Fe y religión en los migrantes

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La vida de un migrante no es fácil. Cuando una persona decide dejar su tierra para irse a otro país en búsqueda de oportunidades, irremediablemente tendrá que asumir una serie de retos para adaptarse a su nuevo entorno. Por ejemplo, asimilar la lejanía de la tierra y los seres queridos, enfrentar las condiciones adversas y las limitadas oportunidades de desarrollo. Además, uno de los factores que más tiene presencia en ese proceso de adaptación del migrante, es la estabilidad emocional.

La problemática migrante es tan amplia, que se requiere una observación precisa y con detenimiento; lamentablemente, la experiencia y la historia, nos señalan que los gobiernos involucrados en los fenómenos de migración, son los que menos acciones tienen para favorecer a sus ciudadanos.

Por esa razón, han emergido otros actores sociales que están realizando acciones en beneficio de los migrantes. Por ejemplo, las iglesias y las universiades como instituciones sociales y agentes de cambio, han jugado un papel fundamental en el desarrollo de acciones concretas y tangibles que apoyen la dolorosa vida del migrante.

Conozco el trabajo del Colegio de Estudios de Posgrado de la Loyola University Chicago, que junto con la Universidad Iberoamericana ciudad de México y la organización Caridades Católicas de inspiración jesuita, desarrollaron en el 2007, la investigación: Faith and the catholic church as protective factors for mexican migrant families: a transnational study. Este proyecto tuvo un éxito importante en la ciudad de Los Angeles. Básicamente consistió en brindar apoyo emocional, colaborar en la preparación de comida, empacar despensas, guardar ropa de donaciones y ayudar en la traducción de documentos relacionados con los derechos de los migrantes.

En este trabajo de investigación se encontró que en todo momento, en la vivencia del migrante existen dos variables: la religión y la fe. Por ejemplo, cuando a la bandera le quitaban el escudo nacional para sustituirlo con la imagen de la virgen de Guadalupe, o cuando se tatuaba la imagen de la Virgen del Tepeyac en algún lugar del cuerpo.

Desde luego, esto fue útil para comprender mejor el pensamiento mágico donde los mexicanos migrantes usan estos símbolos como factores de protección, y sólo así, se entiende que cuando emprenden el camino hacia Estados Unidos se persignan, rezan y cruzan el desierto amparados en la protección de su fe y religión, perfilándose a cosas tan desafiantes como poner en riesgo su vida en la búsqueda de un sueño americano que en la mayoría de los casos es muy difícil de alcanzar.

Si bien el fenómeno de la migración se puede abordar desde diversas disciplinas como es el caso de su condición de origen por causas económicas, la psicología juega un papel muy importante en todos los sentidos; la percepción en el desarrollo personal de cada uno de los integrantes de la familia, impacta en los roles sociales, en su dinámica, pero también en los factores de fe y religión. Esto se traduce como una necesidad de no perder de vista la parte emocional, es decir, no se debe ver al migrante como el número de una estadística que manda la remesa a su ciudad de origen, sino que debemos considerarlo como una persona que siente y piensa y que tiene una familia que lo extraña.  Al mismo tiempo, lo necesita trabajando fuera del país, porque su trabajo representa el único ingreso económico de la familia.

La estructura tradicional de la familia: papá, mamá e hijos, se ve impactada en la familia migrante. Tanto que, por ejemplo, los niños crecen con esa cercanía del padre distante. La madre cumple con la función de soporte emocional introyectando en los hijos la figura del padre como aquel que gracias a su trabajo se tienen recursos para comer, para la educación y que por ello, es un hombre valiente que los quiere mucho. Pese a todo, hay que acentuar que los niños finalmente lo extrañan.

La comunidad migrantes, necesita ser revalorada cuanto antes. El gobierno de Estados Unidos vive la paradoja social de prohibir y rechazar lo que más consume y necesita. Por su parte, el gobierno mexicano debe aplicarse en establecer los cimientos que edifiquen una reforma migratoria que beneficie a quienes con todo el dolor en el corazón cruzan el Río Bravo.

Twitter: @juajosesolis

Juan Jose Solis

Juan José Solis Delgado
(Ciudad de México, 1973) Es licenciado en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Cursó estudios de Economía en la UAM-I. Tiene un diplomado en creación literaria por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Cuenta con una especialidad en Desarrollo de Habilidades Docentes por la Universidad Tecnológica de México y cursó la maestría en Comunicación en la Universidad Iberoamericana, especializándose en la comunicación política.
Por más de 12 años ha trabajado como productor y locutor de radio en emisoras como Radiofórmula, Cambio 1440, Radio Capital, Radiorama y ABC Radio.
Ha sido coordinador de producción en programas de televisión en las empresas Televisa y Tv Azteca.
Ha sido responsable de la Comunicación Social de la Subprocuraduría de Justiticia del Estado de México sede en Tlalnepantla.
Fue coordinador de comunicación social en campañas políticas en las elecciones federales intermedias del 2003.
En el campo editorial, se desempeñó como Director Editorial y editor responsable de la revista Alas de papel de Editorial Noctua.
También ha laborado como docente en diversas instituciones de educación superior, como la Universidad de la Comunicación, la Universidad del Claustro de Sor Juana, la Universidad Tecnológica de México y actualmente en Escuela de Periodismo "Carlos Septién García" y en la Universidad Iberoamericana.
Su principal afición es la lectura y en particular las novelas de escritores iberoamericanos. Sus autores favoritos son Mario Vargas Llosa y Juan Carlos Onetti.
Actualmente está encargado de la difusión de la investigación en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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