Codex Espanglesis

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Esta es la parte 2 de un total de 17 partes en la serie Spanglish / Editor: Aurelia Fierros

Durante las últimas décadas se ha gestado en Estados Unidos una nueva tradición literaria que podría ser descrita como Codex Espanglesis. Se trata de una manifestación cultural polifacética escrita en una nueva lengua que resulta del híbrido entre el inglés y el castellano y a la que la gente se refiere como el Spanglish. (Otros nombres: espanglés y casteñol). El propósito de este ensayo es explicar de dónde viene esa tradición, quién la frecuenta, cuáles son sus vicisitudes, y qué es lo que el futuro le depara.

Su cimiento es la minoría latina. A partir de los peregrinos protestantes que llegaron desde Holanda en el barco La Flor de Mayo en el siglo XVI, el país siempre se ha visto rejuvenecido por inmigrantes que llegan de todas partes del mundo. Los latinos en la actualidad son casi 50 millones, una cifra demográfica astronómica que representa la segunda concentración de gente de origen hispánico en el mundo, después de México (107 millones) y antes de España (46.5  millones) y Colombia (45 millones). Pero no todos los latinos hablan el mismo idioma: los hay trilingües (inglés, castellano y spanglish), bilingües (inglés y castellano, inglés y spanglish, castellano y spanglish), y, por supuesto, monolingües.

Todo grupo migratorio norteamericano, en su proceso de aculturación en el que abandona la lengua del lugar de origen y adquiere el inglés, pasa por un período en el cual utiliza una mezcla lingüística en la que se yuxtapone el idioma inmigrante y el inglés. Así pues, existen variantes híbridas conocidas como chinglish (mandarín e inglés), franglés (francés e inglés), y yinglish (yiddish e inglés). A ellas hay que añadir el Ebonics, que es el idioma utilizado por los jóvenes negros, particularmente en la música Hip-Hop. Pero ninguna de estas modalidades verbales tiene la presencia del spanglish.

Hoy por hoy, el spanglish está en todas partes: en la calle y el restaurante, el salón de clase y el Internet, el radio y la televisión, el púlpito religioso y el foro político, las agencias turísticas y las campañas publicitarias. Ya que la minoría latina está constituida por individuos de proveniencias diversas (mexicanos, puertorriqueños, dominicanos, cubanos, colombianos, etc.), el spanglish tiene características únicas según la región de la cual proviene el hablante, su edad, su clase social, su extracción nacional y su momento de llegada a los Estados Unidos.

El spanglish mexicano no es homogéneo: sus posibilidades incluyen el pocho, el pachuco, el chicano, el tex-mex, y demás. El hablado por los puertorriqueños es conocido como nuyorriqueño, el de los dominicanos como dominicanish y el de los cubanos como cubonics, para mencionar sólo algunas riquezas.

La trayectoria histórica de esas posibilidades se remonta por lo menos a mediados del siglo XXI, cuando, al terminar la guerra méxico-norteamericana, se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 en el que México cedió casi dos terceras partes de su territorio a los Estados Unidos. La porción incluyó a Utah, Nuevo México, Arizona, Colorado y California. Esas regiones tenían una población hispanoparlante cuyas raíces se remontaban al período colonial. De la noche a la mañana, el castellano y el inglés fueron forzados a convivir y el saldo fue un mejunje polifónico que los lingüistas reconocen como el antecedente inmediato del spanglish.

En otras palabras, el spanglish está en la cicatriz donde el sur y el norte hemisféricos se encuentran o se separan. Otro momento histórico clave es la guerra hispanoamericana de 1898 en la que el imperio ibérico terminó su derrumbe y el mapa del Caribe fue reconfigurado drásticamente, con los Estados Unidos como el jugador diplomático principal. Cuba logró su independencia en esa época pero Puerto Rico pasó de una constelación, la ibérica, a otra, la norteamericana. Hay dos zonas spanglish-parlantes dominantes en el mundo. La primera es, precisamente, Puerto Rico, cuyo estatus diplomático es amorfo: un estado libre asociado (en inglés, a commonwealth), que, como lo explica esta caracterización, ni es estado norteamericano, ni es libre, y su asociación sigue siendo un dolor de cabeza tanto en la isla como en la diáspora. La otra zona es la frontera méxico-estadounidense que va de la costa del Océano Pacífico al Golfo de México y la cuenca del Atlántico y que cuenta, según estadísticas, con una población total de casi 30 millones de personas de ambos lados de la línea.

