El Pueblo Mapuche, un problema político permanente para el Estado de Chile

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Entre el reivindicacionismo y la redefinición conceptual

El pasado a menudo se hace presente. Casi a diario nos informamos de nuevos pormenores del conflicto entre grupos autoidentificados como mapuches por un lado y propietarios de tierras y empresas forestales en la región de la Araucanía por el otro. Es un conflicto visible, recurrente y a ratos violento.

Múltiples actores sociales actúan en nombre de una misma causa, el problema mapuche, enarbolando discursos en que se percibe una carga de subjetividad y pasión desbordada.

Grupos mapuches o promapuches elaboran discursos y acciones, disímiles en sus fines, en ocasiones pacíficos y en otras violentos, pero en su mayoría reivindicacionistas. Este carácter dinámico los ha instalado como sujetos históricos importantes en la historia nacional. Sus acciones generan reacciones en perspectiva que tarde o temprano redundan en cambios de algún tipo, desde o hacia el resto de la sociedad.

El Estado, luego de pasar por diferentes tipos de políticas en torno a la causa indígena, ha optado por una actitud circunscrita a los acuerdos internacionales, que valoran y respetan a las etnias en cuanto se les considera como Comunidades, Pueblos y Naciones Indígenas, continuadoras de sus sociedades ancestrales.

Desde la prensa se publican artículos de historiadores, antropólogos y políticos que contrastan y se enfrentan en sus apreciaciones sobre el problema mapuche.

Sin embargo, el conflicto continúa y es necesario repasar un conjunto de antecedentes que permitan elaborar conclusiones más abarcadoras sobre el problema planteado.

Los Mapuches vistos como Pueblos Indígenas

La definición hoy internacionalmente aceptada de Pueblos Indígenas, realizada por el Relator Especial de las Naciones Unidas Martínez Cobo, establece la conquista como un elemento central. Sería ese aspecto el que diferencia a los grupos indígenas de otros grupos minoritarios donde no ocurrió este fenómeno. La definición es la siguiente:

son Comunidades, Pueblos y Naciones Indígenas, los que, teniendo una continuidad histórica con las sociedades anteriores a la invasión y precoloniales que se desarrollaron en sus territorios, se consideran distintos de otros sectores de las sociedades que ahora prevalecen en esos territorios o en parte de ellos. Constituyen ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la determinación de preservar, desarrollar y transmitir a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica como base de su existencia continuada como Pueblo, de acuerdo con sus propios patrones culturales, sus instituciones legales y sus sistemas legales.

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo “Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en países independientes”, define en el mismo sentido del anterior:

…considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la Conquista o la Colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera sea su situación jurídica, conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas o parte de ellas….

La ley indígena Nº 19.253, vigente, de 1993, señala en su Art.1º:

El Estado reconoce que los indígenas de Chile son los descendientes de las agrupaciones humanas que existen en el territorio nacional desde tiempos precolombinos, que conservan manifestaciones étnicas y culturales propias siendo para ellos la tierra el fundamento principal de su existencia y cultura.1

La historia larga de los pueblos indígenas

El territorio que ocupa Chile en la actualidad ha tenido una larga historia de poblamiento. Alrededor de hace unos 10.000 años, arribaron desde el norte grupos de cazadores recolectores que constituyeron comunidades a lo largo de todo el espacio que queda entre la Cordillera de Los Andes y el mar. Vestigios de su habitar subsisten desde el norte árido hasta la zona central, lo que muestra su enorme capacidad de expansión y movilidad. Ellos son la base de nuestra diversidad cultural y étnica. En el transcurso de aproximadamente catorce siglos, los descendientes de estos primeros pueblos fueron transformándose poco a poco en diversas culturas y pueblos, los pueblos indígenas de Chile, los que sobreviven y los que han desaparecido.

Estos pueblos y comunidades culturizaron un territorio salvaje, le otorgaron nombres a los cerros, ríos y paisajes, ocupando por muchos años las tierras donde hoy vivimos.

Las primeras poblaciones probablemente eran pequeñas y poco a poco aumentaron en densidad, capacidad tecnológica y producción agrícola.

Los descendientes de esos primeros pueblos tuvieron que enfrentarse a los europeos al momento de su llegada. Un período nuevo se iniciaba en la historia americana, el de la resistencia e integración a la ocupación extranjera.

De esta forma, muchos siglos antes de la llegada de los colonizadores europeos, existían en la franja que hoy conforma Chile, distintas culturas, cada una con sus propias formas de desarrollo, dominio sobre su entorno natural, creencias y valores. Esta línea temporal que se extiende desde las primeras ocupaciones hasta la actualidad, se ha definido como la Ocupación Larga del Territorio, concepto que amplía la visión tradicional de una historia que sólo para algunos comenzaría en el siglo XVI.

La Nación chilena se constituyó sobre la base de asimilar- a veces mediante la fuerza- a los pueblos indígenas. En medio de este proceso la identidad de todos los actores resultó influida. Los miembros de la sociedad que llegó a ser dominante se definieron en medio de esa relación y lo mismo ocurrió con los pueblos indígenas. Quienes se reconocen como miembros plenos de la sociedad chilena y quienes se ven a sí mismos como parte de los pueblos indígenas, llevan, cada uno de ellos, en su memoria y en su identidad actual, la historia de esa relación.

Los pueblos indígenas sienten amenazada su cultura y se ven a sí mismos como víctimas de un proceso histórico en el que fueron condenados -a veces con violencia-  a la invisibilidad y a la exclusión. Ellos sienten que hoy tienen derecho a hacer pública, y a que les sea reconocida, la identidad que fue ahogada durante el proceso de constitución del Estado nacional. Hoy reivindican esa identidad y los lugares con los que ella está atada, no con el afán de desconocer los íntimos vínculos que poseen con la Nación chilena, sino con el propósito de integrarse plenamente a ella desde lo que ellos son y han llegado a ser.2

Relación histórica entre el Estado y los Pueblos Indígenas

Cada Pueblo Indígena tiene su propia historia. Más aún, la mayor parte de los Pueblos Indígenas de Chile se desarrolló a lo largo de la historia con relativa independencia unos de otros.

