Los partidos políticos ya no funcionan

Los motores se calientan, las oficinas se organizan, los eventos de recolección de fondos de campaña se multiplican. Es la temporada de caza: para que en unos meses se cuenten los votos, hoy se cuentan los dólares.

Lo que se juega el 8 de junio son las primarias de California. Los partidos políticos elegirán a sus candidatos para los cargos estatales en juego el 2 de noviembre: gobernador, los otros puestos de gabinete, los 80 miembros de la Asamblea, 20 de los 40 del Senado, un Senador federal y multitud en los gobiernos locales.

Ya no falta tanto: el 23 de abril, en apenas dos meses, los condados comenzarán a enviar los formularios para el voto por correo. A partir de entonces la gente vota. El 24 de mayo es el último día para registrarse. Recordemos que en Estados Unidos no alcanza con ser ciudadano para poder emitir el voto: es menester registrarse para ello. Por eso, si usted está en proceso de naturalización, apúrese. Si se hace ciudadano, regístrese, y se ha registrado, pues vote.

En apenas tres semanas, el 12 de marzo, vence el plazo para anunciar candidaturas y presentarlas oficialmente a los condados. ¿En qué situación llegamos al día del voto?

No es secreto que California se encuentra en una profunda crisis. La problemática económica del país es aquí magnificada. Su peor síndrome, la desocupación, se ensaña especialmente con la población latina e inmigrante. Y su manifestación más frustrante es el déficit presupuestario y la incapacidad de obtenerse el voto del 2/3 de la Legislatura para solucionarlo.

Normalmente y en estas circunstancias, el sentido común dictaría que políticos de carrera de ambos partidos se ilusionaran con sus perspectivas de ayudar a su gente y que demócratas y republicanos se lanzaran a la conquista del cargo de gobernador.

Especialmente, porque al titular Arnold Schwarzenegger, que debe ceder el puesto, ya no lo identifican con su partido original. O sea: republicanos y demócratas pueden desligarse de él aparecer como los candidatos del cambio.

Se esperaría entonces un resurgimiento del activismo y de movimiento populares de ambos lados y una multiplicidad de candidatos.

Pero en los partidos políticos presenciamos parálisis y apatía.

Hasta el momento, la cantidad de candidatos demócratas al máximo puesto estatal es exactamente cero. El ex titular y actual procurador general Jerry Brown, que será finalmente el postulante, se niega a anunciarlo antes del 12 de marzo. Otros, como el alcalde de San Francisco Gavin Newsom y el de Los Ángeles Antonio Villaraigosa, ya dijeron que no querrían el puesto. La senadora Dianne Feinstein lo anunció el martes 16.

Entre los republicanos, tampoco hay políticos conocidos. En cambio, se postulan dos personas del mundo de los negocios, Meg Whitman, ex jefa de eBay y Steve Poizner, ex empresario del Silicon Valley y actual comisionado de seguros, gastando en la campaña sumas estratosféricas. Whitman anunció que invertirá hasta $150 millones de su inmensa fortuna personal para conseguir el cargo. Según una encuesta del PPIC del 27 de enero, le lleva una ventaja de 47% a 11% a Poizner. Y de acuerdo con otra del Instituto Field de un mes antes, de 45% contra 17%.

La semana pasada se los encontró, junto con otra multimillonaria y candidata republicana al senado, Carly Fiorina, en los circuitos de automovilismo del Inland Empire, en otro intento de hacerse conocer.Por eso decía que los motores se calientan.

La última encuesta, de Rasmussen Reports, del 15 de febrero, otorga a Brown – que no se declaró – y Whitman – que no ganó aún las primarias — 43% de apoyo, cada uno.

Candidatos como Whitman o Poizner en su ambición de obtener los cargos máximos, basan sus probabilidadades en un mito y en una ilusión. El mito es el de los hombres de negocios que “la hicieron”. El que dice que si alguien logró hacerse multimillonario, por fuerza tiene la capacidad de dirigir un país.

La ilusión es que una sociedad se puede – y debe – administrar como si fuese una empresa financiera. Lo que es falso, porque la función de los gobiernos no es ganar dinero sino gastarlo en los ciudadanos para cuyo beneficio supuestamente existen.

Finalmente, las sumas siderales necesarias para lograr un puesto electoral los hacen inaccesibles para la enorme mayoría. Una situación que recuerda la de los últimos años del Imperio Romano, cuando los cargos directivos y legislativos, incluido el de emperador, estaban directamente a la venta por la Guardia Pretoriana. Y ya sabemos como terminó aquel imperio.

Paralelamente a la económica estamos frente a una crisis política en la que los partidos ya no funcionan como tales. De ello, precisamente, se alimentan aquellos candidatos que declaran ser no políticos. Una solución para ésto es la financiación pública de campañas electorales. Otra, que nuestros jóvenes se interesen por la cosa pública, que sean activos, que se organicen, que generen apoyo desde abajo, desde las comunidades a las que ellos sirvan y les sean leales.

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