Mujeres en la Militancia: el caso de Nicaragua

Desde la Revolución Francesa, todos y cada uno de los movimientos revolucionarios, han coqueteado con la idea de la liberación femenina, ofreciendo dentro de sus programas empáticos discursos sobre la sumisión de la mujer por el régimen en cuestión, y en ocasiones planteando detalladamente, lo que según la época, podría ser reivindicado por la mujer: derecho al voto, salario equivalente al trabajo desempeñado, derecho a abortar, posesión de propiedades, liberación del abuso y la violencia por parte de sus maridos y padres, prohibición de esclavitud, equidad en representación, acceso a educación, entre otros.

Los movimientos revolucionarios que se atribuían la representación de los pobres, los marginados, los oprimidos por el sistema, añoraban una coalición de trabajadores, campesinos, intelectuales y mujeres. Igualmente, mujeres de todas las clases sociales se unieron a estas organizaciones, atraídas por la promesa de un mundo mejor. Aún el peligro de ser descubiertas y pagar con maltrato y marginación de su grupo social al que estaban expuestas, jamás las detuvo pues su atracción hacia la idea de la igualdad era mucho más fuerte.

Pero, ¿acaso estas mujeres formaban parte del liderazgo dentro de las organizaciones revolucionarias? ¿Qué trato recibían dentro de estos grupos? ¿Estaban — están — libres de conductas sexistas, acoso sexual, y denigración por parte de sus compañeros?

¿Cuál fue la actitud de militantes varones hacia las militantes detrás de la careta de solidaridad y admiración mostrada en público?

Un sinnúmero de fuentes llevan a la conclusión de que en la mayor parte de los casos, muy pocas mujeres se elevaron a rangos de liderazgo, e incluso aquellas que fungieron como líderes, recibieron un trato desigual por parte de sus propios compañeros.

Haynotables excepciones, como la de Gladys Marin, que hasta su reciente muerte fungió como Secretaria General del Partido Comunista en Chile. La Cuba de Fidel Castro fue considerada un oasis para las mujeres militantes, un lugar donde la mujer adquiría verdadera equidad y era representada en igual (o mayor) numero de posiciones dentro del gobierno. Sin embargo, en la práctica la única mujer con poder real fue Vilma Espin, quien desde 1960 ha sido la Presidente de la Federación de Mujeres Cubanas. Aunque crea suspicacias el hecho de que obtuviese la posición siendo esposa de Raúl Castro, en ese entonces número dos de su hermano Fidel Castro y Ministro de Defensa.[1]

Desde finales de los 30’s, los regimenes soviéticos relegaron a las mujeres como miembros de segunda clase en el Parlamento, Ministerios de Cultura o Presidentas de la Liga Nacional de Mujeres. Respecto a su representación parlamentaria, todos adoptaron la práctica de los partidos de Occidente, donde elegantemente ciertas posiciones se blindaban para las mujeres en las listas electorales. Una excepción más: Rosa Luxemburgo, líder revolucionaria de la Liga Espartaco, quien sin embargo tuvo que confrontar a otros lideres social-demócratas por ser mujer, judía, polaca y discapacitada.

Desde entonces, la idea de los Derechos de la Mujer ha sido aceptada, incluso como parte de la política oficial en un sinnúmero de países y organizaciones. Pero ¿se ha dado el cambio dentro del movimiento militante que busca el poder? Uno de los movimientos revolucionarios mejor documentados, junto con el de El Salvador, es el de Nicaragua. El Movimiento Sandinista de Liberación Nacional (MSLN) es uno de los que cuentan con mayor participación femenina y tras décadas de lucha en 1979 logran expulsar del país al dictador Anastasio Somoza. Contrariamente a otras organizaciones donde las mujeres no podían aspirar a un rango mayor que el de mensajero, en Nicaragua incluso fueron combatientes. Con la guerrilla operando en condiciones extremas desde las montañas, aparentemente no daba mucho margen para la existencia de conflictos sexuales. La combatiente Ana Julia Guido, de origen campesino, fue entrevistada en 1980 por Margaret Randall, y reconoce que:

“Las cosas que dice la gente cuando se imagina a hombres y mujeres juntos en la guerrilla, son mentira. Nuestros compañeros jamás nos faltaron al respecto. Al contrario, había una increíble solidaridad”.[2]

Marlene Chavarría Ruis, mejor conocida con el nombre de Guerra Yaosca, confirma lo anterior al comentar que …..”algunos decían que me malcriaban (en la Montaña) porque era la única mujer, pero eso no es cierto. Siempre me trataron como a los demás.”[3] En otra entrevista el Director de la Nueva Escuela Militar bajo los Sandinistas, expresa su esperanza de que en el futuro las mujeres sean entrenadas junto a los hombres. Hay nuevos camaradas que nunca han peleado junto a ellas, y  “siguen viéndolas como mujeres”.[4]

Sin embargo, muy distinta era la situación que se vivía en el alto rango de la organización. Ese mismo año, Dora María Téllez, una de las jefas militares, le comentaba a Randall:

“Las mujeres participaron en nuestra Revolución, no en las cocinas sino como combatientes. En el liderazgo político. Esto nos dio una experiencia muy distinta. Desde luego se jugaban distintos roles durante la guerra y se adquirió una tremenda autoridad moral, así que cualquier hombre – incluso en relaciones íntimas – debía respetarnos. Muy difícilmente un hombre le levantaría una mano o maltrataría a una mujer combatiente”. [5]

Entonces las mujeres podían alcanzar rangos de comandantes[6]. No obstante, muy pocas mujeres efectivamente comandaban las tropas. Mónica Baltodano, quien continua siendo una de las lideres de lo que queda, políticamente, de los Sandinistas, también fue entrevistada por Randall hace 26 años. Llegó al FSLN desde un movimiento Social Cristiano, y describe la actitud hacia las mujeres dentro de la organización revolucionaria:

“El problema del machismo se evidenciaba entre los camaradas del FER y el FSLN. Algunos hombres guardaban ciertas actitudes sexistas  hacia las mujeres. Ellos consideraban que las mujeres estaban para las labores domesticas y no deberían aspirar a actividades mas allá de un mensajero. Algunos camaradas mantenían una mente abierta respecto al sexismo mientras otros permanecían totalmente cerrados. Algunos aseguraban que las mujeres no eran buenas en las montañas, que solo servían para “follar”, y que creaban conflictos, conflictos sexuales”[7]

Esto viene de la voz de un miembro incondicional del partido, y se refiere, no a campesinos sin educación, sino a la elite del un  grupo militante socialista. Baltodano vivió en “casas de seguridad” como miembro clandestino. Aun ahí, bajo peligro inminente y tangible, las mujeres eran discriminadas: “si vivieras en una casa de seguridad en el norte sabrías que tienes que ayudar a barrer, cocinar y lavar los trastes––si fueras mujer”.[8] Esta comandante reconoce que tuvo suerte en compartir el comando de las tropas con dos hombres quienes “tenían la mentalidad del hombre nuevo”. El hecho de que fuese una combatiente con prestigio, también ayudo a impedir mas actos sexistas contra ella. Pero ni eso le ayudo cuando bajo su comando se realizo el ataque decisivo a las oficinas centrales de la Guardia Nacional y el jefe de la unidad salio a rendirse. El oficial, un coronel, se negó a rendirse ante una mujer. Pero, al final no tuvo alternativa.[9]

La evidencia más convincente de inequidad de genero dentro del movimiento Sandinista, se presenta años después cuando el gobierno lleva a cabo elecciones (1990) y pierde contra la viuda del editor de un periódico de oposición asesinado por Somoza, Violeta Chamorro. El  presidente sandinista Daniel Ortega había renunciado a su puesto, y solo entonces su hija adoptiva de 34 años, Zoilamérica Narváez, se atrevió a acusarlo de abusarla sexualmente desde la edad de 11 años.[10] Su detallado testimonio no deja lugar a dudas. Tras 10 años de batalla legal, el gobierno, con la aprobación de la Suprema Corte de Justicia, se negó siquiera a realizar una investigación. Narváez fue desacreditada. El hecho de que, años después   Daniel Ortega continuara como líder del FSLN y fuera el Presidente de Nicaragua pone de manifiesto la naturaleza machista de la organización.

