Mirando al Sur: Y los veneros de petróleo, el diablo

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Cuando el poeta mexicano Manuel López Velarde escribió el inolvidable poema “La Suave Patria” y en él le dijo a su amado México

“El Niño Dios te escrituró un establo/
y los veneros de petróleo el diablo”

lo hizo indudablemente con un descomunal derroche de visión y presentimiento totalmente involuntarios, que ni él mismo los imaginó y menos aún que podía dimensionarlos; y todavía más: quizás nunca pensó que esos versos tenían dedicatoria no sólo para su patria sino para el mundo entero. No eran años aún en que se supiera qué tanto de diabólico iba a tener el oro negro. Para entonces ciertamente las inversiones extranjeras en territorio azteca para la explotación petrolera ya habían mostrado su falta de sensibilidad y su enfermiza afición por la explotación laboral del obrero mexicano y sus familias, -que desembocarían en 1938 en la nacionalización del petróleo y la expropiación de las instalaciones para su extracción- pero eran poco ante lo que llegarían a ser a nivel mundial.

Lejos estaban aún los días en que por el petróleo los países se separaran, se declararan guerras, se crearan capitales gigantescos al lado de enormes amontonamientos de miseria y, quizás lo más lejano pero no menos perjudicial del vaticinio: el cambio ecológico y climático que su uso exagerado, incorrecto y perverso llegaría a provocar en el equilibrio del planeta y en la vida de las especies.
Y todo lo que he dicho en los líneas anteriores nos sitúa no en un punto equis del planeta sino justa y precisamente en el sitio donde vivo. Hace apenas unos días, el diario de Brownsville El Nuevo Heraldo nos entregó una nota en la que se relatan las preocupaciones de grupos ambientalistas porque existe el proyecto de instalar en el Puerto de Brownsville varias plantas para el procesamiento y la exportación de gas natural licuado. Tres grandes empresas de ese ramo ya han iniciado los trámites ante el gobierno federal para convertir gas natural en licuado, comprimir su volumen, embarcarlo en naves especiales y trasladarlo a otros lados del mundo.
Todo eso está muy bien, si no se mencionan los daños enormes al medio ambiente y a la salud humana que esas plantas provocan, según lo advierte un reporte del Sierra Club del Valle del Río Grande. El reporte señala numerosos daños que este proyecto puede causar no sólo al aire sino también a grandes extensiones de tierra en y alrededor de donde se coloquen las plantas. Además se señala que ese tipo de industrias siempre están altamente expuestas a fugas y explosiones.
Como se ve, el paisaje no se muestra muy bello por más que se le vea como una gran conveniencia para la economía regional. Brownsville, Texas, ciertamente requiere de mucha inversión para desarrollarse y para garantizar su futuro progreso, como toda la región entera, conocida como el Valle del Río Grande, también lo requiere. Es cierto que el puerto mantiene gran actividad porque está convertido en el mayor cementerio de todo el país para grandes naves marítimas que llegan a él para olvidar su pasada grandeza –como es el caso, entre otros, de los portaviones USS Saratoga y USS Forrestal-, y convertirse en montañas de fierro viejo que luego son recicladas.
Pero el puerto necesita ser mucho más que eso y unos de los “más” que se menciona casi de continuo son industrias riesgosas y amenazantes para el mundo en que vivimos y en el que deberán vivir nuestros descendientes. Pero el hombre ha hecho de sus industrias y sus formas de existencia totalmente dependientes de un combustible, el petróleo, que a más de ser dañino en muchas formas es caro y tiene un límite, un día se va a terminar y habrá que mirar, aunque no se quiera, hacia otras formas de energía.
Pero mientras eso sucede, la humanidad se niega a ver con mayor prevención la explotación y uso del oro negro y a mirar con mayor determinación hacia otras fuentes de energía menos peligrosas y más duraderas. Sitios como el Valle del Río Grande que requieren fuentes de mayor progreso y bienestar tendrán que ver su futuro no muy lejano con otros ojos y con otra mentalidad. Y lo mismo tendrá que hacer el resto del mundo. Si no lo hacen, dejarán de avizorar su futuro progreso y apenas percibirán un triste pasado, el cual ya no podrán cambiar pues será demasiado tarde.

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Luis Manuel Ortiz es periodista independiente. Radica en Brownsville, Texas, y es miembro del Salón de la Fama de la Arizona Newspapers Association. Email: [email protected]