Lo anterior sirve para confirmar que si bien el spanglish da la impresión —errónea aunque necesariamente— de ser una novedad, su existencia es longeva. Dos pruebas, una de ellas del ámbito intelectual, la otra del cine. La idea del imperio norteamericano como una fuerza invasora palpita en el corazón de la generación modernista. Esa amenaza está presente en esa carta retórica de 1900 que José Enrique Rodó tituló Ariel, siguiendo la pista de La Tempestad de Shakespeare, y en la que el uruguayo exhorta a la juventud latinoamericana a resistir la embestida materialista de los yanquis mediante un reconocimiento enfático de la espiritualidad en las Américas hispánicas. Otros modernistas vieron la amenaza en términos menos filosóficos. Rubén Darío, en “medallón” al presidente Theodore Roosevelt reflexionaba sobre el horror que simboliza para Latinoamérica el sueño norteamericano del destino manifiesto. (Valga mencionar que la novela corta de Joseph Conrad, El corazón de la noche, es también de 1900, fecha que demuestra que el impacto imperial en las postrimerías de la edad decimonónica). Sin embargo, el grito más inspirado de Darío, cuyas coordenadas lo enlazan al spanglish, está presente en su poema “Los cisnes”, escrito en 1895 y dedicado a Juan Ramón Jiménez, en el que aparece en siguiente cuarteto:

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?

¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?

¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?

¿Callaremos ahora para llorar después?

La otra prueba se halla en las películas del genio mexicano Tin-Tan (1915-1973, nombre completo: Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo), cuyo humor exploró la idiosincrasia chicana (“el pachuquismo”). Utilizó un lenguaje fracturado que anuncia en spanglish pachuco en películas como El rey del barrio (1950). Y tiene un sketch titulado “Quiero rascarme aquí” en el que se burla de Los Beatles. A través de comediante la confusión verbal adquiere relieve histriónico. Hoy los descendientes de Tin-Tan son George López, John Leguizamo y Carlos Mencia, que tienen programas televisivos propios de habla inglesa y papeles en Hollywood, gracias a los cuales el spanglish es un fenómeno sin fronteras.

Ese fenómeno implica hoy una estandarización. En efecto, el spanglish pasa por un momento de transición de la mera oralidad a un formato escrito, lo que implica que sus senderos convergen en un flujo compartido que intenta borrar diferencias. Asimismo, la estandarización está representada por un deseo colectivo por normalizar su ortografía y establecer los parámetros de su gramática y sintaxis. A grandes rasgos, el spanglish se caracteriza por tres estrategias de uso: el cambio de códigos verbales, es decir el ir y venir en una misma frase, ni hablar de un párrafo o una página, entre el castellano y el inglés. Ese cambio de códigos es a tal grado espontaneo que no hay dos spanglish-parlantes que construyan una frase de la misma manera. Un ejemplo cualquiera es el enunciado “Yo voy a la marketa to buy el bacon para cocinar el breakfast”.

La segunda estrategia aparece cuando el spanglish-parlante piensa en un idioma pero se comunica en otro, juego que conlleva consecuencias extrañas. Otro ejemplo cualquiera: “Te llamo para atrás”, una expresión utilizada frecuentemente que proviene del inglés “I will call you back” y que en castellano estándar sería “Te devuelvo la llamada telefónica”. Y la tercera estrategia es la creación de neologismos: naife (cuchillo), frikiado (asustado) y janguear (divertirse). Hay, obviamente, más estrategias: traslación de adjetivos, uso de cognados falsos, tergiversación de sinónimos, etc.