Existe un largo período de la historia de los Pueblos Indígenas, donde cada uno de ellos se desenvolvió de manera relativamente autónoma. Sin embargo, no es despreciable el conjunto de relaciones ocurridas en tiempos precolombinos entre los pueblos vecinos e incluso entre quienes vivían a grandes distancias. Pero será el proceso de expansión de la conquista el que irá aunando la historia de la mayoría de ellos, en tanto se verán enfrentados obligadamente a interactuar y relacionarse con ella, las más de las veces en forma conflictiva y beligerante.

Además, el accionar de la empresa conquistadora los expondrá a presiones semejantes, tales como: apropiación de territorios, trabajo servil, dominación política, imposición cultural y religiosa. Cada uno de los Pueblos responderá de manera diversa a estos procedimientos. A partir de allí, la historia indígena es inseparable de los factores externos que la determinan.

Con posterioridad al período de expansión de la conquista y a la formación de las fronteras correspondientes al Estado colonial, la cuestión territorial adquiere gran importancia. El proceso de formación territorial no se realizó, en el caso chileno, solamente durante el período hispánico. El territorio de Chile Colonial no será exactamente el mismo que ocupará el país durante la República. Fue durante el siglo XIX cuando el territorio nacional cambia, se expande y se consolida. En este proceso expansivo, el Estado se encuentra con la existencia de numerosos Pueblos Indígenas que habitan esos espacios, en los que no se ejercitaba la soberanía de manera efectiva o simplemente no pertenecían a la nación chilena. El actual territorio en que el Estado de Chile ejerce su soberanía, se constituye definitivamente sólo en los inicios del siglo XX y se consolida recientemente con el delineamiento definitivo de sus fronteras, que en los casos del Pueblo Mapuche, Aymara o Atacameño, significó su segmentación entre dos Estados nacionales.

A partir de fines del siglo XIX, todos los Pueblos Indígenas que habitaban el territorio nacional enfrentarán las mismas políticas estatales y tendrán como interlocutor al mismo Estado. Es en ese momento en que las historias de los diferentes Pueblos Indígenas empiezan a reconocerse en un relato común, en cuanto van a estar en su desarrollo particular por las acciones y políticas delineadas por el Estado.

Desde 1880 hasta 1930, aproximadamente, se abre un período denominado de “asimilación forzada”. Se caracteriza por la aplicación de políticas del Estado hacia los Pueblos Indígenas, con el objetivo de transformarlos en ciudadanos chilenos, bajo un concepto de identidad nacional homogénea, sin consideración a la diversidad cultural existente en el territorio. En el caso del territorio Mapuche, operará la Comisión de Radicación de Indígenas, en el que se constituirán las “reservaciones” o “reducciones indígenas”, limitando y fragmentando el territorio que éstos anteriormente ocupaban.

A partir de los años treinta, comienza un período caracterizado por las políticas de integración, basadas fundamentalmente en la educación, castellanización y comprensión de los indígenas como campesinos y partes integrantes no diferenciadas de la sociedad y el pueblo chileno. Se le denomina, período de la “integración frustrada”, porque a pesar de las intenciones del Estado, los Pueblos Indígenas lograron sobrevivir al período anterior, manteniendo su identidad y características culturales propias.

Esta política se extiende, con algunas diferencias, desde 1931 hasta la década del setenta, en que se dictan leyes que tendrán una gran importancia para algunos de los Pueblos Indígenas de Chile. La Reforma Agraria tendrá enorme relevancia en el caso de los mapuches del sur. En ciertos momentos, se reforzarán algunos elementos de integración, y en otros, se impulsarán políticas de fomento, protección o incluso desarrollo. Entre los años treinta y cuarenta, se caracterizará por los intentos de asimilación. Los años concuenta y parte de los sesenta, predominará el indigenismo. A fines de los sesenta y comienzos de los setenta, estarán marcados por la Reforma Agraria y los cambios estructurales a que se vio sometido el conjunto de la sociedad chilena y del que no fueron ajenos los Pueblos Indígenas.

A partir de 1973, se caracterizará por diversas relaciones entre el Estado y los Pueblos Indígenas.

La lucha por el reconocimiento del pueblo Mapuche

El decreto Ley 2.568, dictado en 1977, tendiente a la división y liquidación de las comunidades mapuches, generó una fuerte resistencia al interior del Pueblo Mapuche. Esta cuestión va a quedar reflejada en la creación y organización de los Centros Culturales Mapuches, la primera organización post golpe de Estado con un carácter independiente y autónomo.

A pesar de las medidas coercitivas existentes durante el régimen militar para la organización y movilización social, esta organización se extendió rápidamente por todo el territorio mapuche, constituyendo innumerables unidades de base. Los Centros Culturales mapuches asumen en primera instancia una posición culturalista, manifestando su rechazo a la división de las comunidades, al fin de la vida comunitaria, pues temían que con el proceso divisorio gran parte de sus rasgos culturales se perdieran, y que sus habitantes fueran asimilados a la cultura criolla occidental.

A partir de este momento, se va a generar un movimiento étnico de larga duración, donde precisamente la característica principal del discurso mapuche va a ser una fuerte reafirmación étnica, marcando con énfasis las diferencias con la sociedad huinca. De esta manera, y al contrario de los que había ocurrido a lo largo del siglo XX, donde la sociedad mapuche había buscado permanentemente vías de comunicación con la sociedad chilena, a través de una llamada “integración respetuosa”, a partir de los ochenta, los mapuches van a mostrar su diferencia y distancia con los otros movimientos sociales, formando asociaciones y reivindicaciones autónomas. La cuestión étnica se va a separar de la cuestión social en general, e incluso van a criticar crecientemente la intermediación de los partidos políticos.3

Imagen mítica del Mapuche

Tal como afirma Sergio Villalobos, el predominio de la guerra entre araucanos y españoles se remite al período comprendido entre los años 1550-1656. Si bien esta hipótesis no descarta la ocurrencia de choques bélicos cada cierto tiempo, ni tampoco la existencia de un clima de violencia, si propone que desde entonces prevalecieran las relaciones pacíficas.

En el plano positivo esta versión no ha sido refutada hasta el día de hoy. Concomitante con ello, la exaltación que desde entonces se ha hecho de las cualidades guerreras de los araucanos, vistos como una etnia intrínsecamente belicosa, no guardan muchas veces relación con los aspectos más profundos que explicarían las causas y consecuencias de tal actitud beligerante.

