Con Fabulaciones: La Habana secreta de Abilio Estévez

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Inventario secreto de La Habana conforma una amalgama de sentimientos,  objetividades y ficciones al modo de un grimorio de la memoria. En este libro se mezclan la infancia feliz y la adultez de Abilio Estévez con su sensibilidad de poeta y con sus miedos de habitante de esa urbe apaleada, miserable y entristecida, pero mágica y vital a pesar de la hecatombe.

Es un libro también para el otro, el turista inteligente, quizás, que lo agradecerá, porque conocerá una nueva realidad del mundo: las calles achacosas de La Habana, sus barrios hacinados, su sol calcinante; pero que, turista al fin, sentirá la atracción misteriosa de algo invisible (que no creo podrá definir), al respirar el aire caliente y el salitre que a nosotros (los sobrevivientes nostálgicos), nos ha roído las neuronas y nos ha creado espejismos, haciéndonos creer que más allá de las consignas, de los estereotipos de la mulata y sus chancletas, del solar y los toques de santo, de la convivencia del babalao con el “marxista”, de la conga, la rumba y el beisbol, entre tantas cosas, se pueda encontrar detrás la presencia sagrada del mar y la gran promesa cósmica de una “luz”, y ambas cosas no son sino las ansias de querer vivir como sea, de la manera que sea, a costa de cualquier pecado que sea; aspectos que —por encima del temor perdurable a la amenaza y a la espera por algo que viene del origen— han formado parte insoslayable de una química del alma.

Sin embargo, este libro no es toda La Habana, sino el lado feliz y de remembranza de Abilio Estévez. La otra Habana es, por ejemplo, la de Guillermo Cabrera Infante, la de Reynaldo Arenas, de Raúl Rivero, de Manuel Díaz Martínez, la de tantos disidentes y exiliados. En fin, hay muchas Habanas, como bien dice Estévez en algún momento, y las Habanas, todas, digo, son la misma isla… Pero esto sería otra historia, otra manera más de ver el universo cubano.

En lo particular, me convenzo de tres cosas: 1) de que la memoria no es abstraccionismo vano como una manera más de pasar el tiempo, sino esencia de vida y regocijo de haber vivido. En la literatura como en los sueños, recordar es uno de los mecanismos del viaje que hacemos constantemente. Y porque recordamos, 2) la ficción está presente con su naturalidad de ser la otra cara importante de la realidad. La ficción aquí se encuentra en anécdotas bien hiladas, en los entresijos de la invención y lo vivido, quizás en sus metáforas e imágenes de ese algo-más-allá, transformador, que siempre está en toda tramada narración. La ficción así —como siempre ocurre en la buena literatura— se hace parte fundamental de la memoria, porque la natural distorsión de los recuerdos lleva al tejido de historias y leyendas que, en definitiva —aun cuando puedan ser mentiras urdidas— nunca dejan de ser grandes verdades. Y 3) el viaje que es este mismo libro: viaje en el tiempo; viaje en el espacio de la distancia recorrida y viaje en la búsqueda de los mejores sentimientos, afectos y reconocimientos.

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Uno de los recovecos ocultos de La Habana en este inventario —de aciertos— es el hecho de no querer definir quiénes somos para, en todo caso, sugerirnos como seres contradictorios e impredecibles. Y es “lo paradójico y lo impredecible” dos aspectos psicosociales que encuentro en esta Habana secreta de Abilio Estévez, que siempre se ofrece a muchos de nosotros (los sobrevivientes, repito), donde hallamos una buena muestra de que la existencia, incluso con su pesadilla infernal, puede ser vivida —hasta un límite, claro— con felicidad, y siquiera literariamente recordada con amabilidad, a pesar de las otras Habanas.

Otro asunto más sería la presencia de la espera, que nos une por encima de las atrocidades que salen de la ideología, del engaño histórico, de las huecas zoncerías patrióticas y de los enrejados de cualquier poder; es ésa probablemente nuestra existencia absurda, o digamos, metafísica: el amor a la belleza por encima de la fealdad y la miseria en que hace muchos años está sumida la isla; del afecto a los seres queridos y a lugares de nuestro origen, más allá del tiempo y la distancia. Esto, no sé si tenga algo que ver con la identidad, pero sí reconozco que se constituye en el secreto sentimiento de una búsqueda y, como ha dicho el mismo autor, de una espera perenne; la raíz, nuestro sentir hechizado que todavía no se ha logrado definir, eso que siempre hemos estado llamados a ser y no somos aún (o a lo mejor nunca seremos, o tal vez…). En definitiva, una esencia existencial paradójica e impredecible, vuelvo a decir, tan contradictoria y resbaladiza, tan conformista y peleadora a la vez, sufrida, triste, bella y guapachosa, que a veces espanta y siempre aparenta diluirse entre carcajadas, burlas y audacia, entre inteligencia, creatividad y choteo, entre carnaval y desgarramiento.

