Los jóvenes latinos de Estados Unidos, ¿son estadounidenses?

Esta semana se publicó un nuevo estudio del centro Pew Hispanic sobre la juventud latina en Estados Unidos, cuyo principal hallazgo es el vertical crecimiento de este segmento de la población estadounidense. Que uno de cada cinco alumnos es hispano, al igual que uno de cada cuatro nacimientos en el país; que ocupan el primer lugar entre los cuatro principales grupos étnicos en EE.UU. en embarazos de mujeres de 19 años (26%), en abandono de escuelas secundarias (17%) y cosas interesantes por el estilo, cada una de las cuales alcanzaría para una larga serie de análisis[1].

Los estudios de este tipo son buenos para la planificación del futuro, y los autores de éste, que son el equipo completo del Pew, dicen que con base en los resultados predicen que al convertirse en adultos, estos jóvenes de 16 a 25 años de edad “ayudarán a determinar en qué tipo de sociedad se convertirá el país en el siglo XXI”.

Para mí, el llamado de atención principal del estudio es otro y tiene menos que ver con un venturoso futuro que con un llamativo presente. Bajo el inciso de “Identidad y Asimilación”, dice lo siguiente, en mi traducción:

Según el Estudio Nacional de Latinos del Centro Pew Hispanic, más de la mayoría (52%) de los latinos entre 16 y 25 años de edad se identifican, primero, por el país de origen de sus familias… Un 20% adicional utilizan los términos “Hispanic” o “Latino” en primer lugar. Sólo uno de cada cuatro – el 24% – del total se describen utilizando en primer lugar el término “Americano”.

Voy a repetirlo tal como lo entiendo.

El 72% de los jóvenes latinos no se consideran “americanos” en primer lugar, aunque hayan nacido aquí, aunque no sean indocumentados. No se ven como parte de la nación estadounidense. La de Washington, Lincoln y Kennedy, por decir algunos nombres de los que preguntan en el examen de ciudadanía[2]. Ellos no: primero son mexicanos. Primero que nada son salvadoreños, dominicanos, argentinos o chilenos. Porque lo son sus padres aunque hayan nacido aquí. O bien primero son hispanos o latinos, es decir, pertenecientes a un grupo étnico principalmente delineado por características idiomáticas, así como culturales, religiosas, etc[3].

Creo que el número – 72% — de no identificados con el estado nacional del país da para conclusiones asombrosas; que es abrumador, inaudito.

Pero no debería sorprender tanto.

¿Qué identidad, que solidaridad, que memoria histórica elegirá – si la elige – un chico cuyos padres están en el eslabón más bajo de la economía, a menudo en la población marginal, o cuyos padres o no hablan el inglés o lo hablan pero vuelven al español para designar la cosa propia?

¿Del lado de quién estará ese chico o chica, cuando en los últimos diez años uno de los discursos más importantes, más prevalentes y más potencialmente violentos en la política estadounidense es el “problema” de la inmigración? ¿Se identificará con las agencias migratorias? ¿Con los “super patriotas” que pretenden acaparar la nacionalidad para ellos y sólo para ellos, que son “americans”, aunque sus familias hayan llegado aquí hace no más de 200 años?[4]

En el condado Maricopa de Arizona, ¿qué es el hijo de latinos, cuando todos ellos están bajo la mirilla de un popularísimo sheriff, Joe Arpaio, que deleita a sus acólitos humillando a inmigrantes, casi siempre latino? ¿Estadounidense como Arpaio o qué?

¿Qué esperaban? Quizás que consecuencia de tanta presión sobre esta comunidad durante estos años, crezca su amor por el país, pasión por su idioma y patriotismo.  Parece que no, que se repliegan, se encierran, se protegen unos a otros y se identifican con lo que no les rechaza.

Pero existe también el fenómeno inverso, en dirección supuestamente contraria: sube el porcentaje de latinos que se naturalizan y luego se registran para poder votar.

Más latinos participan de la cosa pública en sus respectivos lugares, postulándose para cargos electivos, desde la comisión de agua potable de su distrito hasta la mismísima presidencia de Estados Unidos.

Aquí en California, un hispano está por sucede a una afroamericana que a su vez sucedió a otro latino… como presidente de la Asamblea Legislativa.

La proporción de soldados – todos voluntarios – en las fuerzas armadas estadounidenses que están en Irak o Afganistán no es menor que la de su población en el país. Lo mismo respecto a los soldados muertos en acción.

Quizás no sea contradictorio. Quizás sean  conceptos que no se contradicen. Quizás sea posible una asimilación al concepto estadounidense, que incluye tradición democrática, pasión por el automóvil, férreas políticas anti sindicales, comida chatarra… , sin definirse estadounidense. ¿Lo creen?

Quizás es tan “patriota” un fanático del equipo de fútbol Chivas USA en mi ciudad de Los Angeles, que vitorea en español, como el que no se pierde un juego de los Dodgers.

Si es así, es un fenómeno nuevo e interesante que conviene ahondar. Porque respondiendo a la pregunta del titulo, ¡por supuesto!

Pero creo que es muchas cosas más. Para seguir pensando. Y profundizando en este valioso documento de 156 páginas.

Aquí está el enlace al informe completo.


Notas:

[1] Los cuatro grupos en cuestión son los negros, los asiáticos y los blancos, o blancos no latinos (nonHispanic, single-race white”) como los llama la Oficina del Censo.

[2] Hay algo delicioso en la manera con que enumeramos los rasgos de la cultura estadounidense, y la lista más llamativa está en la letra de la canción de Billy Joel “We Didn’t Start the Fire”, que está aquí.

[3] Por tradición e idiosincracia muchos latinos se refieren al grupo como “La Raza”, dando así nombre a una de las más notables organizaciones nacionales, el Concilio Nacional de La Raza.  Los aquí nacidos conocen también el término “brown”, café o marrón, que señala un color de piel. Yo no creo que las “razas” existan como verdad científica, sino que son creaciones sociales, pero es un tema difícil y lo dejaré para otro soliloquio.

[4] Y en muchos casos, menos: hasta hace pocas décadas, los griegos, los judíos que llegaban de Rusia, y otros, no eran considerados ni siquiera blancos. Y antes que ellos, los italianos…

2 Comments

  1. Gracias, Elsa. Sí, es difícil que los niños o adolescentes o jóvenes se definan, en el sentido que definición clara no tienen. No se puede esperar menos de una civilización afásica como la que hemos enrado en la última década. En segundo lugar, realmente es una cuestión complicada para algunos. Mi hijastro tiene padre salvadoreño, madre estadounidense, padrastro argentino, tez morena y facciones latinas y no habla español. ¿Qué es? Agregale que es judío por parte de la madre y sujeto a cierta educación hebrea. ¿Entonces? Mejor para los jóvenes dejarse llevar con el viento, muchos de ellos aferrados, pegados a sus Wii y XBox 360 y juegos de computadora y text message y más variantes de un ejercicio lúdico que lejos de socializar es anti social. O anti sociedad.

  2. En el postmodernismo no asombra que las viejas definiciones no basten o desaparezcan.
    Quizas en el mundo abierto que vivimos ser “estadounidenses” empieza a tener sentido cuando viajamos afuera y vemos cuanto mas tenemos en comun con esta sociedad al compararla con otra.
    Los muchachos en las escuelas de L.A. donde trabajo no diran que son estadounidenses (porque son jovenes?) pero tampoco son solamente mexicanos o guatemaltecos. Son algo nuevo que el tiempo dira.

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