Si nos remitimos al período previo a la interacción entre europeos y araucanos, podemos apreciar que esta última sociedad estaba conformada por “grupos corporados igualitarios, con diferencias de status aunque el poder de sus autoridades, salvo el del padre de familia, tenía escasa fuerza”4

Los araucanos o mapuches, estaban constituidos en unidades territoriales vinculadas a través de una lengua común. Poseían una tradición cultural relativamente homogénea que abarcaba desde el Choapa por el norte, hasta el Canal de Chacao por el sur. Como estaban divididos en linajes antagónicos, la justicia se solía ejercer en forma comunitaria a través de verdaderas “vendettas”, lo que podría haber llevado a un estado de guerra permanente de todos contra todos. No obstante, disponían de diversos mecanismos que les aseguraban la persistencia de la paz, siendo la práctica de la exogamia una de las más importantes. Esto les permitía forjar numerosas alianzas basadas en vínculos de parentesco por afinidad. “Este hecho derivó hacia la aparición de clanes totémicos en la región comprendida entre los ríos Itata y Toltén donde imperaba un sistema de doble filiación”.5

La base económica de la sociedad mapuche se apoyaba en un sistema mixto agrícola-ganadero, que les aseguraba una autosuficiencia alimenticia y les proveía de materias primas para confeccionar prendas de vestir. Además de cazar, pescar y recolectar frutos silvestres, adquirían bienes como la sal, algas y mariscos ahumados, plumas de ñandú, pieles de pumas y animales marinos. Esto fomentaba la creación de redes de intercambio basadas esencialmente en el principio de reciprocidad que, a su vez, generaban interrelaciones entre los habitantes de los sectores cordilleranos, el valle central y la costa.

Sin embargo, todo esto se vio afectado con la llegada de contingentes diaguitas, al servicio del estado incaico, a partir de 1520. La presencia de mitimaes en la cuenca de Santiago generó una presión demográfica que derivó en la fragmentación de los grupos familiares cuando su número excedió las potencialidades productivas del territorio ancestral. Muchos de ellos migraron hacia el sur, donde establecieron nuevos lazos de parentesco con linajes que impuestos de lo ocurrido se prepararon para evitar caer bajo el dominio de los invasores. La resistencia al imperio incaico les valió el apodo de promaucaes (tal vocablo parece ser una deformación de “purum auca”, que en la lengua quechua significa “gente rebelde, no dominada”).

Un segundo fenómeno que afectó a los grupos mapuches en su conjunto fue la llegada de los conquistadores europeos. El sector mapuche más afectado en un primer momento fue el llamado “picunche”. Una drástica caída demográfica debida a las pestes, guerras, ajusticiamientos, trabajos forzados y migraciones, llevó a una desestructuración completa de la población, debiendo ser reemplazada, en gran parte, por yanaconas foráneos.

Quienes sobrevivieron debieron adecuarse a las nuevas condiciones, pasando a un estado de guerra permanente que afecto esencialmente a los linajes localizados en los sitios aledaños a los asentamientos hispanos. En adelante, la resistencia se manifestó en escaramuzas violentas buscando desquite o venganza, ya fueran ellas esporádicas o consecutivas. El contacto con los europeos, por su parte, avivó las luchas características en las relaciones intertribales. De esta forma, el nuevo panorama social que se estaba gestando estaba condenado a vivir bajo el signo de la guerra.

No obstante lo anterior, a juicio del antropólogo Marvin Harris, sería incorrecto plantearse el tema de la guerra como algo inherente al instinto “belicoso” o “agresivo” del hombre. Verlo, por lo tanto, como un animal que mata por deporte, por gloria, por venganza o por puro amor a la sangre y a la excitación violenta, nos dejaría fuera de la posibilidad de un análisis serio de las características guerreras de las sociedades primitivas.6

Es un hecho que los propios beligerantes rara vez captan las causas y consecuencias sistemáticas de sus batallas. Si bien en la mayoría de las sociedades primitivas, las guerras y sus preparativos están rodeadas de características que a nuestros ojos pueden parecer exóticas, su desencadenamiento o causa se funda normalmente en una base práctica. Es decir, los pueblos primitivos emprenden la guerra porque carecen de soluciones alternativas a ciertos problemas. Prueba de ello es que con la instauración de los Parlamentos, celebrados con regularidad a partir de 1641, la beligerancia disminuye significativamente entre ambas sociedades. Este mecanismo, introducido por los europeos, significó, al nivel mental de las sociedades tribales, la posibilidad de atenuar las condiciones de una guerra total. Puede plantearse, por tanto, que la belicosidad innata que históricamente se le ha enrostrado al mapuche, o que lo ha investido de atributos guerreros casi míticos, no respondería más que a una construcción ideológica de una idiosincrasia mestiza que busca elementos identitarios. Es decir, hemos tendido a pensar la guerra como la piensa el Estado, desde una perspectiva ética, sin considerar que los factores externos pueden llegar a arraigarse profundamente en la mentalidad de una sociedad. Por consiguiente, la instauración de relaciones oficialmente pacíficas no involucra el término de una guerra, pues ésta perdura mentalmente.

Así, podemos concluir que la mentalidad guerrera del mapuche obedecería más bien a una respuesta o reacción a situaciones no buscadas que lo han afectado profundamente.

Dos posturas mapuches ante la sociedad chilena

Según José Bengoa, producto de la posición discriminatoria del Estado, los mapuches han tenido, a partir del siglo XX, dos aproximaciones a la sociedad chilena. La desarrollista y la nativista. La desarrollista ha planteado la necesidad del desarrollo moderno del pueblo mapuche, del progreso, a través de una integración respetuosa. No han habido dirigentes dispuestos a dejar de ser mapuches, pero sí algunos pensaron que era necesario abandonar ciertas costumbres antiguas y modernizarse. La otra aproximación, la nativista, busca volver a los orígenes. Se trata de una postura social, cultural y política que trata de separarse de las contaminaciones culturales externas y busca lo propio, lo más tradicional; se trata de una mirada antimoderna que desconfía de la modernidad, y por eso se afirma en los valores y costumbres tradicionales.7

Distintas miradas sobre el Pueblo Mapuche

En la actualidad persiste una serie de controversias sobre la trayectoria histórica y lo que significa actualmente ser mapuche. Recurrentemente, esta controversia es acicateada a partir de artículos sobre el tema que aparecen en la prensa escrita chilena.

