La nostalgia imprescindible

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Uno de los aspectos cruciales para residir en la Imago es la nostalgia (debo aclarar que me voy a referir a la nostalgia de las generaciones de cubanos que ya hoy en día han muerto, o tienen 90, 80 70 y hasta 60 y 50 años). La nostalgia, por naturaleza propia, es imaginación, y es imaginación consustancial con la paradoja; sí, y es paradoja porque es el deseo de tener lo que ya no se tiene, o se tuvo y aún guarda la esperanza de recuperarse. De modo que el cubano de esas generaciones, haciendo honor a la imaginación y a un espíritu contradictorio, anhelaba emigrar al mismo tiempo que añoraba la Isla.

Creo que es difícil que se logre encontrar a uno de estos cubanos que por muy asimilado que esté a la cultura de su nuevo país, y aun después de años y años de exilio, que no hable de su tierra, que no sueñe con Cuba. Y una de las cosas desgarradoras de esta tragicomedia es que los hijos que nacen en el extranjero y que, supuestamente (aquí he preferido no usar el adverbio “realmente”), son extranjeros en relación con la patria de los padres o de los abuelos, también crecen con la insistencia de conocer esa quimera que la familia les ha metido por los ojos y que de tanto mencionar, mañana, tarde y noche, días, meses y años, ya les rechina en las entendederas y les envuelve en una sábana blanca, azul y roja, como un manto tibio e irrompible de cubaneo; burbuja que les mantiene en una imperecedera atmósfera de nostalgia virtual (una nostalgia heredada por lo que no se conoció). Y lo curioso está en que muchos dicen que ellos son cubanos, de comer arroz con frijoles y lechón asao, plátanos maduros fritos o tostones y yuca con mojo, y que algún día van a ir a su Isla (Isla que de verdad, aun cuando no la conocieron, les pertenece).

Este fenómeno es producto de la nostalgia de los abuelos y de los padres. Y desde esta perspectiva generacional la nostalgia es, pues, una energía muy poderosa que contagia la memoria; es una fuerza de recuerdos que se hace vivencia diaria en la mente del que se fue.

Los emigrantes de otros países también tienen su nostalgia, porque es un sentimiento universal, aun cuando es una problemática muy sui generis en cada persona y de cada país, la nostalgia es una pasión que embarga a todos los que dejaron algo muy querido. Todos nos desmembramos, salimos del arraigo, y es como si flotáramos en el espacio, en la soledad de una noche sideral oscura y sólo nos queda recordar para no morir. Entonces, la nostalgia es lo que se constituye en una función vital, en una razón existencial.

Pero el tipo de cubano de las generaciones que he mencionado al principio, con esto como con otras tantas cosas más, ha sido (y es) obsesivo compulsivo; y hasta se adapta en el nuevo lugar que le ha tocado, pero nunca, jamás, ha perdido la idiosincrasia y, en mucho, lucha por preservar las costumbres, la forma de hablar, y de traspasársela a los hijos y a los nietos, independientemente de que sepa que no va a poder regresar (porque en el subconsciente siempre late el regreso). Pienso que toma la nueva cultura como un enriquecimiento, una manera socialmente disciplinada de cumplir con el entorno de vida.

Un ejemplo de ello se encuentra en las grandes comunidades de Miami, en Hialeah, o en el condado de Dade; o en New Jersey y en California (al menos, hasta la fecha); por supuesto, también en España y en otros países donde haya cubanos. Pero las de Estados Unidos son las de mayor concentración. En todos estos lugares han reproducidos las antiguas asociaciones que tuvieron en la Isla, los clubes; han creado instituciones, negocios, compañías, industrias. En otros países, por supuesto, han hecho menos, pero se buscan y se encuentran y, aunque a veces se están señalando con el dedo, de una forma u otra se reencuentran, se pelean y se unen en agrupaciones.

Otro ejemplo puede ser las páginas que, con mayor o menor calidad, con mayor o menor sentimentalismo, circulan por la Internet con fotos y videos de Cuba. Casualmente, en estos precisos instantes, me acaban de enviar una página de fotos, La Cuba que yo dejé al salir en 1962, de recorrido en tren por la Isla de aquellos tiempos de antes de 1959. A cualquier otra persona le puede parecer una pérdida de tiempo eso de ver fotos de lugares que ya posiblemente ni existan o estén muy transformados; sin embargo, para el promedio de los isleñis cubichis (y aquí reconozco que me refiero al cubano de otros tiempos, no a los que actualmente tienen 20, 30 ó 40 años de edad), es algo que se agradece mientras se hace el recorrido virtual, para luego transferirla a otros en una cadena que nunca termina.

