Elecciones chilenas: La disolución de un arreglín mediático

La sorpresa marcó las elecciones presidenciales chilenas del 19 de noviembre. Sorpresa, por cuanto las principales encuestadoras erraron abismalmente en sus pronósticos. Incluso la del sobrevalorado Centro de Estudios Públicos, de donde extrae su abecedario la oligarquía económica chilena.
Subsiste la sensación de que se cocinaba un arreglín mediático, la colusión de una posverdad de laboratorio para engañar a la ciudadanía, una especie de golpe de Estado sutil y anticipado a la opinión pública instalando a los cuatro vientos la sensación de inminencia de un triunfo arrasador del piñerismo. No fueron pocos los que hablaron de un asunto zanjado que se determinaría en primera vuelta. Hay quienes afirman que fue solo rastrerismo de los grandes medios chilenos ante el advenimiento del más probable patrón. Rastrerismo vergonzoso de los periodistas que acariciaban con guante de seda al candidato Piñera, sin jamás enrostrarle imputaciones judiciales, paraísos fiscales, atentados a la ética ni chanchullos de la más variada índole. Los grandes medios internacionales, siempre tan prestos a difundir las versiones de derecha, ya se referían al candidato Piñera como presidente Piñera, y remarcaban con particular saña el derrumbe del progresismo chileno.
Pero la elección sinceró las cosas y dio al tacho del basurero con tan asquerosa y monumental maniobra. La alta votación de la candidata del izquierdista Frente Amplio, Beatriz Sánchez, que obtuvo el 20,27%, junto a 20 diputados y un senador, rompió todas las expectativas y desordenó el tablero eleccionario. Las encuestadoras le auguraban un 9% como máximo, ninguneándola como mujer, burlándose de su capacidad de convocatoria, despreciando su discurso por utópico.
Hoy se parte de cero. El otro candidato de la izquierda, Alejandro Guillier, que con su 22,70% logró pasar a segunda vuelta, tiene altas posibilidades de erigirse en el próximo presidente de Chile, si es que logra sumar las votaciones de los otros candidatos progresistas. Y Piñera, el derechista Piñera, motejado de güiña o piraña por sus opositores, deberá echar mano a sombreros de mago, sobajeos de pobres y toneladas de promesas para alcanzar la tan anhelada primera magistratura de la nación.

Be the first to comment

Deja un comentario