Los recortes y el orgullo de ser maestro

Durante cincuenta años mi mamá fue maestra.

Mientras aprendía griego y filosofía en la Universidad de Buenos Aires, enseñaba francés y piano a domicilio.

Después fue “La Lerner” por tiempos inmemoriables. Como tenía que mantenernos ella sola trabajaba en tres secundarias.

En el centro del comedor de nuestra casa en la esquina de Pasteur y la avenida Corrientes, la mesa se llenaba de hojas de exámenes y tareas de sus ‘chicos’. De noche los corregía. Si se cortaba la electricidad en mi calle encendíamos velas. Nos leía frases ingeniosas de sus estudiantes, testimonios de pensamiento hondo, párrafos llenos de emoción que a su vez la emocionaban.

Y cuando terminaba el trabajo, entrada la noche, nos leía un cuento, o un poema, o un capítulo de un libro de historia sobre sumerios, asirios y caldeos y otras maravillas.

Mi mamá, la profesora Lerner, se desesperaba y desgañitaba ya entonces cuando vislumbraba lo que hoy es común: la glorificación de la ignorancia; el desprecio por la educación de los otros; los “horrores” de ortografía que a nadie importan.

Siguio enseñando español y literatura, en la universidad, a alumnos particulares, en grupos de estudio.

Con el tiempo conocí a algunos de ellos. De adolescente, a una chica hermosa pasmada porque yo era el hijo de La Lerner, a quien admiraba y temía porque la había aplazado y enviado a exámenes de promoción. De grande, a otros adultos que agradecidos, le compraron un viaje de dos semanas a Francia, para que recorra París con el mapa que por años colgó en su dormitorio.

Mi mamá, que ahora sobrevive en un sanatorio aquí en el sur de California, fue la maestra más orgullosa del mundo.

Cuento esto porque hoy, en nuestro país, los maestros han sido convertidos en villanos y aprovechadores por los intereses creados. Si se organizan, son considerados extremistas y elitistas. Si son veteranos con décadas en las clases y por eso ganan salarios decentes, se inventan métodos para facilitar su despido generalizando la noción de que son malos, haraganes, aprovechadores.

Al mismo tiempo se encarece la educación. Aquí y en todo el país se prioriza la instrucción privada en desmedro de la pública, llevando a que el conocimiento sea patrimonio de quien su familia puede pagarla. En un ciclo interminable suben las colegiaturas universitarias y se recortan presupuestos. Quienes quieren ingresar ya no cualifican aunque tengan excelentes grados. Quienes ya ingresaron no tienen clases disponibles.

En esa situación, no debería sorprender que hay cada vez menos estudiantes de docencia. Los mejores no quieren enseñar ya: no les conviene, cuando hay decenas de miles de despidos, solamente este año. Y son más quienes se jubilan o buscan una ocupación mejor paga y menos vilipendiada.

El número de maestros certificados se desploma. Mientras que en 2004-05 se graduaron 28,039, en 2009-10 fueron 20,032, 29% menos. Para maestros de primaria, el descenso es de 50%. En universidades populares como Cal State quienes buscan credenciales de docencia eran 25,000 hace ocho años, 12,000 ahora. El número de maestros en su primero y segundo año de trabajo en California cayó de 35,000 a 18,000 desde 2007.

En estas condiciones, ya pocos se maravillan que nuestros hijos se gradúen con un dominio mediocre de las materias y peor, mucho peor: con cada vez menor curiosidad y sed de conocimientos. Que verguenza.

¿Qué diría mi mamá? Les contesto: cuando le leo esta columna, dice: primero corrige este error de ortografia y después hablamos.

 

5 Comments

  1. Felicitaciones para Ud. señor Lerner.Un gran hijo digno de una gran madre y Maestra.
    El aniquilamiento de la Educación pública en Colombia y el vilipendio de los maestros, está por la misma tendencia que Ud. describe en este artículo.Ayer (7 de abril de 2011) , maestros y trabajadores, acompañamos una gran marcha para “defender la Educación Pública como un Derecho y no como un negocio”
    Ya habíamos sido víctmas de la mediocrización durante el imperio del nefasto decreto 230, que obligaba la promoción de los estudiantes al grado siguiente, hasta con 9 o más materias perdidas.Ahora el actual gobierno hace todo tipo de malabares para privatizar las instituciones, desprestigiar y desprofesionalizar a los maestros e implantar una Educación pobre para pobres.

  2. Me saco el sombrero ante la Sra. Lerner. Todos mis respetos para ella. Al mismo tiempo, uno mi voz a las voces de aquellos que ven de manera alarmante el ataque que se está concentrando contra las escuelas públicas estadounidenses. Evidentemente, la fiera conservadora, republicana, con su enfermiza manía de querer privatizar todo lo que sea gubernamental (aunque cumpla un servicio esencial y estratégico para la nación) nos está envolviendo en una nube de mentiras y medias verdades que amenaza nuestro futuro.

  3. Es un emotivo homenaje el que le haces a tu madre, estimado Gabriel. Sin duda que ambos deben sentir un profundo orgullo mutuo.

    La educación oficial se está orientando hacia la privatización, y más aún, hacia la empresarialización de la enseñanza. Parece una tendencia mundial. Los maestros son meros peones, descabezables y cada día más prescindibles por cuanto el conocimiento se ha desplazado hacia las redes virtuales.

    La educación integral, humanista, científica, universalista, ha quedado atrás. Hoy se enseña a ser útiles, acomodaticios y expertos en servir a las elites.

    Excelente artículo, estimado Gabriel.

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