Un nuevo ejemplo, también por Internet, son los poemas sobre Cuba, las páginas que dicen cómo son los cubanos… (Bueno, como ya he dicho, los cubanos de las generaciones pasadas. Las nuevas generaciones —los nacidos en las décadas de los años 60, 70 y 80— tienen otro tipo de nostalgia y, naturalmente, otro tipo de comportamiento que veré más adelante)… Pero, para mí, la más importante y famosa hasta ahora, por la calidad y el sentimiento desgarrador, sin perder un trasfondo de humor, son los dos escritos que hizo el profesor Luis Aguilar León, fallecido en el año de 2008. Solamente con usar cualquier buscador de Google, Yahoo!, etc. y escribir el nombre de Luis Aguilar León, les va a salir este artículo del Profeta (inspirado en el poeta libanés Gibrán Khalil Gibrán) hablando de los cubanos, que se hizo público en la red de una manera incesante. Pero años después, en El Nuevo Herald, Aguilar León publicó una continuación en la que El Profeta habla del regreso a Cuba. Por la facilidad que todo lector tiene de encontrarlo en la Internet no los reproduzco aquí.

¿Qué otra cosa podría decirse, entonces —si se ve desde la proyección de las primeras generaciones de exiliados— que no fuera que el cubano es pura nostalgia, que lleva el ímpetu de su imaginación hasta los más remotos recovecos de la memoria para poder sentirse de nuevo, y siempre, en su Isla? De aquí también le viene la resistencia a ese cubano exiliado, de este gran aliento de memoria vital y constante; y en sus comunidades donde puede reproduce el ambiente dejado atrás. Así, te lo encuentras en cualquier lugar del mundo, en los puestos y los cargos más espectaculares o increíbles, y no es de extrañar que en seguida, ese cubano si se encuentra con uno nos hable del lugar donde nació y vivió, y de sus calles y costumbres, y te pregunte ¿de dónde eres?, compadre, ¿de qué parte de Cuba eres?, y te recuerde la comida y las andanzas isleñas…

Si algo grande hemos descubierto en el exilio —hablo de esta clase de cubano— es que somos tales gracias a la nostalgia… La nostalgia así parece ser una fuerza creadora en nosotros; está en nuestra naturaleza. Para los médicos y los psiquiatras o psicólogos podría ser una enfermedad, en determinados casos, pero para los isleñis cubichis significa, en mucho, un mecanismo de existencia. Claro, estoy hablando del que está fuera de la Isla, pero es que todos los que se encuentran en la Isla la tienen escondida. Tan pronto se marchan y se instalan en otro país, no más pasan unos días, y ya se desata. La nostalgia es una fuerza, como dije, pero que muchas veces se da a la distancia del origen. Irremisiblemente su vector apunta al pasado, aunque metafísicamente hablando, quizás pueda dirigirse hacia el futuro, cuando sabemos que hay un futuro que se pudiera encontrar en el origen, el futuro de la nostalgia.

A no dudar, la nostalgia es el resultado de una contradicción en nosotros (los viejos, digámoslo así): nos queremos marchar para luego regresar. Anhelamos asimismo el viaje; el viaje que siempre esperamos, incluso, nos damos cuenta de que la vida, de una forma u otra, es un viaje, y el viajante lo es en la medida que necesita recordar el pasado, la tierra primigenia. Por eso somos viajeros y nostálgicos; somos el ansia y la paz; somos ese deseo de ser la imaginación misma.

La libertad de la nostalgia

Pero en la medida que somos nostalgia por imaginación y deseo, además, somos libres; y esto es así, porque la libertad viene a ser una resultante más de la fórmula imaginación más nostalgia, debido a que siempre el mayor camino verdadero para ser libre proviene de la imaginación. Por ejemplo, un preso político y hasta el común, por muy encerrados que estén, son hombres libres porque viven de la imaginación. Su pensamiento se convierte en un almacén de imágenes, y a no dudar es en ese encierro cuando más rienda suelta le dan a la nostalgia (que significa ser los recuerdos y algo más). Por eso en el cubano, incluso en el que está preso por puro delito común, ya lo dije, o el ciudadano que se encuentra atenazado entre las cuatro paredes de la Isla, la nostalgia aguarda y se impone.

La nostalgia histórica

El isleñis cubichis se busca constantemente en sus épocas anteriores, incluso viviendo dentro de la misma Isla. No en balde uno de los programas de televisión mejores y más vistos en Cuba, que duró probablemente alrededor de treinta años, fue San Nicolás del Peladero, un programa costumbrista de crítica de la politiquería antes de la Revolución; con excelentes libretos y encomiables actuaciones. Pero el programa en sí no era sólo visto porque fuera de crítica política, que supuestamente favorecía al régimen castrista, y porque fuera muy bien realizado; no, sino porque era toda una serie de nostalgia, algo que imaginaba tremendamente bien caricaturizada la vida antes de 1959. Y muchas generaciones de cubanos, que sabían que más o menos había sido así, se regocijaban viéndolo, vivían de nuevo aquel mundo intrigante, corrupto y oportunista y al mismo tiempo gozaban de la pasión, la inteligencia picaresca y en una libertad que tenían los habitantes de aquella dimensión para existir que, por encima de cualquier crítica, dejaba entrever que era un mundo más libre que el que les daba el régimen. La nostalgia así, entre tantas cosas, estaba en la misma Isla.

