Dictadores buenos, Dictadores malos

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¿Por qué Augusto Pinochet recibía el trato de dictador por parte de los políticos y los medios de comunicación, y Fidel Castro el de presidente de Cuba?
¿En qué proceso electoral fue elegido presidente el general Raúl Castro? ¿En cuáles comicios democráticos fue electo antes su hermano Fidel?

¿Cuál es la razón por la que Anastasio Somoza, Rafael Leónidas Trujillo, Fulgencio Batista, Jorge Rafael Videla, Francois Duvalier y su hijo “Baby Doc”, Marcos Pérez Jiménez, Juan Carlos Onganía, José M. Velasco Ibarra, Humberto Castelo Branco , Juan María Bordaberry, René Barrientos, Alfredo Ovando, José Félix Uriburu, Juan Vicente Gómez, Pedro Aramburu, Porfirio Díaz, Carlos Castillo Armas, José María Guido, Gustavo Rojas Pinilla, Leopoldo Galtieri, o Alfredo Stroessner, son todos ellos ex dictadores y Fidel Castro es el ex presidente cubano?
¿Es que hay dictadores buenos y dictadores malos?

Estas son preguntas que se hacen los cubanos, tanto los que viven en la isla como los que están dispersos por los cuatro puntos cardinales gracias a dos “presidentes” que nunca nadie eligió.
La palabra dictador fue creada en la antigua república de Roma, hace 2.500 años, cuando en situaciones de extrema gravedad los cónsules, por orden del Senado, nombraban a un “dictator” que asumía todos los poderes por seis meses, hasta el restablecimiento de la normalidad.
Con el surgimiento de las democracias modernas en el siglo XIX, el término dictador volvió a ser utilizado para designar a todo jefe de gobierno que ejerce el poder “manu militari” (por la fuerza) de forma absoluta haciendo trizas el principio enunciado por el barón de Montesquieu en el siglo XVIII de la independencia de los tres poderes en que se sustenta la democracia moderna: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX la mayoría de los medios de comunicación de todo el mundo y los políticos latinoamericanos consideran dictador sólo a los “hombres fuertes” que militan en la derecha. Por lo general, si el susodicho es de izquierda y antinorteamericano lo llaman presidente, aunque nadie lo haya elegido, oprima a su pueblo, sea corrupto hasta la médula y convierta a su país en ruinas.
En Nicaragua, los Somoza (padre e hijos), de extrema derecha, sin duda eran dictadores.

Pero el sandinista Daniel Ortega, una vez derrocado Somoza en julio de 1979 se mantuvo en el poder por la fuerza hasta 1990 –con apoyo soviético y cubano–, y no era considerado dictador. Jamás un medio de prensa latinoamericano o de EE.UU. dejó de llamar presidente a Ortega en esos 11 años.
Tampoco era calificado de dictador el general Juan Velasco Alvarado, quien en 1968 encabezó en Perú un golpe militar contra el presidente Fernando Belaunde, democráticamente elegido, e instaló una dictadura militar nacionalista de izquierda que gobernó hasta 1975. Velasco se autoproclamó “Presidente del Gobierno Revolucionario de Perú”, y así fue tratado pese a que encarcelaba o deportaba a sus oponentes políticos, suprimió la libertad de expresión, nacionalizó algunas industrias fundamentales, y estableció vínculos militares y políticos con la Unión Soviética –Moscú le entregó grandes cantidades de armamentos– y con el régimen castrista, mientras empobrecía a los peruanos.
En la vecina Bolivia el general Alfredo Ovando, golpista derechista era un dictador.

Cuando en octubre de 1970 Ovando fue derrocado por otro general derechista, Rogelio Miranda, éste también fue dictador. Miranda fue depuesto casi de inmediato por un contragolpe militar encabezado por el izquierdista general Juan José Torres, quien ya no fue dictador porque se declaró antimperialista y nacionalizó las minas principales del país. Diez meses después, en agosto de 1971, el “presidente” Torres fue derrocado por el general Hugo Banzer, dictador por su condición de derechista e ideas fascitoides.

