Gay verdadero, gay falso

Claudia y Pedro, turistas en la ciudad de Nueva York, llegaron desde Ecuador gracias a una beca de un mes pagada por una escuela de arquitectura de Quito. Difícil se les hace dejar la ciudad después de tres semanas de cursos intensivos de observación de la ciudad maqueta, hospedaje en una pensión de medio pelo de la Octava Avenida, y reportajes diarios por Facebook despertando la envidia de sus compañeros en Quito. La estadía, obvio, se alarga cuando Pedro es conquistado por Charlie, un ex actor de películas policiales entrado en años y boricua que vive en el Village. Prendado de su cara milenaria con corte de ninja está Michael, el cual no sabe que ellos son novios y les ofrece, tamaña sorpresa, alojamiento gratis, bueno, gratis a medias, previo sacrificio de Pedro que toma el juego de Charlie como una aventurilla y convence a Claudia que no hacen nada tras la puerta cerrada. Charlie ofrece cama, pero no comida. Por el día cuando éste trabaja los deja en la calle (teme robos) y la pareja que no es sale a recorrer la ciudad. Pasan los días, las semanas y se les acaba el dinero. Seleccionan una lista de restaurantes “cash only” . Fingen leer el menú, les traen el pan que engullen rápidamente. Cuando lo terminan de leer se dan cuenta, oh sorpresa, que no tienen cash para pagar. Entonces se disculpan y se van al próximo restaurante pero piden vino. Pasan tres meses comiendo y viviendo gratis, hasta que Michael sorprende a Pedro besando a Claudia…

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