El historiador Sergio Villalobos, especialista en historia indígena y colonial de Chile, suele referirse a diversos tópicos que buscan desvirtuar y circunscribir a un rango político el conjunto de reivindicaciones de las organizaciones indígenas chilenas.

Frente a las preguntas formuladas por un periodista en el Cuerpo D del períodico El Mercurio del día 31 de agosto de 2008:

¿Quiénes son y dónde están los indígenas en Chile?, el historiador responde:

No hay indígenas propiamente, sino sencillamente agrupaciones mestizas que se formaron sobre las antiguas etnias que existían en el país. Así, por ejemplo, hay descendientes de aymaras en el norte, hay mestizos descendientes de araucanos de la Araucanía. En Chile, indígenas puros propiamente no existen. Los pueblos originarios desaparecieron. Los pueblos que hay ahora son solo sus descendientes.

Y cómo descendientes, ¿qué derechos tienen los mapuches para exigir la reivindicación de tierras en la Araucanía?

Mire, ese es un asunto harto complejo, porque ellos mismos vendieron tierras, ellos mismos colaboraron con los dominadores españoles y con los chilenos. Eso de la resistencia de los araucanos es parte de un mito. Hubo compenetración, hubo tratos, hubo acuerdos, lo que no quita que también hubiese despojo y robo de tierras.

Son muchos los historiadores y antropólogos que piensan distinto de usted. Dicen que españoles y chilenos se habrían aprovechado de la ignorancia de los mapuches para cambiarles la tierra por alcohol.

Claro, pero en derecho, cuando las dos partes contratantes están de acuerdo, no hay engaños, no hay estafa, no hay delito, sino que es un acuerdo sencillamente. Ahora, si los indígenas cambiaban las tierras por alcohol era porque tenían un enorme aprecio por el alcohol y lo necesitaban, y porque tenían gran disponibilidad de tierras, de modo que deshacerse de algunas de ellas no era problema.

Pero hoy las reclaman, ¿deben ser devueltas?.

No porque esas tierras han pasado por procesos de apropiación, transferencias y venta desde hace mucho tiempo, y los actuales tenedores de las tierras no son culpables de lo que haya ocurrido en el pasado.

¿Por qué cree usted que en los mapuches existe esa convicción tan fuerte de que las tierras les pertenecen?

Mire, en todo esto hay una campaña de falsedades y de situaciones que han creado los mismos antropólogos al pensar en la guerra terrible y el despojo y todo lo demás, y porque necesitan para su carrera mantener, digamos, en efervescencia a la Araucanía. Y les siguen los políticos, personas que han politizado la Araucanía, especialmente gente de tendencia marxista que quiere mantener una lucha en esa región.

¿Cuál cree que sería la mejor solución para detener este conflicto?

Seguir trabajando por la incorporación plena de ellos, con todas las oportunidades que tienen desde hace mucho tiempo, desde hace siglos, de educación, preparación, perfeccionamiento, trabajo, inversiones en la Araucanía, de modo de favorecerlos como se favorece a toda la población de Chile.

Mucho de eso ya se ha hecho y el conflicto continúa.

Es claro que todo eso se ha hecho. Están incorporados a la vida nacional. Usted los encuentra en el Ejército, en Carabineros, en la administración pública. Han llegado a ser diputados, senadores, ministros de Estado, de modo que esa incorporación ha dado resultado y no hay por qué estar estar engañando.

¿Por qué siguen pensando que no han sido incorporados a la vida nacional?

Ellos son víctimas de la propaganda de antropólogos, políticos y agitadores. Se entusiasman con las ideas sin pensar en lo que hay de verdadero en ellas. Ahora, la gran mayoría de los descendientes de araucanos están en tranquilidad y quieren una convivencia pacífica, y seguir ocupando cargos o prosperando dentro de la nación chilena.

A raíz de este artículo, surgieron instantáneas réplicas en diferentes medios de comunicación. Una de ellas, elaborada por el Vicepresidente del Partido por la Democracia, Domingo Namuncurá, apareció publicada en el diario La Nación el 3 de septiembre de 2008.

“El historiador Sergio Villalobos declaró que en Chile “indígenas puros propiamente no existen”. Dice que existen “agrupaciones mestizas que se formaron sobre las antiguas etnias” y que los actuales descendientes, aparte de colaborar en su dominación, son responsables de haber entregado las tierras ancestrales, que cambiaban por alcohol y que hoy rige respecto de ellas el concepto de propiedad privada.

Con reiterada frecuencia, la prensa conservadora atiza la estrategia de contraponer los derechos indígenas ancestrales con una teoría discriminatoria y racista, de la cual Villalobos o Gonzalo Vial o editorialistas de estos medios dominantes son exponentes.

La sociedad chilena tiene un fuerte componente mestizo que supera a la población indígena. Pero los indígenas puros no han desaparecido, por mucho que hubo intentos genocidas, en especial bajo gobiernos conservadores y dictaduras militares, y están en muchas comunidades originarias del campo e incluso de las ciudades. La prueba radica en la conformación familiar, la herencia cultural y genética de las familias indígenas. Lo preocupante de estas declaraciones es que esa forma de referirse a nuestros pueblos indígenas revive un permanente interés dominante y conservador de evadir un tema de fondo: Chile es un país racista, intolerante, discriminativo y excluyente para nuestros indígenas. Ha costado muchas décadas abrir caminos al reconocimiento de una deuda histórica, lo que se logró en parte en abril de 2004 con el Informe Presidencial de Verdad y Nuevo Trato.

¿Ignora Villalobos que la pacificación de la Araucanía implicó que el Estado invadió las tierras indígenas y contra la voluntad de nuestros pueblos las declaró “tierras fiscales”porque asumió que no tenían dueños o eran terrenos baldíos? ¿Ignora que muchas de las actuales haciendas o grandes territorios usurpados de este modo a los indígenas chilenos implicó su exilio interno, su desarraigo cultural, la pobreza y la marginalidad que durante décadas han dominado la relación entre indígenas y chilenos?

Denuncia que existen agitadores, amparados por antropólogos y entidades que abren camino a la delincuencia y a un supuesto terrorismo, pero nada dice sobre los hechos de inseguridad que afectan a los indígenas, por la acción de terceros que invaden sus tierras, acosan a sus dirigentes, atemorizan a las comunidades e incitan a la violencia. ¿Tiene resuelto Villalobos el origen de los actos delictuales ocurridos en Vilcún y alrededores?

