El Sendero de los Sueños: la primera semana

1 de enero de 2010: ¡Largamos!

Ni bien suceden, no nos damos cuenta de la magnitud de los cambios en nuestras vidas. Pero hoy sí me dí cuenta de que fue uno de esos momentos de cambio para mí, mis amigos y todos quienes estuvimos presentes en el lanzamiento del Sendero de los Sueños, en la Torre de la Libertad en Miami.

Todavía no sé qué pensar ni qué siento respecto a este drástico cambio en mi vida.

Recuerdo un día a comienzos de noviembre, cuando llegué a mi casa totalmente frustrado y deprimido por la situación por la que atraviesan los inmigrantes, por las vidas de practicamente todas las comunidades de color del mundo, y también recuerdo las ganas que sentí de ponerme los zapatos y comenzar a caminar en una travesía por su liberación.

“Me voy”, le dije a Felipe. “No puedo quedarme aquí, sin hacer nada, hasta que me den una respuesta, esperando que quizás algún día alguien escuche mi pregunta. No puedo quedarme aquí y seguir mis ciclos diarios actuando como si esta manera de vivir fuera soportable o razonable. No es ni lo uno ni lo otro. Perder a aquellos que amamos es siempre insoportable. Lo mismo es despertarse una mañana y saber que miembros de nuestras comunidades han desaparecidos, porque vinieron a buscarlos a medianoche aquellos que pretenden velar por la “seguridad” de nuestras comunidades.

“¿Vendrás conmigo? Hemos trabajado juntos por años; nos juramos mutuamente llevar esta batalla hasta el final. Entonces, ¿puedo confiar en tí en que vendrás conmigo?”

Como si hubiese sido ayer, recuerdo que así le hablé a Felipe mientras salía corriendo por la puerta abierta y sentía cómo mi corazón latía más fuertemente desde que pude expresar con honestidad mi amor por mi padre.

¿Quién hubiese pensado que un día me despertaría en las gradas de la Torre de la Libertad, a punto de partir? ¿Quién hubiese pensado que caminar sería una experiencia tan poderosamente simbólica en mi existencia?

Definitivamente, esto es muy difícil: las distancias son largas, la presión mucha, pero me fortalece y conforta la energía de mis hermanos y hermanas en esta lucha, en la que mantenemos nuestras cabezas en alto mientras marchamos bajo el calor de Florida y la lluvia inesperada, mientras mantenemos nuestra fe intacta y mientras conservamos nuestras fuerzas al cantar al unísono que “quienes creen en la libertad no pueden descansar hasta que ésta llegue”.

Fue un día hermoso. Hermoso darme cuenta que la lucha de mi familia y mi comunidad en este pais no ha sido en vano porque aunque muchos no pudieron continuar por el sendero, nosotros seguimos mordiendo nuestros labios sangrientos, hinchados, con la certeza de que es posible cambiar los corazones de la gente mediante el amor. Es posible unirse en solidaridad y es posible vencer el patriarcado, la xenofobia, el racismo. Es posible coexistir sin necesidad de la violencia.

Feliz Año Nuevo, América, Humanidad, Eternidad…

Ha iniciado una nueva historia, forjada por tu compromiso de mantener vivos nuestros valores mientras seguimos marchando y avanzando.

Debemos respetar los derechos de los trabajadores.

Debemos asegurar un acceso equitativo a la educación.

Debemos lograr una vía justa y humana que desemboque en la naturalización.

Debemos proteger los lazos sagrados y la unidad de nuestras familias.

Juan Rodríguez
Caminante, Sendero de los Sueños

Dedicado a Jenny, de Ayune por Nuestras Familias, con quien caminamos en este día. Mantén la fe, Jenny. Llevamos nuestras historias conjuntas y nuestra pasión en los corazones.

3 de enero: Ampollas por todas partes

Fort Lauderdale, Florida

Ayer al dejar nuestro pueblo, amigos y familiares detrás nuestro vertimos muchas lágrimas.

Hoy confrontamos un tipo diferente de dolor: el de nuestros pies. ¡Casi nos matan! Tengo una ampolla gigantesca en el dedo meñique, tan grande que parecería que mi dedo creció al doble. ¡No me río! El dolor comenzó la primera vez que marchamos la distancia que en realidad vamos a tener que caminar cada día, unas 17 millas o 27 kilómetros. Los zapatos de hecho no nos ayudan. Al contrario. Lo hacen peor. Y eso que mi cuerpo ya estaba dolorido, de los pies a la cabeza, porque había tenido que renunciar a mi única adicción: el café.