Otro medio, este ahora radial, que ayudaba a los cubanos en Miami a sobrevivir mediante la nostalgia era el programa Nocturno, programa de canciones y música instrumental que surgió en la Isla y que del presente fue pasando al pasado; quiero decir, por su duración, fue conjugando el presente y el pasado, y nos puso siempre en sintonía con distintos momentos del ayer en la Isla, representadas por cantantes, grupos y por canciones muy populares en diferentes épocas, me refiero a los que teníamos 30 y 40 años en la década de los 70.

Esta imaginación nostálgica, que ha sido contundente en nosotros para caracterizar nuestra personalidad, propicia de hecho la esperanza, debido a que potencia más aun nuestra memoria histórica, y cuando digo esto es porque quiero señalar que con la nostalgia contamos con un recurso que nos sirve para recuperar nuestros verdaderos recuerdos en un futuro (la memoria que nos han querido robar). O sea, estoy hablando de una paradoja más: tenemos que recuperar el futuro; en otras palabras, tenemos que prepararnos para un futuro (que pudiera ser no muy lejano) en el que volvamos a encontrar la libertad esencial, no superficial, ni a medias, ni mediante jueguitos reformistas, no, hablo de la libertad legítima, auténtica, en la que realmente seamos lo que hemos tenido que ser siempre; la libertad que cuando se tenga nos permita entonces recuperar de veras nuestro mejor pasado, y regresar de nuevo a esos principios que latían en el ayer y que, sabemos, se encuentran en el presente y el futuro de los países democráticos.

Esta nostalgia es deseo y amor

Y aunque nunca lleguemos a materializar nuestros recuerdos, nuestra añoranza, nos conformamos con recordar y soñar; aun cuando la memoria permanezca con exactitud en la realidad dejada atrás, pero por eso mismo aceptamos y queremos la nostalgia, porque en la memoria nuestra Isla sigue siendo sentida de una manera extraordinaria; es cuando la realidad objetiva del pasado viene a ser imaginada, y se convierte en idílica por el deseo, que es una fuerza emotiva muy fuerte. De hecho, quiero aclarar que nunca nos vamos a encontrar lo que quedó atrás como mismo estaba; no sólo porque el tiempo cambia las cosas y a la gente, sino además porque el Gobierno en cincuenta años y más se encargó de transformar, para mal, y destruir para peor, los lugares, las construcciones y hasta el espíritu de muchos de los que se quedaron. Y esto desafortunadamente es real.

El caso es que la nostalgia está dentro del ánimo incesante de uno; eso de vivir completamente para la imaginación. En buena medida somos una ficción objetiva. Y todo esto lo que quiere decir es que, en última instancia, vivimos para amar nuestra Isla Imaginada.

Por eso necesitamos esta nostalgia. El día que no sea así, dejaremos de ser los cubanos que somos.

La otra nostalgia

Claro, me he estado refiriendo a los cubanos que hemos tenido una Cuba más libre, mejor estructurada, de muchas más opciones de vida, con defectos económicos, políticos y sociales, pero una Cuba más humana, esperanzada siempre en la posibilidad de progresar.

Desafortunadamente, después de 1959 las generaciones que nacieron fueron viviendo una nostalgia de la miseria. ¿Qué puede añorar hoy en día un cubano de 30, 40 ó 50 años de edad en esa Isla en ruinas que dejó atrás: las becas, las escuelas en el campo, las escuelas al campo, la masa cárnica, las hamburguesas McCastro, la máscara como si fuera un rostro, la artesanía en la Plaza de la Catedral?… Una vez leí en un blog de Denis Fortún en Encuentro en la red (29/01/09) lo siguiente:

… ‘esos recuerdos’ para muchos se resumen en las escuelas al

campo y los desayunos con una leche saborizada a humo y leña; los

inseparables ‘tres mosqueteros’ integrados por el aguado chícharo

con granos como balines en medio de un ‘caldejo’ insaboro e

irreconocible, arroz blanco y un huevo hervido —en una época de

aparente abundancia—; los muñequitos

rusos con Tusha Cutusha y Tío Stiopa a la vanguardia;

Elpidio Valdés y Carburo; el ‘De Pie’ de los becados en

Habana Campo con el horrible Programa Habana 19; las

incontables y estériles tareas que debíamos cumplir; o

cualquier otra de las tantas cosas, innumerables por

espacio y extensión, con las que crecimos en medio de

una realidad socialista enrevesada y demagógica.

