El minotauro fascista de San Fabián de Alico

La severidad del rector Bustos era conocida en todo el pueblo. Ese día formó a los acusados de robar guindas del gran árbol que coronaba el escenario de las veladas colegiales.

Entre los que estaban formados había al menos dos miembros de los Chaicanes, familia donde todos eran alcohólicos; dos Sepúlveda, vástagos de una miserable familia evangélica; estaba el Perfume, huérfano fornido y descalzo; el Caldillo, campeón de los puñetes y otros cuatro menores de sectores rurales que aún no popularizaban algún apodo.

El rector Bustos, director supremo de la Escuela E-10 de San Fabián de Alico, un gigante obeso y muy moreno, de cabello rizado cortado militarmente y voz y rostro intimidante, era conocido también por su adicción extrema al régimen de Pinochet.

Ese día, Raúl Bustos, imbuido de su enorme poder, se paseó largo rato ante los acusados con el ceño fruncido y las manos tomadas en su espalda.

Luego, se detuvo ante cada acusado, lo miró a los ojos y sin avisar dejó caer sobre ellos toda la fuerza de sus manos en un sonoro platillo. Los jóvenes gritaron de dolor y miedo y luego se desplomaron ante sus pies. Al instante, Bustos les ordenó:¡párate mierda!¡date vuelta! y nuevamente una patada en el culo a cada uno que los levantó por los aires. ¡¿Qué dijiste?! ¡no escuché bien!

-Perdón señor, nunca más, nunca más- dijeron entre sollozos uno a uno los castigados.

-¡Ándate a tu sala mierda!

Todo el resto de los que estábamos en el colegio, profesores, auxiliares, algunos apoderados y nosotros mismos estábamos aterrorizados ante ese cruel castigo. Pero era 1980 y de seguro nadie estaba dispuesto a arriesgar tanto el propio pellejo para defender a una mocosada atorrante y efectivamente nadie dijo ni hizo nada hasta el día de hoy.

Años después, en 1983, Bustos fue alejado del colegio. Se le trasladó a cumplir labores administrativas a Chillán, pero fue por una causa muy diferente. Había abusado y embarazado a una menor de edad al interior del internado que estaba en la misma Escuela E-10 de San Fabián de Alico.

2 Comments

  1. Jorge, describes muy bien esa reproducción de violencia inserta en dictadura en todos los estamentos de la sociedad, desde el Estado hasta la escuela básica. Años antes, una profesora de ese mismo establecimiento, presentó a cuatro niños en todos los cursos, como los “ladrones” . Estos eran hijos de campesinos, con necesidades barbaras, y eran acusados de robar el pan a sus compañeros en el comedor donde se les daba el almuerzo. Los niños, de ropas raídas, tenían su rostro rojo, de los “palmetazos” y de la vergüenza. No daré el nombre de la profesora, pues ya está muerta y no dejó buenos recuerdos allí.
    Así también vi, como niños eran llevados aun gélido canal, distante a media cuadra de la escuela, para ser bañados utilizando como jabón…una teja. Mi querido Jorge….para que nunca mas en Chile.

  2. Muy interesante. Es bueno exponer esas experiencias sobre los abusos de las dictaduras. Yo recuerdo un par de veces adonde jovenes sin un concepto claro pintaron consignas antigubernamentales en la escuela adonde yo trabajé unos añost, conocido como Pre 17. Allá por la Cuba revolucionaria de Fidel Castro. A consecuencia de lo anterior, con sus métodos refinados, la Seguridad del Estado llegó a la escuela y la ocupó en una situación de arresto masivo. Las dos veces que recuerdo. Nadie podía salir del internado. Los interrogatorios se llevaban a cabo con los maestros y administradores, por si acaso eran cómpllices y luego los estudiantes por horas. El misterio se hacía mayor cuando un par de estudiantes eran detenidos. Nos enterábamos por rumores que habían sido muy maltratados y luego condenados por “Propaganda Enemiga”. En los sesenta, se apresaban muchos en las clases y luego eran enviados a prisión o campos de concentración por ser “bitongos” (ex-burgueses o pequeño burgueses” o “religiosos” u “homosexuales” sin contar los que se vestían muy a la moda. Son historias que costaron años de cárcel, discriminación y abusos. Las dictaduras son así, tratan de convertir el pueblo (que son todos los miembros de la sociedad) en un rebaño al servicio de sus intereses sea cual sea su ideología.

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