La masacre de Fort Hood se podía evitar



Ha pasado una semana desde la masacre de Fort Hood. Dejando de lado la mesura política y el temor a la semántica, podemos decir que este fue un claro acto de terror. El jueves pasado, el psiquiatra del ejército Mayor Nidal Malik Hasan, fue formalmente acusado con 13 cargos de asesinato premeditado por el tiroteo en la base militar en Texas.

El 5 de noviembre y al grito de “Allahu Akbar” [Allah es grande], Hasan, de 39 años, abrió fuego en un centro de procesamiento de soldados en la base del ejército en Killeen, Texas, asesinando a 13 personas e hiriendo a otras 30. Disparó unos 100 tiros contra sus compañeros que se preparaban para su despliegue en Irak y Afganistán.

Hasan fue acusado y será juzgado en el sistema de corte-marcial militar, donde podría ser condenado a muerte o a cadena perpetua. Aunque este ha sido clasificado como el más grave tiroteo en una base militar estadounidense, los cargos no incluyen la palabra ‘terrorismo’. Hasta ahora.

Sin embargo, algunas de las líneas de investigación por parte de las autoridades incluyen comunicaciones con miembros de grupos terroristas y ayuda monetaria a éstos; frecuente actitud beligerante, defensiva y argumentativa en lo que respecta a la participación de Estados Unidos en los conflictos de Oriente Medio; discusiones fogosas en torno a su fe musulmana. Según informes preliminares, su defensa se prepara para explicar su pérdida de control como resultante de su miedo a ser enviado a Afganistán y de potenciales problemas psiquiátricos.

La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) ha dicho que proporcionó información al ejército que indicaba el intercambio de mensajes de correo electrónico entre Hasan y un reclutador de Al Qaeda en Yemen, quien anteriormente había sido Imam de la mezquita donde Hasan y sus familia rezan, pero el ejército lo ha negado.

Lo que nos ocupa es el recato de la administración de Obama en definir las acciones de Hasan como acto de terrorismo bajo el argumento de que ello se podría considerar como una satanización del Islam.  Muchos de los medios de comunicación tradicionales se hicieron eco de esta tendencia. El Instituto de Medios y Cultura encontró que tras la masacre sólo el 29% de los noticieros de las cadenas de televisión mencionaron la fe musulmana de tirador. El 93%  de las historias no mencionaron la palabra ‘terror’ o ‘terrorismo’. Sólo siete veces en 48 reportes se mencionó un posible vínculo con el terrorismo .

La semántica es ahora el temor de la Casa Blanca. Durante lo que suponía iba a ser un discurso exclusivamente para abordar la masacre de Fort Hood el Presidente Barack Obama utilizó sus primeros dos minutos para para difundir los derechos de los nativos americanos, antes de siquiera mencionar el desafortunado caso.

Resulta verdaderamente extraño cuando en medio de una tragedia nacional, un líder elige desviarse del tema central de tal manera. Obama fue muy directo al aconsejar al país que no deduzca ninguna conclusión inmediata, con tal de no ser acusado de discriminar a los musulmanes en Estados Unidos. Una vez más, la mesura política. Pero pese a las recomendaciones del presidente, no es difícil llegar a la conclusión de que Hasan es, en efecto, un extremista.

Un enfoque acertado sobre el terrorismo y la mesura política – el temor a la semántica- apareció en The Wall Street Journal, donde Daniel Henninger,dice lo siguiente:

“La razón por la cual erigimos un aparato de vigilancia e inteligencia en lo que algunos no quieren llamar la guerra contra el terrorismo, es evitar esta muerte y terrible tristeza”.

Henninger afirma que aunque nada ha sido más importante que las casi 3,000 muertes del 11 de septiembre de 2001, la actual ‘mesura política’ es parte del fracaso de las medidas de seguridad nacional, porque genera confusión. Explica el dilema que enfrentan los agentes de inteligencia o del FBI cuando al estar asignados a proporcionar protección, se enfrentan con la disyuntiva entre proteger a la nación y conservar la mesura política. En el caso de Hasan, el sentido común indica que ha llegado el momento de emitir un juicio y tomar acción. Pero se resisten, lo piensan dos y tres veces.

