El amante ilegal

“Reconozco que la razón se confunde ante el prodigio del amor frente a esa extraña obsesión por la cual la carne, que tan poco nos preocupa cuando comprende nuestro propio cuerpo y que solo nos mueve a lavarla y a alimentarla, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias”

Memorias de Adriano
Margarite Yourcenar

***

Te juro Soledad, que era un asco
Por tres días estuvo viniendo para acá
Se chupaba los muslos, el torso y las presas que alcanzaba la lengua en los baños turcos de la 125 antes de que los cerraran.

Te juro Soledad

Cuando lo vimos, todos nos miramos horrorizados. Y habíamos visto transfers con tetas grandes, chicas y pequeñas. Habíamos visto híbridos con silicona u inyecciones. Pero este joto nos pareció el más raro de todos. Mire que sonreirse a sí mismo, mire que besarse las manos, los brazos el vientre , mire que venir a acariciarse los muslos, los glúteos.

Horror. Cuando lo vieron los otros jotos, llamaron al guardia. Vino con una toalla y cubrió al desnudo, escandaloso, impúdico que se besaba a sí mismo. Asco.

El guardia vino, lo cubrió y se lo llevó. Lo último que supe antes de que los cerraran es que lo echaron de los baños, que no lo dejaron más entrar. Dicen que él fue quien dio aviso a las autoridades para que los cerraran. Qué vamos a hacer sin los baños en Harlem. Por lo menos se lo llevaron a Belleview.

Mal ejemplo para otros que buscan otros cuerpos para darse placer y que sí saben amar…