Indultos y perdones son para los reyes

Luis Santos, asesinado el 4 de octubre de 2008, con una amiga.

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Luis Santos, asesinado el 4 de octubre de 2008, con una amiga.

El último acto de gobierno de Arnold Schwarzenegger fue conmutar la pena de, entre otros, Esteban Núñez. De 16 a siete años de prisión.

Núñez se había declarado culpable del homicidio voluntario de Luis Dos Santos el 4 de octubre de 2008 yluego  condenado el 25 de junio pasado. Quedaba pendiente una apelación.

La muerte del joven Dos Santos hubiese pasado probablemente desapercibida si no hubiese sido por lo siguiente: “De pronto, vienen a hablar conmigo, porque el hijo de una familia
poderosa podría ser el asesino. Antes mi hijo no era nadie”. Quien así habla es Fred Dos Santos, el padre de la víctima.

La “familia poderosa” a la que hace referencia era la del hasta hacía poco Presidente de la
Asamblea de California, el influyente latino de Los Angeles Fabián Núñez.

Que Esteban fuese el hijo de Fabián creó una nueva narrativa, separada de la original.

Criticamos al padre por los hechos del hijo. Cuando amigos del padre – también poderosos – como el alcalde de Los Angeles Antonio Villaraigosa – intercedieron por el hijo, también los criticamos.

Cuando el juez Robert O’Neill sentenció a Núñez a la misma pena que a Ryan Jett, que es quien mató a Luis, y le dió el máximo castigo aplicable, lo aplaudimos por rechazar la presión pública, la intercesión y el favoritismo político. O’Neill explicó que las acciones de encubrimiento de Núñez  después del acto y su liderazgo en su transcurso ameritaron la pena máxima. Otro juez, David Szumowski , redujo el BAIL de dos a un millón de dólares y permitió al acusado permanecer en libertad hasta el juicio.
Y ahora que Schwarzenegger rebajó la pena, volvimos a criticar a todos ellos.

“Nada me va a devolver a mi hijo. Unos extraños lo mataron. Hubo una pelea y lo asesinaron”,  dijo el padre de Luis.

El 22 de diciembre de 2008 publiqué en La Opinión la columna “Los dos padres”, sobre la muerte de Luis Dos Santos y la acusación contra Núñez. Allí escribí que “la publicidad y el hecho de ser su padre una figura pública obraron contra él”.

El indulto parcial concedido por Schwarzenegger generó condenas justificadas.
Pero también las generan la ley de Tres Faltas y Fuera que lleva a decenas de miles de personas a la cadena perpetua por delitos que no la ameritan.

“Hay 4,000 presos condenados por esta ley… por delitos contra la propiedad, no violentos. Algunos de ellos han pasado más de 17 años en prisión”, dijo una activista a La Opinión.

Para ellos, no hay indulto.

Según fuentes periodísticas hay 3,381 personas en las cárceles por homicidio voluntario – el delito de Núñez. Quizás haya entre ellos, cincuenta, treinta, diez justos.

A ellos no los perdonan.

Miles, durante el periplo de Schwarzenegger, inundaron sus oficinas de súplicas por una audiencia de indulto. ¡Cinco minutos!

A ellos no les fue concedida.

¿Qué nos recuerda ésto? Si, a un rey.

Las leyes de la clemencia, casi universales, y que aquí incluyen al Presidente -para delitos federales-  y los gobernadores, otorgan a funcionarios electos el poder de superjueces. Sin dar explicaciones ni rendir cuentas, sin apelación, en el último respiro de sus gobierno para no ser sujetos a la crítica, los gobernantes sacan de la cárcel a quien ellos quieran. Como los monarcas más absolutistas. Muchas veces ha sido ésta la justicia para los ricos, los prominentes, los “bien conectados”. Sirve para saldar cuentas, terminar un conflicto
político, e incluso agradecer a un donante.

Así, los presidentes pueden conmutar penas a otras más leves, otorgar amnistía, perdones condicionales, cancelar multas… todo amparado por el artículo II de la Constitución.
En este espectáculo casi circense a los gobernantes de marras los pintan magnánimos, benevolentes, amables. Schwarzenegger tuvo 10 indultos; Ronald Reagan, como gobernador, 17. O por el contrario, imparciales, justos, estrictos, si se niegan a otorgar los perdones, como Gray Davis o George Deukmejian.

Y así es como se pintó, año tras año, el mismo Schwarzenegger cuando las peticiones versaban sobre delitos de violencia. Rechazo absoluto.

El derecho a la clemencia invita a una interpretación selectiva, arbitraria y necesariamente discriminatoria de la justicia.

No por nada existen limitaciones en la constitución californiana. Por ejemplo, un gobernador no puede perdonar a un criminal reincidente sin el visto bueno de la mayoría en la Suprema Corte estatal.

Pero ahora propongo una aproximación adicional. Recordemos a la víctima que desarmado enfrentó a cuatro matones y el indescriptible horror de sus últimos momentos. Vayamos al sitio que erigieron los amigos de este niño: inmemoryofluissantos.com. Las fotos muestran un chico amado, popular.  Las decenas de comentarios hasta hoy lo evocan. ‘Happy Birthday, Lu’, le dicen el 27 de junio. Veamos cómo hablaba de él su padre: “Es un muchacho popular. Quiere ser agente de bienes raíces.” Como si estuviese vivo.

Así escribí en 2008 sobre el caso y como padre de cuatro: En nuestra sociedad, los padres estamos limitados a la hora de guiar a los hijos. Vivimos entre el temor de hacerlos dependientes y el de verlos partir sin suficientes defensas. Competimos contra fuerzas poderosas: el éxito como valor supremo, el consumismo, la violencia glorificada, el enmascaramiento de la realidad económica y el sinsentido como principio de gobierno. Cuando se van de casa nos palpita el corazón.

Y nada decimos.

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