A lo menos debiéramos pensar en la responsabilidad de grupos interesados en evitar que los derechos indígenas se instalen con justicia y conforme al drecho. Se hace indispensable desnudar a quienes forman estos grupos y a quienes los amparan.

Los indígenas constituimos una diversidad de pueblos que existíamos desde antes de la instalación del Estado independiente. Los derechos fueron subyugados y el patrimonio confiscado de muchas maneras. A los indígenas la sociedad los escondió, los redujo y los invisibilizó. Sobrevivieron solamente por la fuerza de su cosmovisión y la transmisión oral de nuestros lonkos, lamgen y caciques. En algunos momentos recuperaron parte de sus derechos. En otros, como en la dictadura, mediante un decreto ignominioso, se les quiso borrar del léxico político y jurídico. La dictadura dijo en 1978 que en Chile no existían indígenas.

Los comentarios de Villalobos son dolorosos por su insensibilidad. Sus palabras reflejan la existencia de un tipo de sociedad que quisiéramos ver erradicada.

El mismo 03 de septiembre, el historiador Sergio Villalobos responde a través de El Mercurio a otro emplazamiento que le hiciera el día anterior, por el mismo medio, el antropólogo Gastón Soublette:

El señor Gastón Soublette cae en un error al pensar que el mestizaje de la sangre es diferente al cultural, cuando ambos son fenómenos congruentes. Para muestra, hágase un recorrido por los barrios de Santiago y se comprenderán los desniveles físicos y culturales de su gente según el sector.

Nunca he dudado de que no existen etnias o agrupaciones puras, y que en el trayecto humano todo se ha mezclado.

Por eso he sostenido que los araucanos, desde los días mismos de la Conquista, se mezclaron con los españoles y los vástagos de otros pueblos, para formar la masa de los chilenos y de los mal llamados “mapuches” de hoy en día. En el fondo, el señor Soublette me ha dado la razón.

La incorporación cultural de los araucanos es demasiado evidente para estarlo discutiendo. Basta recorrer las listas de los organismos educacionales, de los empleados, de los profesionales y de los parlamentarios para deshacer toda duda.

Es evidente que desde el siglo XVI los araucanos han procurado asimilarse a la cultura dominante, porque han querido disfrutar de todas las ventajas de ella. Es parte de un fenómeno universal, y en vano el intelectual señor Soublette busca mantenerlos aislados, en una especie de vitrina para su contemplación.

El pueblo araucano estuvo dividido frente al invasor; una parte considerable apoyó a los dominadores. Hubo soldados araucanos en el ejército español y después en el republicano. Las parcialidades eran manejadas en gran parte por capitanes españoles, los caciques recibían un bastón de mando de parte del rey y muchos obtenían sueldo. La gran mayoría hablaba español y hubo “lonkos” que mantenían profesores en la cabecera de sus parcialidades. Todos estos hechos constan en diversos libros de investigación, que es conveniente leer.

A modo de conclusión

Si delimitar un punto desde donde abordar la problemática del Pueblo Mapuche era complejo, establecer conclusiones solventes y consensuables se vislumbra aún más difícil.

De partida, no existen confluencias sistemáticas en la apreciación de los problemas relacionados o asociados al Pueblo Mapuche.

Hay elementos míticos atribuidos al Mapuche, que son incorporados a los mitos fundacionales de la Nación chilena, recreando una reverberación de inexactitudes en el imaginario colectivo, tanto en los grupos mapuches como en el resto de la sociedad chilena.

El Estado, no obstante su reciente posición aperturista respecto a la forma como abordar la problemática mapuche, ha sido incapaz de establecer políticas apaciguadoras de los conflictos.

Desde la perspectiva de las miradas al Pueblo Mapuche, estos efectivamente constituyen un problema porque existen y buscan su pleno reconocimiento y el respeto al conjunto de sus características.

Según otra mirada, los mapuches no son un problema porque no existen, sino que quienes promueven su reconocimiento son sus descendientes mestizos, azuzados por discursos indigenistas.

Citas Bibliográficas

1. Gobierno de Chile. Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblo Indígenas. Octubre, 2003, p.6
2. Ibid.:p.4
3. Ibid.:p.94
4. Silva Galdames, Osvaldo: Guerra y trueque como factores de cambio en la estructura social. Una aproximación al caso mapuche; Serie Nuevo Mundo, Cinco Siglos Nº 5, Universidad de Chile, 1990. p. 84
5. Ibid.:p.84
6. Harris, Marvin: Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura; Editorial Alianza, Madrid, 1992, pp. 58-78
7. Bengoa, José. Historia de un conflicto. El Estado y los mapuches en el siglo XX. Editorial Planeta. Santiago, 1999, p. 122.
Bibliografía complementaria
– Villalobos, Sergio: Araucanía. Temas de Historia Fronteriza; Ediciones Universidad de la Frontera, Temuco, Chile, 1985.
Jorge Muzam

Jorge Muzam

Escritor chileno. Licenciado en Historia en la Universidad de Chile. Nació en San Fabián de Alico en 1972. Ha publicado ensayos, crónicas y relatos en diversos medios americanos y europeos. Es autor de las novelas Ameba y El odio, y de los libros de relatos La vida continúa y El insomnio de la carne. Todas sus obras han sido publicadas por Sanfabistán Editores. Columnista en HuffPost Voces (EEUU) e HispanicLA (EEUU) y controvertido bloguero político cuya voz independiente se ha expandido a todo el mundo hispanohablante. Se le ha descrito como un autor de pluma corrosiva, provocadora y amarga.
Jorge Muzam

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14 Comments

  1. Ciertamente que la identidad argentina es una mixtura tan amplia, tan diversa y tan reciente que me da la idea de un quebradizo vitral humano, donde los colores más ostentosos son precisamente los que representan a los grupos que han preponderado sobre los otros. La imagen de una argentina arrogante y más rica que el resto de sus vecinos, quedó seriamente trastocada al conocerse los impactantes niveles de desnutrición que asolaban a amplias regiones del norte argentino a fines de los noventa y comienzos de esta década.
    Parecía inverosímil que uno de los países en teoría más ricos del planeta se permitiera esos vergonzosos lastres de negligencia social con su propia gente.