En un momento en que me sentía desorientado y frustrado, porque nos habíamos extraviado, llegó un mensaje de texto muy especial. Eran los compañeros que estaban ayunando, diciéndonos que estábamos en sus corazones y deseándonos que seámos fuertes. Me acordé de mis amigos allí en Homestead y el sacrificio que estaban realizando. Una vez más me sentí parte de una gran lucha. Abrí los ojos para ver los momentos hermosos, como el de mi querido amigo Daniel, aquel que me ayudó a llegar al colegio comunitario, cuando llegó para compartir el día conmigo.

Los ojos de Juan brillaban de una manera extraordinaria cuando llegamos a lo que había sido su escuela secundaria. Y qué increíble que fue ver a Florencia, la joven que hallamos a la entrada de Hollywood, cuando contaba su sueño de llegar a una escuela de derecho.

Estas son las verdaderas razones por las cuales tomé esta difícil decisión de caminar 2.400 kilómetros. Es por esto que aunque estoy cansado y lastimado, voy a dormir feliz esta noche. ¡Hemos logrado nuestro objetivo! Cantamos y compartimos momentos felices pero, más importante eso, la comunidad nos expresó que lo que estamos haciendo es extremamente importante para ellos. Nos solidarizamos con Sebastián, uno de los que están ayunando en Homestead. Decidió ayunar porque sabe que necesitamos un cambio y que ese cambio tiene que sobrevenir ya, ahora. Nuestros espíritus apoyan las aspiraciones de aquellos que ayunan y de la comunidad tienen. Las estamos trayendo con nosotros a Washington DC.

Felipe

4 de enero:  ¡La fe sin obras está muerta!

Dedico la marcha de hoy a mi querido amigo Wilfredo, un ciudadano estadounidense nacido en Puerto Rico, que en estos momentos está ayunando por la causa. Wilfredo, tú siempre logras poner una sonrisa en mi cara. ¡Gracias por inspirarnos!

Hoy mientras caminábamos escuché la voz de la comunidad a mi alrededor, de la gente que nos apoya. Sus palabras de aliento me recuerdan una vez más mis razones para la marcha. Como mujer de fe, creo que Dios nos ordena luchar por la paz y por la justicia. Para que ello dé resultados nuestras acciones deben estar combinadas con nuestra fe.

El dueño de una pequeña panadería brasileña le dijo a Felipe: “tú estás haciendo lo correcto. A diferencia de otros, que solamente se quejan, tú actúas, tú haces algo y por eso, yo te apoyo”.

A lo largo del camino pasaremos momentos de gran dificultad. No obstante, sabemos que si conservamos una actitud positiva seremos capaces de lograr cualquier cosa que nos propongamos. Esta marcha es una marcha por la fe. Muchos de nosotros hemos dado tanto de nosotros mismos porque sabemos, fehacientemente, que lo que haremos tendrá una repercusión tal que influirá sobre personas en todo el mundo. En periódicos de todos los continentes están publicando historias sobre esto que estamos haciendo y la gente nos envía mensajes de apoyo desde Europa prometiendo caminarán a la embajada de Estados Unidos en solidaridad con nosotros.

Entonces, mientras que en nuestra marcha diaria recolectamos las aspiraciones de la gente, te pregunto a tí: ¿qué estás tú dispuesto a hacer para asegurarte que tu fe no está muerta? ¿Cómo harás de tus sueños una realidad?

Gaby Pacheco, caminante.

Santiago 2:14-17

La fe sin obras está muerta

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarlo? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y saciaos”, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?  17 Así también la fe, si no tiene obras, está completamente muerta.

4 y 5 de enero: nos rascamos las espaldas

Ayer, lamentablemente, nuestro grupo tuvo que dividirse. Gaby y Carlos volvieron a Miami para recoger nuestro auto caravana y comprar zapatos nuevos, mientras que Felipe y yo nos quedamos en Boynton Beach para ver a un pedicuro.

Por lo que parece, Gaby y Carlos tuvieron un día intenso, organizando y limpiando el vehículo para que pueda estar a nuestra disposición en caso de emergencia.

Felipe fue al pedicuro durante la mañana mientras yo visitaba al senador estatal Ted Deutch. La reunión con Deutch fue realmente buena: lo grabé mientras expresaba su aspiración de asegurar oportunidades educativas para la juventud en todo Estados Unidos y de hacer algo para que las familias no tengan que seguir viviendo atemorizadas. De allí fui a las oficinas de Ron Klein y también allí compartí mi historia y las razones por las cuales es necesario reformar nuestro fallido sistema migratorio.

Al regreso, Felipe me contó sobre su cita con el pedicuro, que le ordenó picar la ampolla con una aguja estéril y curarla con algo que se llama “nueva piel”, que hace las veces de venda líquida, revestida con triple antibióticos, que ayuda a curar las ampollas pinchadas muy rápidamente. De hecho, la ampolla de Felipe ya casi se curó completamente. Pero ahora es Gaby la que tiene una ampolla.