Hay un cierto sentimiento de conmiseración hacia estas personas que, cuando miran atrás, no encuentran más que desgarraduras, recuerdos de hambre y carencia, de miedo y acoso. Independientemente de que sí se podría sentir una quizás agradable tristeza de algunas cosas, como por ejemplo, el hecho de ir al Malecón de La Habana en las tardes para ver el crepúsculo; algunas reuniones en casas de amigos tomando te, y hasta digamos te con alcohol de 90 grados, o recordar las extravagancias de fiestas inventadas o las gestiones para lograr celebrar un cumpleaños; las escaramuzas para evitar los trabajos voluntarios; o cómo fue la boda o el nacimiento de un hijo; las reuniones familiares y clandestinas para escuchar Radio Martí; el grupo de la universidad en el que nos burlábamos de la política y de los funcionarios del régimen.

Este último tipo de nostalgia es placenteramente triste; pero se hace demasiado triste cuando un cubano en el exilio mira hacia atrás y se da cuenta de que no puede recuperar su juventud, cuando nada más puede recordar los agravios, la discriminación, la falta de libertades, la miseria y el hambre. Años que gastó bajo el asedio de los absurdos; tratando de escapar del laberinto; años pensando en una esperanza nunca definida, una esperanza de la incertidumbre; esperando, siempre esperando, sin saber incluso por lo que se espera, por lo que se quiere. Despierto para soñar con un consumo que no llega. Dormido para soñar con la miseria que perdura; y peor, con la miseria inacabable que corroe el espíritu.

Esta entonces es la nostalgia del espejismo y, por tanto, no es tal. Lo que quiero decir es que el recuerdo de cualquier cosa no conforma la nostalgia. En el sentimiento nostálgico siempre —además de una tristeza placentera— hay un deseo, un sabor de algo cálido siquiera, de algo que sirvió para mantener la filialidad o el amor por otro ser, o por el rincón de algo muy querido, algo que siempre quedó ahí latente; a no dudar también fuera una experiencia de vida pero que nunca fue desagradable, sino al contrario. En realidad, la nostalgia es la añoranza de lo mejor que dejamos atrás.

Capítulo XIX tomado de su libro 1959:
Cuba, el ser diverso y la Isla imaginada, inédito

Manuel Gayol

Manuel Gayol Mecías
Escritor y periodista cubano. Editor de la revista literaria online Palabra Abierta (http://palabrabierta.com). Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana en 1979. Fue investigador literario del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas (1979-1989). Posteriormente trabajó como especialista literario de la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, y además fue miembro del Consejo de redacción de la revista Vivarium, auspiciado por el Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana.
Ha publicado trabajos críticos, cuentos y poemas en diversas publicaciones periódicas de su país y del extranjero, y también ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) 1992.
En el año 2004 ganó el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por El otro sueño de Sísifo.
Trabajó como editor en la revista Contacto, en 1994 y 1995. Desde 1996 y hasta 2008 fue editor de estilo (Copy Editor), editor de cambios (Shift Editor) y coeditor en el periódico La Opinión, de Los Ángeles, California.
Actualmente, reside en la ciudad de Corona, California.

OBRAS PUBLICADAS: Retablo de la fábula (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); Valoración Múltiple sobre Andrés Bello (Compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); El jaguar es un sueño de ámbar (Cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); Retorno de la duda (Poesía, Ediciones Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995).

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18 Comments

  1. Estimado Manuel:
    Acabo de leer tu hermoso artículo sobre la Nostalgia Cubana, ese sentimiento que late en cada cubano exiliado, principalmente en los que sumamos décadas viviendo en los Estados Unidos, convirtiéndose en el motor que nos mantiene vivos.
    Es éste un tema difícil por los muchos aspectos que abarca y que tú has sabido enfocar
    desde todos los ángulos posible. Es el tuyo un análisis completo, auténtico, basado en la reflexión, la experiencia y el sentimiento.
    Los que llevamos varias décadas en el exilio, vivimos a la sombra del ayer; un ayer de historia, de paisajes, de sonidos, de olores, de vivencias que tratamos de transmitir a los que nos nacen aquí y que vemos con orgullo, cuando en ellos, de alguna manera, se manifiesta. Yo creo que las nostalgias se suman, pues al paso de los años la experiencia me ha demostrado que guardo esas que me producen, también, las vivencias que con-servo de las épocas y lugares vividos aquí.. Vivimos más en el pasado que en el pre-sente. La nostalgia duele, pero nos enriquece. Los cubanos somos muy sensibles a ella.
    Somos ricos en nostalgias.
    Un olor, un sabor, una brisa que nos roce, unos acordes … todo, desencadena en nosotros ese sentimiento que nos da paz. Bendita nostalgia, que nos retorna al pasado, haciéndonos sentir vivos, bendita nostagia, que como tú bien dices: “Nos hace ser libres.