En Panamá, en 1968 el coronel Omar Torrijos dio un golpe de estado junto con otros militares que derrocó al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid. Torrijos disolvió los partidos políticos, se autoascendió a general, asumió poderes absolutos con el título de “Líder Máximo de la Revolución”, y se mantuvo en el poder hasta su muerte en un accidente de aviación en 1981. Pero nunca fue considerado dictador porque era de izquierda, antinorteamericano, amigo de Fidel Castro y obtuvo de Washington la devolución del Canal de Panamá.

Es obvio, pues, que los medios de comunicación en general tienen una visión ideologizada de lo que es un dictador, lo cual viola la objetividad periodística de la que tanto presumen.
Todos deben ser repudiados

No, no hay dictadores buenos y dictadores malos, sino simplemente dictadores. Y todos deben ser repudiados por igual, no importa su afiliación política e ideológica. Quien gobierna por la fuerza, concentra en sus manos los poderes públicos y no se somete al escrutinio popular hace regresar la sociedad a la Edad Antigua. Como decía Simón Bolívar, “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

No hay líderes mesiánicos por derecho divino con la misión histórica de guiar a sus pueblos, como alegan los líderes populistas. Suiza, Noruega y Luxemburgo son los tres países con más alto nivel de vida sobre la Tierra (según la ONU) y ninguno tiene caudillos “iluminados”.

Se comprende que en los países en desarrollo surjan líderes populares que encabecen procesos revolucionarios para derrocar regímenes sanguinarios que oprimen al pueblo. Lo que es inadmisible es que esos líderes en vez de restablecer las libertades democráticas se conviertan luego en tiranos a veces peores que los derrocados. En el siglo XXI, las naciones no necesitan ya héroes –tipo Cid Campeador o Juana de Arco–, sino instituciones que garanticen las libertades individuales y un estado de derecho que facilite el desarrollo social y económico.

Fidel y Raúl Castro llegaron al poder el primero de enero de 1959 luego de derrocar al dictador Fulgencio Batista –que gobernó Cuba por 6 años y 9 meses—, pero 52 años después siguen en el poder y no lo van a dejar mientras vivan.

Fidel prometió desde la Sierra Maestra que habría elecciones democráticas cuando triunfase la revolución, y que sería restablecida la Constitución de 1940. Pero 36 días después de asumir el control del país, el propio Castro redactó el 7 de febrero de 1959 la “Ley Fundamental”, por la cual el Consejo de Ministros que él presidiría definitivamente una semana después asumió los tres poderes públicos. También abolió la Constitución de 1940, y lanzó la consigna de “¿Elecciones para qué?

En 51 años y 9 meses jamás en Cuba ha habido elecciones presidenciales y son ya muy pocos los que recuerdan los últimos comicios de 1948, cuando fue elegido Carlos Prío presidente de la república.

No obstante, hace poco los medios de prensa publicaron mundialmente una melíflua nota de la AP sobre el cumpleaños de Fidel Castro que fue titulada: “Cumple 84 años el ex presidente cubano”. Lo mismo hicieron las cadenas de TV de EE.UU. y de todo el planeta.
Títulos como ese son una afrenta al pueblo cubano, como es una ofensa a los chilenos llamar ex presidente a Pinochet.

Roberto Alvarez-Quinones

Roberto Alvarez Quiñones (1941), periodista, economista y licenciado en Historia cubano residente en California, con 40 años de experienciacomo columnistaen el área económica,primero en Cuba en el periódico “Granma” (1968-1995),y simultáneamente en la Televisión Cubana, donde fuecomentarista de economíainternacional, desde 1982 a 1992. Profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana desde 1982 a 1992.
Llegó a EEUU en 1995, y en 1996 comenzóa trabajar en el diario “La Opinión” de Los Angeles,donde fueeditor ycolumnista de las secciones de Negocios, Latinoamérica, El Mundo, y el suplemento“Tu Casa”(bienes raíces), hasta 2008. Actualmente es analista económico de Telemundo (TV), y escribe columnas y artículos para varios medios en español de EEUU y España. Es autor de 6 libros, 4 publicados en La Habana y 2 en Caracas, Venezuela. Ha recibido 11 premios de periodismo.

