East Los Angeles, a video by Steve Saldivar

East Los Angeles from Steve Saldivar on Vimeo.

Vivo en el Este de Los Angeles, un barrio de 120,000 residentes, casi todos hispanos, cercenado entre una mitad perteneciente al municipio de Los Angeles y otras ciudades y otra que no tiene ciudad, que es parte del condado de Los Angeles y que aún no ha logrado independizarse.
Este breve vídeo de Steve Saldívar, estudiante de multimedia en la prestigiosa Universidad de California en Berkeley, sobre su nativo Este de Los Angeles, entonces, me representa, define el lugar donde he estado viviendo en los últimos seis años. Por eso lo describo así, a continuación.

Una vez ambientados en el día y la noche del Este de Los Angeles, escuchamos la voz de Manuel Rojas, quien trabaja en el mismo restaurante, dice él, hace más de medio siglo. Aquí, va diciendo, nada ha cambiado.
Y sin embargo, lo que nuestros ojos ven es que todo cambia.
Para profundizar en la dualidad entre el “nada” y el “todo” del cambio, la próxima imagen es de un cementerio.
Es que los cementerios son parte inseparable del Este de Los Angeles, al menos de aquella parte que no está incorporada a la ciudad, a “el ey”, o LA, y que durante décadas fue constituyéndose en el epicentro de los cementerios del área. Abundan: los de los serbios y los judíos, los de los veteranos de guerra japoneses y los griegos, y el de Evergreen, que contiene más de 300,000 restos de personas, algunos de ellos de los más prominentes de la historia del sur de California.
Solo que entonces, la imagen nos muestra lo nuevo, lo que ha cambiado para asegurar que nada cambie: la extensión de la Línea Dorada del Metro, la conexión de transporte que finalmente, el año pasado, se inauguró en nuestro barrio.
Estamos en la estación del Centro Cívico y a quien vemos es a un veterano mariachi, de los que trabajan en la Plaza de los Mariachis para turistas y a veces para ellos mismos y viven en unos complejos de apartamentos cercanos, solos, sin más familia que la que ven en el espejo.
“El Este de Los Angeles no ha cambiado mucho en los últimos años. Hay muchos servicios que pueden mejorar… para los chicos más jóvenes”, dice, y ella es una joven preparándose para su jogging, o su entrenamiento, en el parque adyacente al centro cívico, y con su voz en off se arregla una y otra vez la vincha.
“Creo que algunos muchachos no se sienten ligados a sus representantes y los servicios”, dice la voz de Jazmín García, de 22 años.
La fachada de otro restaurante mexicano y la virgen de Guadalupe pintada sobre el muro. “Se ve igual”, repite García, y vemos el cartel “Carnes de primera calidad, venga y compruebe” que, si, puede datar de los años 50.
La suya es la voz de la esperanza para una barriada totalmente latina y totalmente abandonada: “hay ahora jóvenes que van a estudiar y que vuelven, porque quieren contribuir, mejorar”.
Uno de los que volvieron pinta East LA diferente: mantenemos algunos de los valores esenciales que uno ya no encuentra en la Estados Unidos que ve todos los días”. Es Alex Luévano, de 36 años, un activista comunitario que ofrece su apoyo voluntariamente “como ciudadano, como cualquiera”, para que “allí donde yo esté, cuando les diga que vengo del Este de Los Angeles, no me digan, uy, ¿de allí?, no, yo hago mi parte para cambiar esa percepción de que este es un barrio malo”.
“Porque no lo es”, afirma Luévano. “Si la gente pusiese su tiempo y  mirase, su idea cambiaría”.
Mientras las imágenes son del cielo de tormenta y de viejos en los bancos y de cúpulas de iglesias, Luévano explica que “lo primero que pienso sobre ELA es que tiene mucho potencial”.
Tenemos el estigma del barrio, el varrio, pero no es un slum, sino un barrio orgulloso, didce Luévano, Saldívar, digo.
Gabriel Lerner, editor de HispanicLA.

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