  2. No nos hacemos cargo! La Argentina es una nación negadora al extremo… Ni modo! Me asombré cuando leí hace un tiempo que el tema de la identidad argentina era motivo de estudio y debate en ámbitos academémicos planteado como la indecifrable cuestión de si fue primero un barco o un malón…

    La opinión más sostenida es que la argentinidad se construyó a partir de los inmigrantes que ingresaron a estas tierras a partir de principios del siglo XIX hasta la segunda guerra mundial. Estos inmigrantes poblaron un país casi deshabitado, se impusieron y tomaron las riendas de este país. Para ese momento la ocupación territorial para establcer las fronteras, previo al proceso de organización nacional, ya había sofocado con extrema violencia la resistencia de los pobladores originarios dejándelos sin fuerzas para reclamar lo que era suyo.

    Desconociendo el pasado previo el nuevo argentino se construyó con conciencia europea, con nostalgia por lo abandonado, con deseo de revancha y con voluntad aspiracionista… Pero sin el menor interés por conocer la historia del lugar que lo recibió… Progresaron, tomaron el control y el poder… Los mestizos se sometieron y buscaron preogresar de a poquito y sin hacer mucho ruido… cuando lograron tener algo de reconocimiento eligieron olvidar sus raíces para evitar sentirse menos. De ahí que se diga que nuestra identidad es una invención de la modernidad. Desde lo político se alentó esa idea de pensar a la Argentina como un pedacito de Europa en América… y terminó siendo beneficioso para los gobernantes de esta época.

    Esa imagen de prepotencia que ven en nosotros no es un prejuicio, es una realidad que pocos nos atrevemos a reconocer. No me extraña que hoy ignoremos a nuestros aborígenes, los ocultemos bajo una pila de problemas que consideramos más importantes y terminemos por olvidarlos… Nos negamos desde entonces y no veo ningún deseo de querer modificar esa actitud…

    El “problema mapuche” que se vió en la tv argentina por el conflicto en Chile en ningún momento derivó en una autocrítica… se pasó a otro tema.

  3. Toda una forma de vivir ha sido invisibilizada en la Argentina, tal como lo planteas, querida Lorena. ¿Por qué lo han hecho? ¿Cómo lo lograron?. Creo que parte de esas respuestas pueden inferirse de tus propias palabras.
    Desde Chile contemplamos al argentino más estereotipado como un personaje rubio, arrogante y algo absorbido por la necesidad de sentirse triunfante en algo. ¿Dónde están los morenos?¿dónde escondieron a sus etnias?¿qué han hecho con sus mapuches?¿qué han hecho con sus tobas? Són acaso meros instrumentos electorales que luego se esconden bajo la alfombra más sombría y miserable de vuestra república.

    Creo que falta que se hagan cargo de varios silencios históricos en Argentina.

    Recuerdo que en mis años de universidad tenía una profesora judía, experta en Historia de América, que al referirse al extraño comportamiento preponderativo del pueblo argentino, lo solía atribuir a la imperiosa necesidad de haber tenido que inventarse una historia rápidamente, porque la gran mayoría de los inmigrantes habían huido precisamente de una historia amarga y miserable en Europa, historia que no pensaban contársela a sus hijos tal como fue. Al pasar las generaciones, esas historias adquirieron el rango de la verosimilitud y sirvieron para reafirmar el carácter nacional.

  4. Cuando leo tu artículo no puedo evitar voltear y mirar con pena la realidad de mi país. Aquí ese pasado no se hace presente casi nunca… La población aborigen que vive fronteras adentro de la actual República Argentina viven marginados e ignorados. Lo que en Chile genera un discución a gran escala, de modo que hasta aquí nos enteramos de ello, en este país no pasa de una nota de poca importancia como una mención en el día del Aborigen, formando parte de una nota sensacionalista que involucra a alguna personalidad, o bien la clásica nota crítica que denuncia sin propiciar ninguna mejora… Todo eso llama la atención pero no fomenta ningún debate profundo, ni un examen de conciencia a nivel nacional.

    Simplemente no nos importan. Hago un mea culpa, si no fuera por haber leido esto no me hubiese acordado de ellos. Todo lo que sé del tema es lo que aprendí en la escuela primaria y en alguna que otra clase en la facultad… Así como lo aprendí, lo olvidé rápidamente. Es un olvido de todos los que hacemos y vivimos la Argentina del siglo XXI… Lo sé. Conozco lo que sucede en Chile a partir de esto que leo, trato de armarme un panorama medianamente objetivo tomando por importante todas las voces sonantes en el aire. Me dí cuenta que aquí no pasa nada, que son nuestros olvidados.

    La causa existe pero no es visible, su trato no es recurrente y no se llegará nunca a hechos violentos que merezcan difusión mediática. Existen algunos grupos bien organizados que ponen su esfuerzo para reclamar por los derechos del aborigen argentino y exigir la justa reivindicación histórica por tanto atropello y por la matanza indiscriminada producto de la necesidad de una ocupación territorial esfectiva, tal como cuenta la histotia oficial; pero no tienen ni por asomo la fuerza que parece tener en Chile.

    El problema mapuche es problema Mapuche, que no nos atañe al resto de los argentinos. Sorprenderá al resto de los latinoamericanos, saber que como pueblo somos incapaces de reconocerse mayoritariamente meztiso, se cree descendiente directo de la inmigración europea, rechazan lo aborigen y aún en estos tiempos da vergüenza en ser de tez oscura… Que te digan indio o te asocien con provincias donde hay éstos son la mayoría absoluta es un insulto y una humillación. Si desde el discurso cotidiano no los reconocemos le facilitamos a nuestro gobernantes la tarea de desligitimizar su lucha, de tener que enfrentarlos. ¿El reconocimiento tendría que ser a la inversa? Yo no lo creo así, al menos en este caso. Aquí la población aborigen que habita este territorio no tiene incidencia a partir de no tener reconocimiento social… de quienes descienden de ellos y alcanzaron una ncorporación a la estructura social al mezclarse con el “blanco” a lo largo de la historia. El olvido colectivo… los deja fuera del presente.