    • Muchas gracias, Herminia. En realidad, hay de cierto una cosa, y es que resulta un tema muy dificil, incluso, a veces de digerir. Porque el problema de la nostalgia no es uniforme para todo el mundo, y mucho menos para determinadas generaciones, como por ejemplo, las que en Cuba corresponden a “la otra nostalgia”; es decir, a esa que solo puede recordar miseria, necesidad, opresión y discriminación. Los recuerdos que se anidan en esas generaciones, nacidas a partir de 1959, es traumática. No tuvieron la posibilidad de las generaciones anteriores. Sin embargo, las nuestras y las que nos anteceden, han podido, debido a experiencias más ricas y diversas, hemos podido contar con esa energía que conforma nuestra memoria para transformarla en fuerza de vida. Gracias por tu comentario, y te doy un abrazo, Manuel

  2. Querido Manolo:
    Te dejo mi comentario a tus reflexiones sobre la nostalgia. De más está decirte que comparto tu filosofía al respecto, cuando hablas, sobre todo, del trasfondo existencial de la nostalgia, cosa que explicarìa su sentido de universal. Quisiera solamente agregar a tus ideas dos de las mías, que son el fruto de vivencias y experiencias (más vividas que imaginadas). La primera, la dirijo a la diferencia que (en mi vida de “emigrante nostálgica”) he percebido; es decir, entre el modo de redimensionar la nostalgia de los cubanos y el modo que usan “los no cubanos” (entre los que vivo desde hace ya algunos años). En Italia, por ejemplo, escucho a los italianos hablar más en tono de “ambiciones” que de “nostalgias”, no importa la edad de las personas: las generacione de 30, 40, 50, 60-80 años se refieren con frecuencia a “lo que están por ver” (ellos o sus hijos y nietos), haciendo breves “evocaciones” del pasado, del cual tienden a recordar “episodios” descriptivos y más o menos emotivos. ¿Es porque el presente y el futuro tienen más fuerza en sus vidas cotidianas? No lo sé. Sé, sin embargo, que para los cubanos, el pasado representa un punto de llegada cotidiano, un punto de referencia existencial, ése que nos permite “no perdernos” ni dentro ni fuera de la Isla; y por qué no, ni dentro ni fuera de nostros mismos como individuos… ¿Desde cuàndo necesitamos esta “brújula del recuerdo” para no perdernos en el presente y en el futuro? Esta serìa, tal vez, una reflexión que no podríamos resumir en pocas frases. Pero creo que es algo que nos hace devenir esclavos y libres al mismo tiempo: esclavos de nuestra nostalgia; libres en nuestra imaginación. Vistas las cosas en esta perspectiva, somos los cubanos entes “imaginativos”, y no tanto “pragmáticos” como para poder liberarnos de esa nostalgia “de cubanía” que nos hace daño, pues no nos deja “ir hacia adelante” (usando un lenguaje existencialista). La otra idea que quería comentarte tiene que ver con la transformación de nuestra nostalgia en “otra cosa diferente”: no nos damos cuenta, pero también la ironía, el cinismo, el “falso” grado de tomar todas las cosas a la ligera, el apego irrenunciable a falsos ídolos (los frijoles negros, el lechón asao; la yuca con mojo…): esos son los hijos pintorescos de nuestra nostalgia. Entre paréntesis, mi amigo, no celebro la Noche Buena con esos platos desde hace tiempo. ¿ Y sabes una cosa? ¡Me he dado cuenta de que, en realidad, no me hacen falta!!! Puede ser que mi nostalgia esté tomando el camino de la “no identidad”. Vamos a aver… Un abrazote.

    • Pues, claro, que tienes razón en eso de que “los no cubanos”, lo italianos, por ejemplo, sienten de esa manera como dices; y es que esas personas no han tenido que emigrar, sino que tienen, digámoslo así, una nostalgia “doméstica”, de su propio país, pero también tienen menos necesidad de ella porque están imbuidos de un presente muy abarcador, como es el consumo. Yo pienso que probablemente el consumo se contrapone a la nostalgia; o que la nostalgia que puede existir en una persona que vive en un presente de sociedad de consumo es ligera, light, en el mejor sentido de la palabra; o sea, que no constituye una nostalgia de fuerza viva; bueno, por supuesto, no en todos los casos, más bien en una generalidad. Y de aquí que se preocupen más del futuro, puesto que al consumo lo caracteriza mucho la incertidumbre. Ahora, en el caso de los cubanos —y, fíjate, digo de las generaciones que tienen ahora cincuenta y tantos, 60, 80 años— la cosa funciona de otra manera, sus nostalgias son comparativas: vivieron en una época de capitalismo, anterior a 1959, y también una época “revolucionaria”; lo que indefectiblemente les hace crear una comparación siempre entre una y otra época. Esa comparación es la que surge como nostalgia y busca recordar los mejores momentos… Yo pienso que el problema no es el hecho de tener o no más o menos nostalgia; o que le haga falta o no a uno; creo que el asunto es que si se tiene nostalgia, esa se pueda transformar en una fuerza imaginativa, una fuerza de vida. El ser humano es muy complejo y muy individual, y cada quien busca y encuentra sus recursos, incluso, psicológicos, para seguir adelante. Hay quien no tiene necesidad de recurrir a la nostalgia para hacerlo, para superarse, y no por ello deja de tener identidad. Supongo que la identidad también se transforma. Pasaría de una identidad de pasado a una de presente… En fin, este tema, querida amiga, da para muchas reflexiones. Por lo que agradezco mucho tu comentario que, como siempre, es sustancial. Otro abrazote, Manuel

  3. LAS DOS NOSTALGIAS VALIDAS
    No creo haber leído nunca nada mejor sobre la nostalgia cubana, esa fuerza fabulosa y admirable que mantiene la cubania vivita y coleando mientras Cuba muere lentamente, y agónica a duras penas se mueve por el tibio Caribe soltando sus despojos.