Toda esta experiencia es conmovedora. Cuando yo era pequeño mi tía me decía que es muy facil recorrer la vida ofreciendo “lavar los pies” a la gente, como en la Biblia, pero que eso no significa nada si uno no les permite a otros lavarle sus propios pies. Lo recordé porque a lo largo de esta travesía, seguimos haciendo todo para cuidarnos mutuamente.

Andrea nos menciona a cada hora que prestemos atención a los talones y que los tengamos protegidos, Felipe repite que nos cambiemos los calcetines para reducir la humedad, Gaby simplemente comparte su amor con todos y yo ayudo al tratamiento de las ampollas… Uno no hace este tipo de cosas para cualquiera. Es que realmente los quiero mucho a todos ellos, con todo mi corazón. A veces nos ponemos muy nerviosos y nos decimos palabras ofensivas, pero solo porque estamos tan preocupados uno del otro. De hecho, en este mismo momento Felipe y Andrea me están regañando porque estoy blogeando en lugar de completar mis horas de sueño.

Cuando nuestras acciones están directamente relacionadas con las emociones y el bienestar de los miembros de tu equipo se crean situaciones interesantes a la vez que difíciles. Me afectan las acciones y palabras de Carlos, y me siento muy cercano a nuestra historiadora, Eva. Somos una familia, y esta travesía es en gran medida un intento de enseñar a la gente a construir familias, colectividades, vínculos emocionales.

Entonces, por respeto a mis compañeros, que quieren lo mejor para mí con todo su alma y sin los cuales no estoy seguro de poder completar mis 27 kilómetros diarios, me voy a dormir.

Antes quiero dedicarles este blog en particular a ellos: a nuestra directora de proyecto Meagan, que no descansa hasta no tener listo todo lo que necesitamos para seguir adelante; a María, que nos crió como si fuese nuestra madre en este movimiento, y a todos aquellos que hemos encontrado en este recorrido y quienes contribuyeron a nuestras metas con refugio, dinero para alimentos y provisiones.

Los quiero mucho a todos.

Juan Rodríguez

7 de enero: La risa nos hace continuar

Hoy, 7 de enero de 2010, celebramos el día de SWER. ¡Esta es nuestra segunda proclamación! Para todos ustedes, los soñadores, los miembros de SWER, felicidades por todo su arduo trabajo y su dedicación. Y aunque todavía no hemos llegado a Washington DC, no duden que llegaremos y que cuando lleguemos, las celebraciones serán aún mayores.

En nuestra marcha diaria lo que nos hace posible seguir adelante es… la risa. De modo que hoy vamos a compartir con ustedes un par de términos del léxico del Sendero de los Sueños que estamos utilizando:

Roa Roa el explorador: es es Carlos

Stop: se grita cuando alguien se está atando los cordones del zapato, un automóvil se aproxima o bien:

Ardilla: alguien no está prestando atención.

Diego: ese es Felipe

Cada vez que necesitamos algo del morral cantamos la canción del morral de Dora.

Hola, soy Carlos. ¡Por fin puedo bloguear!

Antes de empezar, quiero que todos sepan que esta caminata será uno de los eventos más importantes de 2010 en todo el mundo.

Hasta ahora hemos compartido nuestras experiencias con otros excursionistas de todo tipo han sido positivas. Y hoy, en el octavo día de nuestra marcha, la iniciamos a las 7:30 de la mañana desde el Centro de Trabajadores El Sol en Jupiter, Florida. Unas 70 personas caminaron con nosotros durante la mañana, en su mayoría jornaleros de Guatemala. No puedo describir mis sentimientos de gratitud y humildad al compartir la senda con estos trabajadores, cuyas voces han callado por tanto tiempo y que son tan maltratados y desgastados por el sistema migratorio y por el odio existencial que existe en nuestra sociedad contra ellos.

Pude entablar conversaciones con varios de ellos, quienes me contaron de sus luchas y de su perseverancia. Una y otra vez, mis ojos se llenaron de lágrimas. No pude sino recordar lo que tuvo que sufrir mi padre cuando debía caminar a todas partes para buscar trabajo, porque trataba por todos los medios de alimentar a su familia y sufría esas condiciones con tal que sus hijos tengan un futuro mejor que el de él. No  pude sino pensar en la injusta imagen que se proyecta de los inmigrantes en este país. La caminata de hoy fue un buen recordatorio de la razón por la cual estamos haciendo lo que hacemos y para quién lo estamos haciendo.

La historia de Juan

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