo fui uno de esos niños que un día se dijo “y yo, ¿qué hago aquí?”. Fue en la iglesia, claro, donde mi madre me mandaba cada domingo. La pobre de mi madre casi se desmaya. Pero no volví a la iglesia. Bueno, miento: regresé un tiempo después cuando, ya adolescente, ese era el único lugar donde podíamos encontrarnos con las muchachas que nos gustaban.

Pero hasta ahí.

Nunca me interesó la religión institucionalizada, burocratizada: es fuente de poder y control en base al sentimiento de la gente.

¿Por qué reaccioné así a mi edad? No lo sé. No fue un sentimiento racional sino emocional, intuitivo. Me dió la impresión de que alguien estaba diciéndome qué hacer y qué sentir.

El tiempo trajo otras cosas, como comprender más el papel de las religiones en las guerras y los abusos de las sociedades y en el apoyo y servicio a favor de los poderosos en detrimento de los sometidos.

Después de la escuela preparatoria, ingresé a la universidad. Fiel a mis intereses sociales, estudié cinematografía en la Universidad de La Plata.

¿Cine? ¿Y qué tiene que ver con el periodismo?

Mucho: en el cine, como en parte del periodismo, se cuenta una historia.

Claro que también la suerte, o los accidentes de la vida, juegan su papel a la hora de decidir una profesión.

Pero lo cierto es que ese espíritu de crítica, de rebeldía, que un día me llevó a dejar la tradición de ir a la iglesia cada domingo, también me llevó a elegir o mantenerme en una profesión que también tiene un espíritu rebelde y de crítica.

Ha sido —y es— un camino difícil, de mucho trabajo y bajos salarios. Pero sigo porque me gusta. Y porque estoy convencido de que por este medio puedo mantener ese espíritu de crítica tan necesario en nuestra sociedad.

Pero en cuanto a lo demás… bueno, eso lo iré contando de a poco. ¿Me acompañan?

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