    Todos los estudios que se abordan desde lo histórico remite a lo cultural y relativiza sus situación actual. Hay pensamientos que se arman en defensa de distintas posturas como en Chile, pero quedan en meras disputas ideológicas, que si bien son necesarias para dar a luz la verdad sobre la ocupación territorial de la Argentina, no sirven para reconstruir los lazos deshechos voluntariamente por la sociedad. Bajo estas circunstancias poco importan y de nada sirven las numerosas leyes provinciales que se viene sancionando desde la primer mención que se hiciera sobre el asunto en la Constitución Nacional Argentina que fuera sancionada en Santa Fe en 1853, (artículo 67, inciso 15), ni que la reforma de Constitución Nacional de 1994 (artículo 75, inciso 17) otorgara cargo constitucional a los Derechos ya reconocidos y avanza en el reconocimiento de otros, obligando de esta manera a la adecuación de los textos legales existentes y a la de otros nuevos.

    La verdad es que este aporte en el se se indaga y se revisa el pasado es rescatable dada las circunstancias y características de Chile… Sirve de puente para otorgar válidez y solvencia a una lucha histórica que no debe abandonarse… La distancia que se le acusa en los comentarios que leí me parecen producto de un apasionamiento con el tema, es entendible, pero a mí me parece encontrar en este escrito una mesura necesaria y novedosa que no intenta enterrar el tema sino darle otro vuelo. Pese a la violencia y las miradas contrapuestas, lo que ocurre en Chile es más rescatable que lo que vivimos en la Argentina. En nuestra República no tenemos asignada una silla en la mesa para que se puedan sentar también los pueblos indígenas.

  5. A medida que se acerca el aniversario del Bicentenario chileno, los grupos mapuches radicalizados han acrecentado su nivel de violencia. Hoy están en todas partes, lanzando piedras y apaleando a quien se les cruce en el camino. La salud de los huelguistas de hambre está decayendo día a día, pero ninguno ha pensado deponerla, poniendo en serios aprietos al gobierno y logrando desviar a estas alturas la atención de la mayor parte de los medios de comunicación chilenos y extranjeros. Los cuatro diputados que se les han sumado a la huelga, han seguido recibiendo todo tipo de descalificaciones oficialistas, pero cuentan con el firme respaldo de las organizaciones y grupos cercanos a los mapuches reivindicacionistas. Es un nuevo polvorín y sigue creciendo en intensidad cada día. Cada parte en conflicto le intenta doblar la muñeca al otro antes de que llegue el sábado 18, que es el día del Bicentenario chileno.

  6. Recuerdo la crueldad que existía en mis años colegiales contra todo estudiante que tuviese nombre mapuche. Indio culiao, negro curiche o chilote, eran los epítetos más suaves que recibían estos jóvenes. Al llegar a la etapa adulta invisibilizaban su apellido originario y sólo se daban a conocer por el apellido español. Y si no lo tenían, pues se inventaban uno nuevo. Quien cometía un exceso disciplinario o tenía una actitud altanera con la autoridad, era considerado un paria por tener actitudes aindiadas. La mejor atención, los mejores mimos, las mejores notas y los halagos siempre fueron para los blancos o los menos mestizados jovenzuelos, y el resto de la camada, la más pequeña, desnutrida, morena y pobre, recibía en carne propia el desquite por todos los infortunios
    de los demás.
    Algo de eso ha cambiado hoy día. Mis alumnos con apellidos mapuches o de otras etnias, lucen orgullosos su origen y no aceptan el desdén de nadie. Gracias a políticas gubernamentales implementadas durante los gobiernos de la Concertación, pudieron acceder casi en su totalidad a becas en dinero del Estado.
    Las universidades cuentan por su parte con variadas becas para los jóvenes de diversos orígenes étnicos que deseen proseguir sus estudios.
    El panorama actual respecto a los pueblos originarios en Chile, sin ser ideal, es mucho mejor que hace veinte o veinticinco años

  7. Miren como el alcohol acaba por volvernos una sola e identificable nación. ¡Qué constitución de la república! ¡Qué estado unitario! ¡Qué imperio de la ley! Chile como una gran federación mestiza conformada por una gran mesa gigante, de norte a sur, con un mantel chorreados de tinto bigoteado, ponche de frutillas o, por último. aguardiente. Todos compartiendo en ella, desde el alguacil del estado carcelero (que miró para otro lado durante el saqueo, el engaño, la compra bruja y ahora quiere exculparse escupiendo el cuesco de la aceituna de la empaná caldúa), el descendiente ario agringado dueño del fundo (a ver si se le quita el susto de mirar a la cara a tanto moreno – indio malagestado con un poco de copete) y representantes de nuestros “pueblos originarios” que yo llamaría hermanos, más bien iguales, si no fuera por la ropa huinca que traigo puesta. Basta con mirarme al espejo y empinar el codo apostando mi casa que aún no pago, el televisor en cuotas, el microondas cochino y el refrigerador con dos limones, una cebolla y una lata de cerveza abierta, ¡salud!

  8. Fui efectivamente un entusiasta alumno del historiador Sergio Villalobos, como también lo fui de tantos otros maestros de la historiografía chilena y latinoamericana. No lo puedo tomar más que como un cumplido.
    Sobre los mapuches en huelga de hambre, todo indica que han conseguido con creces su objetivo que era arruinarle las festividades del Bicentenario al gobierno de Piñera. El muñequeo es intenso, con escaramuzas minuto a minuto, y con costos para ambos lados.
    Sólo espero que la salud de los huelguistas resista y no lamentemos ningún muerto. Sería el golpe de gracia para la inoperancia del gobierno.
    Los cuatro diputados que pretendieron adherirse a la huelga de hambre de los mapuches, y que fueron desalojados con violencia por la policía, ahora se han atrincherado en la sede de la Central Unitaria de Trabajadores de Temuco, para desde allí continuar con su huelga. El gobierno los ha catalogado de incendiarios e irresponsables. No se avizora una solución inmediata.

  9. Sr. Muzam, tengo la impresión de que estás excesivamente influenciado por la escuela historiográfica de Sergio Villalobos, el intelectual más antimapuche que ha existido en el último siglo en Chile. Cuando existe un hecho tan evidente y tan dramático como lo que ocurre con los hermanos mapuches en huelga de hambre, tú te pones a divagar y a relativizar las cosas.
    Lo importante es que todo este sacrificio que han realizado tenga algún sentido, que sea el comienzo de algo importante, que se establezca un nuevo trato hacia el Pueblo Mapuche, y que logren vivir en condiciones totalmente igualitarias (como lo es también tú deseo) con el resto de la población chilena.
    Creo igualmente que no son grupos minoritarios, sino que la mayor parte del millón de mapuches que hay en nuestro país está de parte de esta lucha.
    De la misma forma como utilizas tu talento para relativizar los argumentos, debieras exponer el sistemático despojo territorial que ha sufrido este pueblo a lo largo de su historia. Sé que conoces muy bien ese proceso y me llama la atención de que no le des la importancia adecuada.
    Saludos.