    Me parece antológica la dicotomía que hace Gayol al mostrar que hay DOS nostalgias cubanas muy distintas y ambas validas, en dependencia del tiempo y el espacio: la de quien vivió en la Cuba “de antes” (de 1959), y la de quien han padecido en carne propia la Cuba hecha añicos por el neofascismo castrita, quienes sólo recuerdan carencias, restricciones y maltratos de todo tipo. ¿Quién puede sentir añoranza por una pesadilla que felizmente terminó al escapar de la isla en un pedazo de madera y sorteando tiburones a diestra y siniestra?

    Gayol da en el clavo al mostrar también que la Cuba que dejamos atrás los insulares “de antes”, que hoy tenemos mas de 60 anos, desapareció y sólo existe en nuestra memoria (y lo peor, probablemente no existará ya nunca más), pero que gracias a que se mantiene incólume, virginal, magnificada y sublimada por nosotros, es la única garantía de que la cubanía no podrá ser engullida nunca.

    Gracias, mi amigo Manolo. Deseo de corazón que puedas publicar por completo tu excelente aporte al estudio de la cubanía, la nostalgia de lo que fuimos, lo que somos, y lo que quisiéramos ser.

    Roberto

    • Roberto, agradezco sinceramente tus palabras, que me honran mucho, hasta me has hecho percatarme que habría que analizar más profundamente ese fenómeno de “las dos nostalgias” que encontraste en mi artículo y que, en realidad, merecerían otro ensayo. Esa diferencia que no es sólo psicológica, sino también y fundamentalmente de vida, de experiencias. Porque la nostalgia está basada en la experiencia vivida. Quizás habría que hacer una encuesta, un buen trabajo de campo, con las generaciones nacidas a partir de 1959, para indagar qué sienten, verdaderamente, cuando recuerdan lo que vivieron en Cuba. No creo que se regocijen de sus recuerdos. Desafortunadamente tendría que decir, entonces, que ésta sería una nostalgia-nada, negativa, definitivamente nula, por lo que no tendrían nostalgia. La fuerza de estas generaciones, en relación con sus vidas en Cuba, están en el presente y en cierta ilusión del futuro. Muchos, en irse de la Isla, para crear su nostalgia en un futuro; y otros con la ilusión del cambio… ¿O es que la nostalgia también puede sentirse sobre la base de la supervivencia más cruel?… Esto quedaría para los psicólogos y sociólogos, y en mucho probablemente para los psicoanalistas. Gracias mil por tu comentario, y te doy un abrazo, Manuel

  4. Manuel: Pienso que la nostalgia es lo que nos une, lo que mantiene la voluntad de vivir y
    de recobrar los dias felices del pasado. Como tu dices, no podemos recobrar todo, y no aspiro a las cosas materiales, pero si al esplendor de nuestra naturaleza:mar, sol, cielo, y sobre todo, la paz de cada dia sabiendo que nadie nos espia, que el terror ha pasado, que los ninos pueden crecer con esperanza, sin odios, sin miedo. Yo vuelvo al pasado en mis suenos, y busco el camino a mi hogar; los rostros amados que ya no estan, pero aun me persigue la oscuridad de una noche interminable y el no saber como volver a casa… encontrar como

    • Mi querida Carmen: como no saber que tu eres nostalgica si he leido tus libros, tus poemas, y cuentos y tus novelas, y he saboreado la atmosfera de antano que viviste y nos has regalado. Sabes, pienso a veces que nosotros, los que estamos aqui ahora hablando de nostalgia, hemos sido seres privilegiados. Porque, de alguna manera, tambien creemos ser aspirantes a esa libertad y paz, a las que te refieres, y aun mantenemos nuestros suenos recordando lo mejor de nuestros pasados. Siempre tuvimos pasados felices; a pesar de la dictadura, a pesar del miedo y del desarraigo; pero tambien los tiempos felices -como te dije- ahora los sonamos, en paz y agradecidos. Un abrazo para ti y para Carlos. Siempre, Manuel