No obstante, La Habana —paradoja, al fin— y “la isla en peso”, toda, imponen la necesidad misma de sobrevivir, de sentir ese algo inefable del mundo por encima de ese probable alto índice de suicidios. La Habana es también, entre tantas cosas, ese negro trompetista de Luyano, “que [ya] nada quería saber de los cubanos”, huraño, desconfiado y perdido, que tocaba La bella cubana ante la orilla de un río, apuntando su trompeta “hacia el oscuro y nublado cielo de [una] rara noche de primavera” en Stuttgart… Y así, también La Habana es cada una de las poblaciones de esa larga balsa a la deriva… que lentamente parece moverse sobre el mar, en espera —quizás— de una nueva dimensión en las aguas del tiempo.

El autor nació en La Habana, Cuba, en 1954. En 1977 se graduó con una licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana, donde al año siguiente realizó un posgrado en filosofía. A los 46 años abandonó Cuba, cuyo régimen critica[]. Considerado uno de los más importantes dramaturgos de su generación, ha escrito una decena de piezas y enseñado en varios países (Estados Unidos, Italia, Venezuela). Estévez es un escritor polifacético —novelista, cuentista, poeta y dramaturgo— que ha sido premiado en todos los géneros en los que ha incursionado. Su mejor obra es considerada la novela Tuyo es el reino, merecedora de dos premios. Sus libros han sido traducidos y publicados en inglés, francés, alemán, italiano, portugués, finlandés, danés, holandés, noruego, griego. Su libro Inventario secreto de La Habana es una novela, publicada por Tusquets Editores de Barcelona, en 2004.

[Datos tomados de Wikipedia]

5 Comments

  1. La nota tuya, Manuel, va mas alla de Estevez y de La Habana. Es una reflexion sobre la distancia temporal y geografica, sobre la reescritura de nuestra propia biografia, sobre los exilios y los despertares del alma. Una verdadera invitacion a hilar nuestras silabas locales a una gramatica universal. Muchisimas gracias.

  2. La nota tuya, Manuel, va mas alla de Estevez y de La Habana. Es una reflexion sobre la distancia temporal y geografica, sobre la reescritura de nuestra propia biografia, sobre los exilios del alma. Una verdadera invitacion a hilar nuestras verdades locales a lo universal. Muchisimas gracias.

  3. Es verdad de Perogrullo repetir que en Cuba todo pasa por La Habana. Allí en esa ciudad mágica se forjó mucho de la cultura nacional. Eso no lo niego. Tampoco puedo olvidar que si de adelantos se trata, esa capital constituyó en su momento un paradigma en medio de un país que eran dos: La Habana es una ciudad y lo demás campo. Abilio Estévez no se desmerita pero y viene entonces mi reproche provinciano, un país es no sólo su ciudad más bella, más moderna, más cosmopolita. Entre otras cosas, esa es un problema que la cultura cubana necesita replantearse. se precisa representar a CUba en su complejidad. Recuerdo a Cardoso y sus cuentos villareños, pero y ¿Cuántos más? Ya sé que hubo gran incidencia de lo rural en la poesía y la cuentística, pero dime y qué más. ¿Adónde quedan las otras ciudades? Las otras áreas. Miremos a Estados Unidos. Los grandes escritores no se circunscriben a un lugar, igual que en España, por mencionar un ejemplo. Más del Ochenta por ciento de los cubanos no vive en La Habana y aunque nos unen muchos elementos, también hay diferencias radicales. AL fin y al cabo la capital es como síntesis, pero hay parcelas apenas mencionadas de la cultura cubana, es como si no existieran. A veces por su propia mediocridad provinciana y otras veces porque con la “Revolución” lo que se hacía en provincias era de provincias y no nacional. UNa nación no puede ser representada por un conglomerado específico por muy avanzado que sea. Aún en la pobreza de la vida de Oriente u otro lugar se puede encontrar mucho del cubano que no es siempre La Habana y muchas veces incluso no es como La Habana. Perdona la nota pero me pareció oportuno mencionarlo. Julio Benítez

  4. Leí ese libro hace muchos años. Abilio es mi hermano del alma y un escritos insuperable. Sé de esa Habana de la que habla, la conozco porque junto Carmen Rosa, una amiga en común, la caminé, la disfruté, la sufrí y la amé con todas sus dificultades y bellezas.

  5. Un bello libro de remembranzas de Abilio Estevez, uno de nuestros escritores-artista de la palabra. Gracias. Alberto Lauro

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