Hablemos del impuesto inmobiliario

Mi padre, que en paz descanse, fue un sabio; aunque su educación escolar estuviese limitada a los seis primeros años de primaria. Era un hombre que leía mucho y que tenía luces propias. Aún estando alzados los rebeldes, él fue quien primero avizoró, dentro del círculo de familiares y amigos, la desgracia que le vendría encima a Cuba, con el advenimiento de la revolución de Castro. Por él aprendí un oficio e innumerables habilidades, así como de él es también esta frase:

Los políticos son más falsos que una peseta de plomo.

En días pasados recibí una llamada de un amigo y colega, que me comentaba acerca de la intención de algunos alcaldes, comisionados y comparsa, de aumentar la recaudación del impuesto inmobiliario, eliminado la excepción existente, la cual favorece a quienes han permanecido por más de diez años residiendo en sus viviendas, para lo cual deben llevar la propuesta a las urnas para el próximo noviembre.

Mi amigo insistía en que van a confundir a los votantes con enmiendas truculentas, amañadas y difíciles de comprender, y que de ello solamente se beneficiarán algunos envidiosos y desde luego, los políticos que tendrán la posibilidad de recaudar más impuestos para no ver afectados los puestos de sus protegidos, sus salarios y sus viáticos.

En cambio, aquellas personas que solamente cuentan con entradas fijas, verán sacudidos sus presupuestos y desajustada su forma de vivir; pudiendo esto conducir a muchas personas a enfrentar desastres económicos, desestabilización emocional y desde luego, a lidiar con enfermedades oportunistas, las cuales siempre están al acecho y dispuestas a atacar ante cualquier baja de las defensas del organismo.

Intercambiando impresiones, llegamos a la conclusión que se debía hacer algo para que todos estuviesen alertas sobre este nuevo zarpazo, que pretenden dar algunos funcionarios públicos a la población, y sobre todo a las personas comprendidas en la tercera edad.

Antes de subir impuestos, lo cual, potencialmente, puede arruinar el resto de las vidas de aquellos que ya dieron lo mejor de sí, en sus años laborales, y que ahora gozan de una merecida jubilación, considero que deben revisarse algunos planes, programas, gastos y salarios, en aquellas administraciones públicas que solo piensan en demandar más de sus contribuyentes; y si algún funcionario público no sabe cómo administrar un municipio o un condado, pues le aconsejo que se dé un viajecito a Hialeah y le solicite al alcalde Julio Robaina que le explique cómo se administra una ciudad y se ajusta un presupuesto sin aumentar el impuesto inmobiliario, ni perjudicar a sus residentes; y que conste: no soy familiar, ni amigo íntimo, ni le debo favores especiales al alcalde Robaina; pero al Cesar, lo que es del Cesar.

Para terminar quisiera decirle a mi amigo que no se desaliente, que piense que aún quedan políticos que sí reconocen que son elegidos para servir a quienes los eligen y cuidan de los intereses de los mismos; aunque muchos otros lamentablemente encajen en la descripción que daba mi padre: “Los políticos son más falsos que una peseta de plomo.”

J. A. “Tony” Ruano es autor del libro
“Bienes raíces. Manual práctico de compra,
venta y administración. tony@ruanobrokers.com