  5. TODAVIA ESTOY MUY EMOCIONADA DESPUES DE LEER ESTE MAGNIFICO ARTICULO TUYO GAYOL SOBRE LA NOSTALGIA CUBANA. YO SOY UNA DE LAS PEORES EN SENTIRLA… DIA POR DIA , HORA POR HORA Y ASI ME PERSEGUIRA HASTA QUE MUERA. MUCHAS GRACIAS POR TRAER A MI MEMORIA TANTAS VIVENCIAS, INCLUSIVE LAS DE LA REVOLUCION! YA QUE VIVI 14 ANOS BAJO ESE REGIMEN: VEIA “SAN NICOLAS DEL PELADERO” PERO TAMBIEN OIA “NOCTURNO” Y ANTERIORMENTE “DETRAS DE LA FACHADA, !QUE TIEMPOS MEMORABLES! !QUE NOSTALGIA! GRACIAS POR ESTOS RECUERDOS, GRACIAS POR ESCRIBIR….NORMA

    • Pues si, Norma, me da gusto, de veras, conocer tus impresiones sobre mi articulo. Te dire tambien una cosa, hay nostalgia mas reciente. Yo hace ya unos quince anos que estoy en California, y recuerdo con mucho carino los eventos literarios que realizabamos en tu biblioteca de Huntington Park, cuando tu la dirigias y eras como una especie de madrina cultural de algunos amigos, escritores y artistas, que pasabamos alli unas tardes deliciosas. Creo que la memoria se hace nostalgia cuando los recuerdos son profundos y creativos. Un abrazo, Manuel

  6. Directo, preciso y sin aderezos innecesarios. Una pieza literaria perfecta que muestra la nostalgia tal cual es. Te felicito y a la vez te agradezco, amigo Manuel, por haber escrito este trabajo. Tony Ruano.

    • En realidad son mutuos los agradecimientos, Tony. La manera en que somos la llevamos latente siempre; por eso me di cuenta de que la nostalgia es una parte fundamental de nuestra naturaleza, aunque te repito: es universal; todos los migrantes la tenemos. Lo que sucede es que en nosotros, los cubanos, en estos tiempos, la fuerza de la nostalgia resalta porque tambien se ha convertido en una manera de lucha politica -querramoslo o no- en contra de la dictadura que ya va a llevar 52 anos. Mediante la nostalgia se ha logrado mantener una llama de interes vivo por Cuba, que no cesa, incluso, aun cuando sabemos que las cosas, los lugares y la gente han cambiado. Todo esto le dice al regimen que, por encima de cualquier division, estamos unidos y seguimos y seguiremos esperando, si no somos nosotros, seran nuestros hijos y si no, nuestros nietos, pero Cuba se recuperara algun dia. Y entonces habra que hacer la historia de la nostalgia nuestra como un legado que servira para los cubanos del futuro, de que esta prohibido olvidar el pasado, para poder contar con un amor mas justo en el presente. Gracias a ti, amigo. Un abrazo, Manuel

  7. Hola, Manuel.
    Me ha encantado este escrito tuyo, por múltiples razones. La principal, que la cubanía siempre me ha fascinado. Entre otros, he tenido dos interlocutores de lujo sobre el tema. El primero , Carlos Franqui, a quien entrevisté en Santo Domingo. Y después, precisamente don Luis Aguilar León, en dos ocasiones en que nos encontramos, una en Dominicana y la última en Miami, en la presentación de mi libro “El secreto encanto de la KGB. Las cinco vidas de Iósif Griguliévich”. Tuvo la gentileza de enviarme su artículo luego.
    Después está el tema de la nostalgia y su ligamen con lo que he llamado “la memoria culinaria de la tribu”. En mi libro “Los siete pasos de la danza del comer. Cultura, género e identidades”, trato el tema extensamente. De lo que decís, podría concluirse que la esencia nostálgica de Cuba tiene sabor y aroma a ” arroz con frijoles y lechón asao, plátanos maduros fritos o tostones y yuca con mojo”…La enumeración de esos sabores, sin ser cubana, también me provoca una nostalgia en la que el tiempo es un paisaje sin fecha.
    Muchísimas gracias por esta magnífica pieza de cubanía.

    • Mil gracias Marjorie. Es un placer inmenso saber que un articulo mio sobre la nostalgia y las problematicas cubanas le ha gustado a una escritora de tu nivel, costarricense, y que ha encontrado afinidades increibles entre nosotros. Me placen tus palabras. Por supuesto que la comida, lo culinario, es uno de los aspectos que nos une. La nostalgia por la comida nos hace crear comparaciones culturales con otros pueblos y entonces nos damos cuenta de que la diversidad la llevamos adentro y que de alguna manera la nostalgia nos ha servido de camino para conocer otras culturas. Gracias nuevamente no solo por leerme, sino ademas, y en mucho, por ser colaboradora de Palabra Abierta, nuestra revista cultural hiapnoamericana. Un abrazo, Manuel

