Crónicas desde el Hipódromo | Polución

Desde un punto
del Valle de Anáhuac

Han suspendido las carreras en el hipódromo por el momento. Hay demasiado humo en el ambiente. Escucho mencionar que hay celebraciones indígenas por toda la ciudad y poco viento para disiparlo.
Ha hecho tanto frío que llegue a pensar que se trataba de una bruma o una neblina.

***

Desde donde me encuentro se puede observar la vegetación abundante del Parque México, que se suma a los variados follajes de los árboles que han crecido en los camellones de las calles circundantes.

A cierta distancia puedo ver bastantes copas de los pinos del Bosque de Chapultepec y a lo lejos las diversas tonalidades verdosas del Ajusco.

A pesar de la inmensa urbe me sorprende la cantidad de áreas verdes, a diferencia de otras ciudades del país donde los porcentajes por habitante son más bajos.

De los casi tres meses que tengo viviendo en la capital de México, podría decir que me han tocado días de todo tipo en cuanto a la calidad del aire y una sola contingencia ambiental.

***

Me cuesta trabajo calificar un solo día, cuando se presentan condiciones diferentes desde que amanece hasta que cae el sol.

Hay amaneceres con una claridad impresionante, así como crepúsculos que permiten apreciar con detalle los rincones más alejados a la vista.

Pero las percepciones varían de un ojo a otro.

– Cómo ves el día de hoy que está despejado?, – me preguntan como si se tratara de un examen.

– Contaminado no? – contesto como si fuera obvio.

– Pero de que color ves el cielo? – Examen avanzado, por lo visto.

– Lo veo gris. – No hay que esforzarse mucho.

– Los que vivimos en DF terminamos por ver el gris de color azul.

Para él es un día claro, de esos que vale la pena observar a pesar de que una especie de bruma opaque el fondo visual.

***

Dependiendo de las condiciones atmosféricas, la contaminación genera postales de diversos matices, desde una especie de tenue neblina hasta lo que parece la invasión de una tormenta de arena, sin dejar de mencionar cierta coloración ambarina que se llega a ver, como si se tratara de un cielo alienígena.

– Qué fotografías? – me pregunta extrañado.

– Estoy tomando fotos de la ciudad contaminada. – Hay un café muy raro en el cielo del que vale la pena dejar constancia.

– No las vayas a publicar porque vas a asustar a la gente. Van a pensar que vives en una bomba de tiempo.

– A ustedes les asusta?

– Nosotros ya nos acostumbramos.

***

Hay días en que las obras públicas o las marchas se conjuntan en una especie de complot contra la capital, desquiciando al más estoico de los conductores y desdibujando de igual manera el rostro de la ciudad.

– ¿Cómo lo trata la contaminación? – le pregunto a un taxista furioso por el tráfico que va a vuelta de rueda.

– Espérese para el invierno joven, que es cuando hay contingencias de verdad. Cuando hay de esas cosas térmicas, ¿cómo le llaman?

– Inversiones.

– Eso mero joven. Yo no sé por qué le llaman inversión, si nada ganamos con eso. Eso vale madre. El problema son estos cabrones que no avisan antes de cerrar las calles.

Prefiero el silencio a contestar.

***

Periférico es un interesante lugar para constatar lo que se dice y lo que realmente sucede en las calles de la ciudad.

Llegué con la idea de que en la zona metropolitana ya no se veía salir humo negro de los escapes, pero vaya sorpresa darme cuenta que al final no todos cumplen con la obligación de no contaminar.

– ¿Por qué circulan algunos camiones y micros que contaminan tanto? ¿No se supone que está prohibido circular cuando emites tanto humo? – Pregunto rebuscadamente a mi copiloto.

– Las mafias de los camioneros hacen lo que quieren. – Me contesta con cara de alguien acostumbrado a la existencia de esas mafias.

– ¿Pero también hay mucho camión viejo circulando, no?

– Han de ser del Estado. Allá están más cabrones. – La culpa es de quienes viven en el feudo de Peña Nieto.

***

Y me pregunto de vez en cuando si algo ha mejorado con el tiempo.

– ¿Ha servido de algo el “hoy no circula”? – pregunto para no dejar duda de que soy de provincia.

– Es una mamada we. Al final todos terminaron comprando otro coche para circular cuando paras uno de los dos, – me contesta uno.

– A huevo. Siempre hemos vivido con eso, hermano y así nos vamos a morir y todo seguirá igual, – remata otro.

– Lo que si te diré es que los chilangos somos como las cucarachas. Ya nos adaptamos y estamos para resistir lo que sea, – termina diciendo un tercero y yo sin saber si reír o llorar por la respuesta.

– No mames cabrón, – contestan los otros dos al unísono mientras chocan sus vasos.

Prefiero esbozar una sonrisa y pensar que estoy en una reunión de nuevos hippies.

***

La Condesa de Miravalle sigue molesta porque las carreras no se reanudan y amenaza con prender fogata en medio de la pista, dice, que para estar a tono.

Sólo espero que no se les antoje asar algo, porque lo único que hay a la vista son las carnes de los caballos.

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