Después de la tragedia, dice Henninger, todos creen cree que los signos eran evidentes. Pero llama a no ser tan severos con los agentes de inteligencia que tal vez tuvieron esa información y la descartaron, porque simplemente imigaron lo que observaron en la clase política del Estados Unidos.

“En guerra, la  incertidumbre te mata. Lo acaba de hacer”, dice en su artículo Henninger. “Todo el mundo ha visto las imágenes de dolor inconsolable y los ataúdes de Fort Hood. Sólo una persona puede resolver la confusión que permitió que esto sucediera: el Presidente”.

En una actitud de deslinde de responsabilidades por el punto al que ha llegado la política de seguridad nacional respecto a las consideraciones a los derechos humanos y otras en la lista que asume respeto a la diversidad de todo tipo -incluyendo la religiosa-, Henninger menciona al Presidente como responsable de dar instrucciones a su procurador general para decidir si los funcionarios de la CIA que utilizaron el método de inmersión en agua [water-bording] para hacer confesar a Khalid Sheikh Mohammed, deben ser enjuiciados.

Sin duda el anterior es un ejemplo explícito que denota la política de seguridad nacional de la nueva administración. En ese sentido, Henninger nos lleva a recordar la escena cuando, hace dos semanas, Obama recibió 18 ataúdes enviados desde Afganistán, concluyendo que independientemente de lo que él decida, los musulmanes radicales seguirán en su intento de asesinar a cuantos estadounidenses les sea posible.

Pero, de acuerdo al análisis de Hennionger, Obama si tiene la opción de proteger al país en un nivel superior –al menos- de lo que lo estaba previo a la masacre de Fort Hood. Para ello, aconseja al presidente a hacer dos cosas:  dar la orden de la cancelación a la investigación de la CIA , y seguidamente, investigar a quienes teniendo la información sobre Hasan, no alertaron a tiempo.

Finalmente, Henninger concluye que aunque estas medidas serían reprobadas por su ‘base’ política, ello es irrelevante, ya que lo que vimos en Texas “fue mucho peor”.

En conclusión propia, puedo decir que, la matanza de Fort Hood no debe ser considerada como un crimen común, ni como la abrupta crisis psicológica de una víctima de estrés, sino como un claro acto de terror perpetrado por un terrorista doméstico dedicado a su Jihad, la guerra santa musulmana.

El Presidente puede seguir actuando en su terreno de la mesura política, mientras los fanáticos musulmanes continúan sus preparativos para asesinar a estadounidenses inocentes y a otros a quienes ellos llaman ‘infieles’, algo que consideran su misión en esta vida. Las evidencias, las alertas, las alarmas y advertencias sobre Hasan que circularon antes del ataque en Fort Hood deberían haber sido suficientes para impedirlaNo lo fueron debido a la línea de ‘mesura política’ dictada desde la más alta esfera de poder en el país. El desenlace de este trágico suceso también debería ser un signo de advertencia para que la Casa Blanca abandone su estado de mentalidad previa al 9-11.

3 Comments

  1. Gracias Manuel.
    No hay necesidad de disculparse. Su opinión añade plusvalía a lo aquí escrito pues frente a la carencia del sentido común hoy que caracteriza a muchos políticos, sólo queda hacer escuchar las voces de quienes nos atrevemos a cuestionar y a navegar contra esa absurda mesura política dictada desde ‘arriba’. En momentos de decisión es cuando se demuestra el liderazgo. No he visto al momento nada que se le parezca.
    Aprovecho para felicitarle por sus contribuciones en hispanicLA y ahora, por el acierto de echar a andar Palabra Abierta. Execlente.

  2. Es interesante este articulo, y siento que esta sucediendo algo como lo que analiza. Un psiquiatra como era este Hassan no se vuelve loco tan repentinamente. Y los indicios realmente mueven los vectores hacia un acto de terrorismo. Gracias Sarai

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  1. Bitacoras.com

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