En la vida real, Facebook es solo un espejo

Leemos que en las revoluciones en Túnez y Egipto,  Facebook, YouTube y Twitter tuvieron una “participación decisiva”.
El énfasis en su importancia se demostró cuando el gobierno anterior cortó temporariamente su transmisión en todo el país.

El ciberespacio, como ya sabemos, puede incrementar la participación política.

En 2008, centenares de miles se movilizaron en Colombia contra las FARC por intermedio de Facebook.

Sí, reconozcamos la importancia demostrada por los nuevos medios de comunicación transmitidos por internet; su inserción entre los ya reconocidos como la prensa escrita, la radio y la televisión. Democratizaron y descentralizaron la comunicación: un sitio de internet creado por un joven de 18 puede compararse a un portal gigantesco manufacturado por una corporación internacional. Un teléfono celular de cincuenta pesos con cámara, en manos de un manifestante que transmite imágenes de una protesta es igual al camión que carga un estudio de TV a un costo de millones de dólares.

Muchos usan “los medios” para la diseminación programática, política, de ideas. En otros casos, para simplemente difusión de una publicación impresa, o un sitio de internet, o un producto comercial.
Para otros, su participación en Facebook, Twitter et al son manifestaciones de soledad y narcisismo. Un actor, James Franco, lo parodia cuando envía mensajes de texto desde su celular presenta los premios Oscar en Hollywood ante mil millones de telespectadores.
Un fan del equipo Lakers de básquetbol sentado en la primera y costosísima fila del estadio está tan ocupado “texteando” que no atina a ver al jugador que persigue el balón y lo arrolla, con teléfono, café y todo.

Un estudio en cyberpsicología de la universidad de York en Canadá determina que “los narcisistas y aquellos con baja estima” usan más Facebook.

Otros estudios enfatizan lo superficial de las relaciones así establecidas. En sus casos Facebook no es El Diario de Ana Frank, sino el diario de un espejo de sus vidas. Al mismo tiempo, contribuyen al derrumbe de las barreras de la información personal. A ningún desconocido en la calle le daríamos tanta información personal, incluyendo fotos, gustos, pensamientos, relaciones, pero lo hacemos frenéticamente en línea… quizás en nuestra sed lúdica creemos que al otro lado de este lado no hay nadie, que todo este cúmulo de “amigos” y “fans” son otros tantos personajes de novela, virtuales, inexistentes.
La línea separatoria entre narcisismo y participación es tenue y discontinua. Las mismas personas describen a la mañana su desayuno — y reciben treinta comentarios de aprobación de gente parecida — y a la tarde convocan a una marcha.
Aquí, en Los Angeles, recibo continuamente por estos medios invitaciones a eventos sociales y políticos, culturales y religiosos. Aunque son solamente una fracción del océano de expresiones individualistas, son poderosas y ayudan en la movilización de los diversos grupos.
La gente de la UFW – el sindicato de campesinos – solicita ayudarlos a llegar a doce mil “me gusta” y arenga: “¡Si Se Puede!”
Una página de antiinmigrantes pide apoyo para su asambleísta en Sacramento en su lucha contra los “ilegales”.
Una bloguera angelina revela con justa indignación que alguien en Koreatown le atacó por querer almorzar en un “restaurante ilegal”, queriendo decir, de comida mexicana. Se denuncia el racismo, el sexismo, la idiotez.

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Me integran a grupos cuyos objetivos son juntar un millón de voces para… diversas y a menudo contradictorias causas.

Me invitan a conciertos de salsa; otro aviso promociona audiencias para chicas de 14 a 17 que quieran cantar y bailar en un grupo musical.
El grupo Moratoria a las deportaciones anuncia una marcha en la plaza de la liberación, pero no Mïdän at Tahrǐr de El Cairo, sino la de Chicago, Illinois.

(Pero la cantidad de información es abrumadora. En cierto nivel, no alcanzan las 24 horas del día para atender a nuestros amigos virtuales, desconocidos, lejanos. Nos sigue llamando ese canto de sirenas y nos zambullimos en el dulce intercambio de los “me gusta”. Desaparecemos en la pantalla. Tengo 1,137 mensajes, 140 invitaciones y 633 sugerencias de páginas. Sin leer.)

En suma, como dice un estudio de la Universidad de Salzburg el ciberespacio no está separado de la vida real, sino que meramente refleja, describe, las estructuras sociales ya existentes transferidas al espacio virtual y viceversa. No inventa la realidad: la devuelve… narcisísticamente. Para que quede claro: las protestas que derribaron a Mubarak no tuvieron lugar en un sitio de internet, en el éter, visto desde la comodidad de su hogar, sino en la vida real, en las calles. Donde duele.

2 Comments

  1. Gracias Flor Marina, es muy estimulante leer un comentario como el tuyo. El caso es que se ha estado teniendo problemas técnicos, porque se está tratando de que Palabra Abierta sea en lo adelante una publicación aparte; quiero decir como revista y no como suplemento. Pero realmente los problemas son difíciles tanto en lo técnico como en lo económico, pero te aseguro que se resolverán. Tan pronto se pueda -espero que no demore mucho- Palabra Abierta volverá a estar on line. Gracias mil por tu interés y te deseo las mejores cosas del mundo. Un abrazo Manuel

  2. Es grato recibir el boletín de este valioso periódico virtual que tantos temas de interés publica.Así nos mantenemos despiertos sobre lo que pasa en nuestro continente.
    Sin embargo hay algo que me preocupa: no he vuelto a encontrar Palabra Abierta.Qué pasó? Sería lamentable perder esta revista de gran valor cultural y artístico, aún sabiendo que para ustedes como realizadores de este proyecto es una labor titánica sostenerlo, es algo que ha valido la pena.Espero volver a leer Palabra Abierta.
    Cordial saludo a Manuel Gayol.

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