Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede

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Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede

(Caracol de Oventick)

A partir del siglo XIX se utilizó la imagen de la Malinche para explicar nuestro origen mestizo y el papel que ocuparía la mujer en la nueva nación. Acusada de traicionar a su pueblo  y de entregar su cuerpo al enemigo, su doble “raja” –cuerpo y palabra– es entendida y explicada como consecuencia de una doble pertenencia a lo subalterno: indígena y mujer.

En el ensayo Rajadas y Alzadas, Belausteguigoitia cuestiona el papel  que intelectuales como Octavio Paz confieren a la Malinche y afirma que “es curioso que Paz no mencione que la Malinche fue esclavizada y vendida a Cortés cuando narra que ella se da voluntariamente; en todo caso ¿cómo opera la voluntad desde la esclavitud?”.

Por otro lado, mujeres como Rosario Castellanos (chiapaneca de estrechos vínculos con mujeres indígenas), afirman que Doña Marina fue vendida como esclava por sus padres “para aumentar la herencia del hermano”. De cualquier manera, la imagen de la mujer indígena a partir de esta figura es entendida como objeto de trueque y transacción.

En los últimos años del siglo XX las mujeres indígenas neozapatistas se reapropian de la imagen de la Malinche, Doña Marina, la rajada, la chingada, para empoderarse, para exigir el respeto a sus derechos y sus cuerpos: “han movilizado el arquetipo de la rajada, la que se abre, hacia la que se alza, se levanta y rehúsa autorías de traición”. Como a ella, a la mujer que traiciona, a la que transgrede las normas, a la que se levanta, se le aplica como arma de guerra, como castigo: la violación de su cuerpo.

Las indígenas zapatistas libran una doble lucha: al exterior, junto a los hombres, demandan redistribución económica, reconocimiento y no exclusión; al interior, como mujeres, demandan derechos económicos respecto a la subordinación de género (poder heredar la tierra) y culturales (no ser discriminadas como seres simbólicamente inferiores).

En este contexto, el discurso de la Comandante Esther en la Cámara de Diputados en 2001 obliga a un replanteamiento sobre la posición de las mujeres frente a un sistema  capitalista patriarcal que la ha oprimido durante siglos: “Mi nombre es Esther, pero eso no importa ahora. Soy zapatista, pero eso tampoco importa en este momento. Soy indígena y soy mujer, eso es lo único que importa ahora”[1].

Esta nueva traición, la de las otras malinches, hacia sus usos y tradiciones (impuestos desde afuera), es vista por feministas de todo el mundo como un gesto de liberación.

La violación de los cuerpos como arma que calla voces, no sólo la sufren por parte de paramilitares, del Estado y del neoliberalismo; también al interior de sus comunidades. En 2003, con motivo de la inauguración de los Caracoles, la Comandanta Esther exige respeto al rico explotador y a los pobres

…también nuestros esposos, hermanos, padres, hijos, nuestros compañeros de lucha, los que trabajan y están organizados junto con nosotras, (…) cuando exigimos respeto a las mujeres, no sólo lo demandamos de los neoliberales, también se lo vamos a obligar a los que luchan contra el neoliberalismo y dicen que son revolucionarios, pero en su casa son peor que el Bush…[2]

Luego, la comandanta Fidelia habla a las mujeres de México y el mundo:

…hoy las invitamos a las mujeres de todo México y el mundo y las que están en los rincones que no son organizadas, no nos escuchan pero sí va a llegar mi voz. Que nosotras vamos a obligar obligatoriamente nuestro respeto como mujeres que somos aun pongan su carita triste. Porque todavía hay muchas partes de México que (…) dicen que no servimos, no valemos, no tenemos ningún derecho, pero hoy este momento se ha cumplido (…) que por obligación nos tienen que respetar.[3]

Del maltrato no culpan a los hombres; a través del sistema autónomo de educación se han dado a la tarea de comprender que esas prácticas son herencia de 500 años de conquista. Para el 2003 –cuando se fundaron las Juntas de Buen Gobierno– en la mayoría de las comunidades autónomas habían escuelas a las que asisten niñas, jóvenes y adultas para aprender su historia y formas de organización. Dice el Sup Marcos que “no puede ser independiente y libre la mujer que depende económicamente del hombre”. A través de la educación, de creación de cooperativas y otras actividades, se busca que las mujeres logren conciencia histórica y obtener un ingreso que las haga libres.

Con la participación de mujeres en el EZLN y en la organización civil, los indígenas comprenden la necesidad de mirar a las mujeres con otros ojos; el abuso y la opresión hacia la mujer no son buenos para el otro mundo que están construyendo; con errores y tropezones aprenden que sólo así es posible “un mundo donde quepan otros mundos”.

Según Giomar Rovira, “las ONGs de mujeres mexicanas y extranjeras han llevado a Chiapas proyectos  dirigidos a las mujeres indígenas y han cuestionado su propio papel”. Colectivos de mujeres migrantes en España, maltratadas, prostitutas y amas de casa de Londres y Estados Unidos, pedagogas y psicólogas dominicanas, peruanas y argentinas; revistas dirigidas por mujeres como Marie Claire de Francia o Debate Feminista en México, han publicado manifiestos y reportajes sobre las indígenas zapatistas, y han reivindicado la participación de la mujer en la lucha contra la dominación masculina del capitalismo.

  • Belausteguigoitia, Marisa (2007) “Rajadas y alzadas: de Malinches a comandantes”. En Miradas Feministas sobre las mexicanas del siglo XX, comp. Marta Lamas. FCE, México.
  • Rovira, Guiomar (2009) “Zapatistas sin fronteras”, Editorial ERA, México.
  • Muñoz Ramírez, Gloria (2003) “20 y 10 el fuego y la palabra”, La Jornada ediciones. México


[1] Discurso de la Comandanta Esther. Cámara de Diputados, 28 de marzo de 2001. Disponible en http://www.rimaweb.com.ar/derechos/esther.html
[2] Comunicado de la Comandanta Esther a los Pueblos Indios de México. 9 de agosto. Vease www.ezln.org
[3] Palabras de la Comandanta Fidelia a las mujeres de México y el Mundo. 9 de agosto de 2003. Disponible en http://palabra.ezln.org.mx/