  10. Agradezco sus palabras, Margarita y Maritza. El estudio y análisis de los procesos históricos debe servir para engrandecer la comprensión del hombre y no para mezquinarse el pan unos a otros. La lenta democratización de las sociedades latinoamericanas, ha traído aparejada la concientización igualitarista de numerosos grupos humanos. Me parece legítimo y loable que las etnias o quienes se desean identificar con ellas, intenten reestivar la historia y alcanzar niveles de poder que también les permitan dirigir a sociedades enteras, como es el caso del presidente boliviano Evo Morales. Todo lo que se haga con honestidad, buena intención y en pos de la igualdad, la libertad y la fraternidad de los seres humanos es bienvenido y recibirá, al menos desde esta parte, todo el apoyo.

  11. No valdría la pena escribir un nuevo artículo sobre los mapuches,si tuviera que guiarme por una panfletaria soga al cuello, estimada Cosette. Son demasiados los cabezas calientes de lado y lado que se imprecan mutuamente y se enrostran inexactitudes históricas. No intento consensuar posiciones ni buscar un justo equilibrio, sino tan sólo exponer evidencias y contraponer juicios antagónicos o matizados.
    Me parece natural que cualquier persona en Chile o en otro país se pueda sentir cómodo o un orgulloso representante de un tipo de pasado, a través de la autoadscripción a un concepto étnico. Otra cosa es levantar como bandera de lucha la pureza y preponderancia de un tipo de sangre y de una cultura ancestral sobre otra. Si bien la historia que ha llegado a pincelar los currículos escolares es esencialmente manipulación ideológica, la verdadera historia es fundamentalmente “matiz”. Los juicios terminantes, totalizadores, los despojos absolutos, los victimarios sanguinarios y las víctimas completamente indefensas, son meros arquetipos sin sustento en los hechos.
    La población chilena es casi en su totalidad mestiza, vale decir, casi todos tenemos un componente mapuche en nuestra sangre. La tienen los parlamentarios que elaboran políticas antiindígenas, los hacendados propietarios de los territorios ancestrales y los mismos policías que son azuzados a apalear a sus hermanos de sangre. Es decir, es una especie de guerra civil sanguínea, donde cada grupo o sector intenta sacar su tajada de poder o al menos salvaguardarla del arrebato.
    La misma población de la zona de Arauco, donde supuestamente existe el mayor rango de autoadscripción mapuche, suele votar en masa por los mismos terratenientes ultraderechistas a quienes acusan de despojadores. Hay una cuota de mentalidad inquilinista en ese comportamiento, pero es un hecho evidente que los mapuches prefieren ser gobernados por la derecha. Los grupos radicalizados mapuches, entre los que se encuentran los 32 huelguistas de hambre, son muy minoritarios, aunque cuentan con el apoyo políticamente correcto de todos los sectores que se dicen progresistas.
    No es posible hablar, por tanto de mapuches en su totalidad, sino de facciones enfrentadas entre sí, tal como lo fue desde mucho antes de la llegada de los europeos.
    Ayer jueves, cuatro diputados izquierdistas quisieron dar un golpe de imagen a la causa de los huelguistas y se atrincheraron en una cárcel sureña para empezar su propia huelga de hambre. Al poco rato fueron desalojados por la policía, pero el impacto visual de la noticia fue fuerte en los noticiarios.
    Ahora el tema contempla nuevos debates en torno a qué correspondería considerar exactamente como actividades terroristas y cuáles serían las nuevas penas que se impondrían a los infractores. Todo esto, para dejar atrás la intromisión de la justicia militar, que aún está en la memoria de casi todos los chilenos como una de las instituciones más vergonzosas de la dictadura de Augusto Pinochet.
    Como tengo o debo tener sangre mapuche, no puedo sino apoyar a mis hermanos de sangre, tal como lo debieran hacer todos los chilenos, incluso el propio presidente Piñera.
    Lo que no puedo es dejar pasar el propagandismo panfletario que chisporrotea de lado y lado.

  12. a diario hay personas anonimas y no tan, colaborando en el conocimiento de las causas contra las injusticias ,Este tipo de publicaciones son muy necesarias para los Hombres que quieren superar barreras , El aprendizaje q da la misma es una la herramienta q impulsa la sensibilidad dandole los por que? , Esta base de estudio previo es imprecindible para enfocar y canalizar la lucha de muchos que queremos JUSTICIA, gracias x tu aporte Jorge, siempre es un placer leer tus trabajos, un abrazo de LUZ revolucionaria

  13. Siento que si bien tu ensayo demuestra mucho conocimiento respecto al Pueblo Mapuche, no te haces cargo de la problemática que se está viviendo hoy en Chile. Como debes saber, hay 32 hermanos mapuches en huelga de hambre desde hace dos meses. Ellos están condenados injustamente por delitos terroristas y los está procesando la justicia militar y la justicia civil al mismo tiempo. El presidente Piñera firmó un decreto que quita atribuciones a la justicia militar, pero el problema no se acaba allí, pues hay una deuda histórica del Estado chileno para con nuestros hermanos mapuches y con todos los pueblos originarios de nuestro país. Hay mapuches que se les ha torturado en las cárceles, a otros se les ha forzado a ingerir líquidos, la policía los golpea en las calles y el gobierno parece querer lavarse las manos, tal como lo hizo durante todo este tiempo de huelga, porque recién hace poco más de una semana se empezó a difundir este tema en Chile, mucho después de que fuera conocido en todo el resto del mundo. Tenemos un gobierno ultraderechista que controla todos los medios de comunicación en Chile y está imponiendo una verdadera dictadura informativa. Te ruego Jorge que consideres ese punto. No estoy de acuerdo tampoco con que no te la juegues por ninguna postura e intentes quedar bien con todo el mundo. Saludos.

  14. Un análisis claro, objetivo,ponderado, muy ajustado a la realidad,libre de pensamientos y sentimientos viscerales.Mis felicitaciones y agradecimientos Jorge,excelente nota.

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