  8. Gracias, mi amigo Julio, en realidad, creo que la nostalgia, y lo compruebo en tus palabras, al igual que en las palabras de otro amigo colombiano, el poeta Ramiro Lagos, que asimismo me escribió sobre la nostalgia; repito, es un fenómeno universal, más que psicológico, del alma. Fíjate que tú puedes soñar con tu tierra natal, pero un día vas —si algún día pudieras regresar, claro- y visitas los lugares de antaño, y descubres que todo o mucho de lo que dejaste ha cambiado, y no es como lo soñabas ya, pero cuando regresas de nuevo al país donde vives ahora (en este caso Estados Unidos), te das cuenta de que vuelves a soñar de nuevo con lo que dejaste, y las escenas y los recuerdos sentidos dentro de los sueños siguen siendo los que has tenido siempre, aun cuando regresaste y tuviste un impacto real distinto. Esto quiere decir que la nostalgia es un fenómeno muy humano que, desde la primera vez, se forma en tu consciente, en tu subconsciente y en el corazón, y ya no hay nada nuevo que lo pueda cambiar. Si te digo, yo prefiero quedarme con mi nostalgia, dentro de mí y de mis sueños, y no con la nueva realidad que hay hoy en mi país. Por eso es muy difícil que el emigrante que se ha ido y vivido muchos años fuera de sus lares, después cuando va a reconocer su lugar de origen, se percata de que éste ya no existe en esa nueva realidad, y entonces vuelve —si puede, por supuesto— al país adonde había inmigrado para seguir soñando con su origen, que es el que ya tiene gravado en su corazón. Un abrazo, Manuel

  9. Gracias, Cristina, amiga mía, disfruto tanto el buen comentario, inteligente y sensible cuando lo hacen sobre algunos de mis escritos, más cuando viene de alguien como tú, que siempre has sido tan bella, y ahora, a través de tantos años, descubro que debes ser mucho más bella aún por dentro. Mucho tiempo estuve yo pensando en el poder de la nostalgia, hasta que me di cuenta de que efectivamente, era (es) un poder, una energía como de ese ámbar que también nos es tan íntimo porque se encuentra en la misma imaginación. Sí, la nostalgia es gracias a la imaginación, y viceversa, nuestro camino al origen, que ya no se trata sólo de las mejores épocas que tuvimos en nuestras vidas, sino además del origen de nuestra identidad como ser humano. La nostalgia es eso también, identidad, humanidad, espiritualidad. Es la formación que tuvimos, los sentimientos que sentimos, los amores, las ilusiones que tuvimos. ¡La nostalgia es tantas cosas! De aquí que comprobemos que los sueños, nuestras propias creaciones nocturnas, están imbuidas de nostalgia. Los olores, el tacto, los sabores, los sonidos (la música, fundamentalmente), las imágenes (los paisajes, las calles, los recodos que hallamos en el camino de nuestra vida), estos cinco sentidos nos llevan a la nostalgia. De modo que, a no dudar, la nostalgia podría ser el sexto sentido del cual todavía no nos hemos percatado. Y, de hecho, es una fuerza más, como dije, para llegar al final de nuestras vidas. Gracias, Cristina, por tus palabras y por tu amistad, Manuel

  10. Buenos días Gayol:
    Amanece un lunes más y me encuentro con tus Nostalgias esperándome como un fabuloso regalo. Estuve el fin de semana en casa de mi hijo y no había visto mis correos.
    Que te puedo decir que no sepas. Mi más preciado anhelo fue siempre escribir, bueno, esto no lo sabias. Desde que tengo uso de razón hasta que abandoné mi Cuba fue como el aire que respiraba y no hubo día que no lo hiciera. Hace treinta años que no lo logro. Como un bloque de cemento la nostalgia me paralizó el alma. No se puede escribir sin alma. Hoy me encuentro con tus bellas pa labras y me digo: Dios esto es exactamente lo que yo hubiera escrito de poder. Y la nostalgia dio paso a las lágrimas. Te agradezco de corazón por la dulzura y sabiduría de tus palabras y por haberte encontrado.
    Gracias Gayol. Dios te bendiga.
    C

  11. Hola Manuel. Lo que me gusta de tus trabajos, especialmente éste, es tu manera tan mesurada de analizar la realidad cubana con sentimiento pero sin sentimentalismos. No es cuestión de llorar por lo que se fue. Es mirar con profundidad el vacío que representa emigrar o comprender la patria perdida que en realidad no existe y dividirla en parcelas generacionales para ser inclusivas. Es cierto que ya no hay la Cuba que añoraron los que ya se fueron o están en sus últimos días, ya no está siquiera la miserable etapa de los chicharos y la carne rusa. ¿QUé decir de los que han crecido en el llamado Período Especial? ¿Cómo sentir nuestro país en su grandeza cuando sólo lo han conocido en su desgracia? A fin de cuentas, les puede parecer para ellos que el mundo comenzó en 1959 porque si el paraíso es como un círculo del infierno, digo, algunos dirán que el pasado fue un infierno más destructivo. Gracias nuevamente por adentrarte en una problemática tan sensible como esta. Julio Benitez

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