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9 Comments

  1. Estimado señor, llegué a su nota por el seguimiento informativo que hago a noticias referidas a Bolivia (mi Patria), radico muchos años en Nueva York.
    Su enfoque me parece muy interesante y constata una realidad inobjetable particularmente en Sud América. Ahora bién debo decirle que discrepo, puntualmente, en caracterizar al Gral Juan José Torres como un dictador, apesar de que el no subió a la primera magistratura de mi país por el voto popular, pero tampoco por un golpe militar.
    Podría uno debatir largamente si el sólo hecho de ser elegido en las urnas lo hacen a uno demócrata y no ser un por tanto un dictador, basta como contra ejemplo el caso actual boliviano; tenemos un Presidente elegido democráticamente y con una amplia mayoría de votos, sin embargo su Gobierno, en mi opinión y la de muchos bolvianos, va por un camino asfaltado a un proceso dictatorial recubierto con una gruesa capa constituconal.
    Retornando al caso del Gral Torres debo decirle simplemente que probablemente fué uno de los gobiernos donde más se respeto los derechos humanos (libero a todos los presos políticos incluidos Debray y Bustos), no hubieron en su corto mandato presos políticos, Se respetaron las libertades sindicales, de huelga, y de información, y sobre todo, el més que fué derrocado, iba a convocar a un referendum nacional para aprobar una nueva constitución y convocar a elecciones. El proyecto de Constitución Política del Estado, en cuestión, si bién no es muy conocida en Bolivia fué publicado por el Congreso boliviano.
    En todo caso, reciba usted cordial saludo y siga con sus interesantes reflesiones.

  2. ¿PINOCHET , O FIDEL?
    Agradezco los comentarios favorables que ha tenido esta reflexión acerca de por qué Pinochet era un dictador y Fidel Castro no lo es, según los medios de comunicaciones. Hace un rato una querida amiga mia cubana me comentaba por email que de que de no haber tenido Chile al “célebre dictador” Augusto Pinochet (que puso fin a lo que apuntaba a una cubanización de ese país como ocurre hoy en Venezuela), tal vez el emotivo y hermoso desfile que ella vio en la TV el domingo 19 de septiembre sobre el aniversario 200 de la independencia de Chile habría sido muy diferente, con exhibición de armas soviéticas obsoletas y soldados marchando a desgano por las calles ruinosas de Santiago de Chile. Y me señalaba con evidente tristeza patriótica: “Esperemos que para nuestro 200 Aniversario (en 2102) ya hayamos progresado.”

    Mi ex colega de estudios tiene toda la razón del mundo para pensar así. Comparto su reflexión. A quienes se “ofenden” cuando comparo a Fidel Castro con Pinochet solo les digo que la experiencia de los cubanos en estos 52 años de dictadura en nuestra isla caribeña es tan nefasta y dramática que
    estoy seguro no estoy solo si me atrevo a decir: Ojalá los cubanos hubiésemos tenido a Pinochet y no al Fuhrer nacido en Birán. O sea, que por arte de magia hubiésemos podido decirles a los chilenos lo que el chinito del cuento criollo: “¿Tú quiele cambia?” y que ellos nos hubiesen enviado a Pinochet y nosotros a ellos al comandante envuelto en fino papel de regalo.

    Porque lo cierto es que asesinatos y atropellos aparte (Castro ha cometido MUCHOS MAS), Pinochet no destruyó la empresa privada ni convirtió en ruinas a Chile, que es hoy la nación latinoamericana que exhibe mayor desarrollo económico y social, casi a punto de entrar en el Primer Mundo.

    Pero además, si bien Pinochet se atrevió a convocar un plebiscito sin trampas porque pensaba lo iba a ganar, al perderlo sí tuvo la ética de entregar el poder. Fidel jamás lo habría hecho, pues no conoce la ética y nunca ha jugado limpio. Se va a morir en el poder como Primer Secretario del Partido Comunista, número uno del país según la Constitución.
    De manera que con Fidel al frente, Chile estaría pasando hambre y necesidades de todo tipo, y los chilenos carecerían de las libertades individuales más elementales.

    Pero la magia no se dio y Fidel sigue martirizando a los cubanos.
    Roberto

  3. Estimado amigo Alvarez Quintero, algo que se me quedó en el tintero: Fidel Castro no es un presidente, es un dictador. Algunas prensas cuando se refieren a él lo nombran como Presidente Fidel Castro. ¿Presidente de qué, cuándo fue elegido…?
    Después del paripé de nombrar a Osvaldo Dorticós en el 1960 como presidente provisional de Cuba, lo sacó rapidamente para ponerse él. Y sí que se puso!!

