Los nenes triculturales

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El día que Rahid Al Jazeemi supo que Consuelo no se iría así de fácil, cambió las chapas de la puerta de su departamento en Queens y la dejó afuera una noche, pero cambió de opinión rápidamente cuando ella le advirtió que la de los papeles era ella. Además podría divorciarse de él por abandono de hogar. Convencido quedó Al Jazeemi que tendría que aguantarla en casa por lo menos dos años de vida si quería la entrevista. Mal que mal habían sido novios por un par de años y le debía a ella ese respeto, por lo menos hasta que pudiera finalmente traer a su mujer con la cual había concertado un matrimonio feliz desde la niñez.

Consuelo, por su parte, cambió la chapa de su cuarto y se dedicó a saltar de bar en bar, se dedicó a aprender a bailar salsa como una profesional. También se dedicó a traer a cuanto compañero de baile se le antojara, ante las narices humeantes del libanés asegurada, como estaba de que había un hombre en casa que la cuidaba que no era otro que su flamante marido por papeles. A Rahid Al Jazeemi no le importó si compartía con él de vez en cuando y para aplacar el stress, la cama con Consuelo para recordar viejos tiempos.

Pasaron uno, dos, tres años y la fecha de la entrevista no llegaba. Al Jazeemi, llamaba a su futura esposa desde la cama pare asegurarle que ya venía su turno… Consuelo soltaba unas carcajadas que Al Jazeemi ahogaba cerrando con las palmas de las manos el auricular.

La entrevista llegó tras cinco años, el divorcio y la mujer llegó poco después y Consuelo, ni esperanzas de salir del departamento de Al Jazeemi que ya había ascendido a Gerente General de la compañía que fundó con un amigo de Siria.

Fue entonces que lo supo. Su mujer había sufrido una descarga vil de la vida y había olvidado contarle que le habían extirpado los ovarios en un acto negligente de raspaje de tumores y que oh, percances, hijos no podía tener, suficiente para que Al Jazeemi comenzara a romancear a Consuelo que se había tirado a toda la cuadra pero que parir podía, porque tenía tres abortos a su haber.

Y así viven los tres, felices. Consuelo ha parido dos hijos mezclados. La esposa de Rahid se los cuida. El Gerente que ahora es socio mayoritario de la compañía le paga la universidad a Consuelo.

Felices eran hasta que llegan de vacaciones los padres de Al Jazeemi de Siria y se percatan de que el nene es alto como Consuelo, suave como Consuelo y no morenito ni melenudo como se ve la esposa de Al Jazeemi al sacarse el A jab…

Un día por la tarde, mirando a los niños jugar en los columpios, su madre le pregunta en árabe qué diablos hace Consuelo viviendo con ellos. Al Jazeemi le echa en cara el ovario de su esposa, el silencio de la madre (porque la muy sabía) …

La madre escoge callar hasta que habla con su consuegra, de su mismo pueblo, de su misma escuela en Siria…que también sabe. Los hijos se hacen con ovarios, y obvio, su hija ya no los tiene… pero Consuelo es una bomba de tiempo. Dónde la colocan. El Koran no aguanta la ley estadounidense. No.

Ese mismo día, Consuelo que está a punto de graduarse con un Associates Degree llega a la casa y encuentra sus cosas en la calle… lleva gemelos de Al Jazeemi en la panza…

1 Comment

  1. Me encanta como escribe. Tiene una forma muy peculiar que nunca habia tenido la fortuna de experimentar. No he leido cada uno de los articulos de “La Vuelta a Manhattan…” pero lo que si he leido me fascinan. Muchisimas gracias por estos deliciosas morzuelas literarias. 🙂

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  1. Bitacoras.com

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