Educación sexual y quema de libros

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A primera vista parece un chiste de mal gusto. El diccionario Merriam-Webster fue retirado de varias escuelas, de hecho, por considerarlo material pornográfico.

Esto sucedió la semana pasada en Menifee, una pintoresca ciudad de 67,000 habitantes en el condado de Riverside, después de que un padre se quejó que en el libro, quizás el más popular después de la Biblia, estaba el término “sexo oral”. Los directivos del distrito, que atienden a 8,000 alumnos de escuela primaria e intermedia, juzgaron que el concepto es tan perjudicial que condenaron el diccionario con sus 450,000 términos.

Los detractores de la palabra no están solos, ya que para muchas culturas el sexo oral es tabú por  no llevar a la procreación o no ser higiénico.

Sin embargo y a pesar de las muy visibles actitudes de rechazo y asco como ésta, la práctica es frecuente entre el 55% de los niños de 15 a 19 años en todo el país. Y para jóvenes aún vírgenes o que lo dejaron de ser en los últimos seis meses, el 80%.

Quitar el diccionario de la biblioteca trae a colación el tema de la educación sexual. La que antes que nada le hace falta a los adultos, claro.

Contrariamente a lo que se supone, el códice de educación de California (sección 51931(b)) no obliga a las escuelas a impartir educación sexual. Sólo estipula que aquellas que lo implementen deben ceñirse a regulaciones estrictas, incluyendo el visto bueno por escrito de los padres. En la escuela charter de mi hijastro de 13 años, por ejemplo, no la imparten. Es una lástima, porque hay niñas que a esa edad ya tienen hijos. Consultado para esta columna, Jeremy fue vehemente en su afirmación que la sex-ed es imprescindible. “Quienes la necesitan no la tienen”, dijo. “Hay que decirles que usen condones”. Yo no lo podría decir mejor.

Sólo el 7% de los padres, según encuestas nacionales, se oponen a educación sexual en las escuelas. Bueno, pero, ¡quién los cuenta!, ¿no?

Por otra parte, si a primera vista la actitud de los profesores del distrito escolar Menafee parecía un chiste de mal gusto, en realidad no lo es.

Sufrimos una ambivalencia vergonzosa respecto a los temas “para adultos”. El sexo es uno de los más sobresalientes. Mejor entonces, que les enseñen que debe estar ligado al amor, o el cariño, y en todo caso el mayor respeto hacia la pareja. Y que se utilicen anticonceptivos.

Entonces, si hasta leer un término gráfico es indeseable, ¿qué decir de la gente pública cuyo nombre se asocia a escándalos sexuales y cuya lista es interminable?

Hoy parecería que para que una joven “artista” de la farándula logre la fama es necesario que aparezca en YouTube un vídeo suyo haciendo el amor.

Lo mismo se puede decir de la violencia. Por todas partes les decimos a los chicos que es mala, malísima. Pero les compramos juegos de vídeo o películas que contienen escenas horripilantes de violencia inaudita, con muertes causadas tanto por los “buenos” como por los  “malos” de las maneras más inimaginables. Bombardeamos a los niños con escenas de las peores carnicerías sangrientas, las noticias de las matanzas más crueles, las fotos y películas de incontables escenas de muerte. Es un cuadro muchísimo más cruel que el de la vida real en la guerra, por ejemplo. Lo digo por experiencia, porque he participado en dos guerras (y en un equipo médico) y todavía oculto mis pesadillas. Pero lo que he visto no es nada comparado con la crueldad inédita y el horror inducido y al mismo tiempo estirilizado, depurado  y limpio del mundo del “espectáculo”.

Así, cualquiera se confunde, incluyendo a algún padre en Menifee. Lo comprendo: todos quieren lo mejor para sus chicos. Pero, ¿qué es lo mejor?

Las escuelas no deben rehuir un tema que es, después de todo, uno de los más importantes de la vida. Por el contrario, deben aceptar el desafío y cumplir su misión educativa imbuyendo a los niños respeto por el prójimo, en especial respeto de la mujer por parte de los hombres. Ese es el sentido, por ejemplo, de la decisión del LAUSD de 2007 de proclamar el 25 de abril el Día de la Mezclilla en Los Angeles, para la difusión de conocimiento y la prevención de la violencia sexual y doméstica, y claro, para recordarnos una vez más la estupidez de un juez misógino (e italiano) que culpó a una mujer de su propia violación por vestir jeans apretados.

Ahora, la junta escolar de Menifee está leyendo el diccionario. Buscan palabras y términos todavía “peores” que sexo oral. ¿Qué harán? ¿Arrancarán las páginas “negativas”? ¿Quemarán los libros? No lo sé: ellos mismos se metieron en una camisa de once varas, que no tiene solución facil y mucho menos individual.

Por último: los chicos piden a gritos que les enseñen, les aclaren, les expliquen y los eduquen. Igual que nosotros, cuando éramos (más) chicos.

Gabriel Lerner
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Gabriel Lerner

Editorial Director at La Opinion
Editor en jefe del diario La Opinión en Los Angeles.
Fundador y editor de HispanicLA.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y anteriormente editor de noticias para La Opinión.
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