    Yo personalmente como cubana sólo quiero llegar a Cuba -pues llegará su día- a curar heridas y a levantar la patria.

    Gracias por su artículo tan bien documentado. Martarita Noguera.

  4. Buenísimo este artículo de Alvarez Quiñones…Es simplemente vergonzoso que se haga esa distinción de nomenclatura entre dictadores de izquierda y de derecha…Por cierto, que todavía hay muchos que no quieren reconocer que ha sido en general más positivo el saldo histórico generado por los dictadores de derecha que los de izquierda…..Más claro que el agua….
    Felicitaciones a Alvarez Quiñones por este trabajo….

  5. Esto que dice este articulo es lo que comentamois hace mucho tiempo todos los que hemos salido de Cuba por culpa de ese “presidente” que como dice este escrito no eligio nadie. Es escandaloso el papel complice o de complacencia que hacen los medios de prensa y la television con la dictadura peor que ha existido en las aMERICAS. Magnifico eso de que se trata a Pinochet a dictador y a Fidel de presidente, sin haberse sometido nunca a unas elecciones. Y Raul Presidente de que si nadie lo eligio tampoco.

    • ¡De acuerdo! A los dictadores no se le eligen, ellos hablan, ejecutan y torturan de acuerdo con su juicio personal pues no hay sistema jurídico. Las cárceles son la residencia, casi siempre permanente, de aquellos que se han permitido hablar o protestar.

      Una medio-hermana mía fue a la cárcel por cuatro años, seis meses después de haber dado a luz. Finalmente la soltaron pues no había nada en contra de ella. Pasó algunas veces en la carcel negra por no firmar papeles que contradecían el por qué de su encarcelamiento y que asintiera en que el trato que se le dio fue bueno. Mi padre por poco se muere, pues a ella la trasladaban de cárcel en cárcel y había que viajar grandes distancias.

      Hay mucha utopia en Cuba. Por ejemplo, se cree generalmente que Che Guevara nunca estuvo involucrado en crimenes y que solamente era un héroe intelectual. Ojo con el médico, cambió el estetoscopo por el rifle y por órdenes sanguinarias.

      Hay mucha historia real que saldrá a la luz un día para sorpresa de muchos.

      Gracias por su artículo. Los dictadores de izquierda o derecha no son más que DICTADORES!

      Margarita Noguera, cubana y escritora.

  6. Excelente, mi amigo, esto le debe estar rechinando en las mentes a los obtusos que no acaban de darse cuenta de que la vida es como es y no como ellos la quieren escribir. Bueno, tambien los que no quieren dar su brazo a torcer, que es lo peor. Un articulo como este es incuestionable y aplastante. Los que continuan llamando presidente o ex presidente a Fidel y Raul Castro no solo estan reproduciendo la hipocresia politica e ideologica mas utilitaria a esos tiranos, sino que tambien estan convirtiendo en ficcion sus propias conciencias. Yo creo que esto va mas alla de lo que pudieran ser los verdaderos conceptos de una izquierda seria (o es que no la hay?), esto es un problema de machismo izquierdoso, de paternalismo y arrogancia de creer que solo ellos tienen la unica verdad en la mano; es como una enfermedad de ideologismo que huele a podrido desde hace mucho tiempo y de la cual, insolitamente, una gran parte de los medios -aun cuando estos dictadores les ofenden, censuran y hasta prohiben-, siguen haciendoles el juego. Asimismo le pudiera pasar a los intolerantes de la derecha, que de igual manera se apertrechan en burradas fascistoides y no saben ver el mundo nada mas que a traves de sus lentes discriminatorios. En fin, es un problema viejo, tan antiguo como el origen del ser humano (o para mejor decir: del ser inhumano). Gracias por este articulo que hace llamar a las cosas por su nombre, Manuel

  7. Me da gusto que alguien escriba un articulo diciendo lo que todo el mundo sabe y nadie dice, que la primera condicion para ser considerado dictador en America Latina es ser de derechas. Muy buenos los ejemplos que da este escritor que muestran que ningun tirano si es de izquierda es llamado dictador por la prensa, ni por los gobiernos y politicos. Felicito a Roberto por este articulo tan bueno.

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