Resulta aún más reveladora la “Carta Abierta” donde la conocida activista revolucionaria y autora, confiesa el conocimiento general del asunto (negado por Ortega), confirmando su veracidad:

Lo sabíamos y mantuvimos silencio por nuestro deseo de apoyar a la revolución sandinista, por temor, y nuestra percepción de que esta es la historia de Zoilamérica, para ser contada o no por ella. Estoy avergonzada de nuestro silencio, pero tal vez el tiempo y lugar no permitieron otra alternativa.[11]

Otro testimonio revelador es el de Tomás Borge, el único miembro fundador del FSLN que sobrevive a sus 80 años y número dos dentro de la organización,  el mismo que reconoció en un discurso para el Aniversario de la organización Nacional de Mujeres, que: “Sabemos de compañeros que son revolucionarios en las calles, en el trabajo, dondequiera, pero señores, Feudales con cuchillo en sus hogares”. Pero también Borge es conocido por sus actitudes sexistas. Una ex-comandante de nombre Carmelita, lo manifiesta en entrevista:

Mire, podría admirar al comandante Borge por su impecable retórica, pero queda claro que él es tal como él mismo describe. En la calle reconoce la lucha de la mujer, pero en la casa actúa como los otros.[12]

A lo largo de la historia, una y otra vez la mayoría de los movimientos han fracasado en satisfacer temas de reivindicación de los derechos de la mujer, dentro de sus filas, rangos y liderazgo. Con pocas excepciones, mientras prometen cambios en el futuro, cuando y si acaso, llegan al poder, reflejan la misma realidad que prometieron destruir. Para sus miembros femeninos y para la sociedad entera, el cambio es algo posible únicamente en el futuro.

Traducción del inglés: Marga Britto


[1] As for Fidel Castro himself, he is divorced. His ex wife family now lives in Miami and is represented in Congress by a niece, republican congressman Lincoln Díaz Balart.

[2] Randall, Margaret. Sandino’s Daughters. Testimonies of Nicaraguan Women in Struggle. Vancouver: New Star Books, 1981, 131

[3] Randall, 136.

[4] Randall, 139.

[5] Randall, Margaret. Sandino’s Daughter’s. Testimonies of Nicaraguan Women in Struggle. Vancouver: New Star Books, 1981, 56.

[6] The term comandantes is used here as was intended by the MSLN, to designate their utmost leaders. After the revolution the media and the groups themselves started inflation in the adjudication of the title. I know personally two of those “comandantes” who were just, one, a low rank political commissar, and the other a photojournalist.

[7] Randall, 66.

[8] Randall, 73.

[9] Randall, 77.

[10] The whole testimony can be found in http://www.sandino.org/zoila.htm.

[11] http://www.sandino.org/randal.htm. Accessed 2/15/06

[12] Galofré, Guillem. “Las Mujeres y el Sandinismo” In La Bugada, no 3, July 1999. http://www.pangea.org/safareig/ art04.htm, accessed 2/12/06.

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Gabriel Lerner

Editorial Director at La Opinion
Editor en jefe del diario La Opinión en Los Angeles.
Fundador y editor de HispanicLA.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y anteriormente editor de noticias para La Opinión.
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1 comentario

  1. Indignante realidad, en la izquierda, en la derecha, en ignorantes y en cultos. ¿Qué haríamos sin la esperanza que las mujeres suman a esta humanidad?

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