El Codex Espanglesis está lleno de humor pero esta tradición supera la sonrisa pasajera que surge del choque de idiomas. Es, como se dijo al principio de este ensayo, una tradición cultivada por autores heterogéneos. Aunque hay brotes en spanglish en textos de principios del siglo XX y las primeras exhibiciones literarias convincentes se remontan a los años cuarenta, su llegada inconfundible se inserta en las décadas del sesenta y setenta, en el marco de la lucha por los derechos civiles, dentro del cual se inserta el movimiento chicano.

Autores como Ricardo Sánchez, en su poemario Canto y grito mi liberación (1971), permiten que el spanglish muestra su esplendor. A ellas les seguirán, en el marco méxico-estadounidense, obras teatrales como Zoot Suit (1979), del dramaturgo Luis Valdéz, y ensayos como Borderlans/La Frontera: The New Mestiza (1987), de Gloria Anzaldúa. Esta última habla del spanglish como un terrorismo lingüístico: “Deslenguadas”, dice en su ensayo. “Somos los del español deficiente. We are your linguistic nightmare, your linguistic aberration, your linguistic mestisaje, the subject of your burla. Because we speak with tongues of fire we are culturally crucified. Racially, culturally and linguistically somos huérfanos—we speak an orphan tongue”.

Una de las escritoras chicanas recientes, que merece citarse, es Susana Chávez-Silverman, autora del libro Killer Crónicas (2004), una serie de epístolas en las cuales ella diserta sobre su condición lingüística. La crónica homónima abre de esta manera:

“Saquen ustedes. Killer, por favor” dije, sin inmutarme, a mis estudiantes. Ellos tampoco se inmutaron not even a hair, acostumbrados a que yo invente palabras, cree interlingual giros neológicos y faux traducciones sin pestañear. And they obeyed. They took out obediently El matadero de Esteban Echeverría, reconociendo estar en un curso survey de literature hispanoamericana, primer semester, college norteamericano that shall remain nameless, pero sabiendo también, que a pesar de la canonicidad de dicha obra, they weren’t in Kansas anymore, and maybe not even in Argentina either, sino somewhere in between, liminal, interstitial.

En el marco puertorriqueño hay ejemplos igualmente ilustres. De las coordenadas de los derechos civiles son igualmente los poetas nuyorriqueños, entre los que se cuenta Tato Laviera, autor de vaias obras, entre ellas AmeRícan (1985), donde aparece su famoso poema “asimilao”:


assimilated? qué assimilated,

brother, you soy asimilao,

así mi la o sí es verdad

tengo un lado asimilao.

you see, they went deep… Ass

oh……. They went deeper… SEE

oh, oh,… they went deeper… ME

but the sound LAO was too black

for LATED, LAO could not be

translated, assimilated,

no, asimilao, melao,

it became a black

spanish word but

you do have asimilados

perfumados and by the

last count even they

were becoming asimilao

how can it be analyzed

as american? así que se

chavaron

trataron

pero no

pudieron

con el AO

de la palabra

principal, déles gracias a los prietos

que cambiaron asimilado al popular asimilao.

A la fecha, el mejor cuento en spanglish es “Pollito Chicken”, que forma parte de la colección de cuentos Vírgenes y mártires (1994) en la que Ana Lydia Vega comparte la autoría. Trata sobre una nuyorriqueña, Suzie Bermiúdez, que en sus vacaciones decide ir a su país de origen, Puerto Rico, aunque como turista, y donde ella tiene un wonderful time, según le cuenta en la oficina a su jefé, experiencia que el narrador recuenta, en un flash-back, y de la cual se deduce que Bermiúdez confundió el sexo y la política en un frenesí memorable.

Y el manifiesto idiomático-ideológico más entonado sobre el bilingüismo, y directamente sobre el spanglish, es “Pelos en la lengua” (2004) igualmente de una puertorriqueña radicada en Nueva York, Giannina Braschi. Dice así:

El bilingüismo es una estética bound to double business. O, tis most sweet when in one line two crafts directly meet. To be and not to be. Habla con la boca llena and from both sides of its mouth. Está con Dios y con el diablo. Con el punto y con la coma. Es un purgatorio, un signo gramatical intermedio, entre heaven and earth, un semicolon entre la independencia y la estatidad, un estado libre asociado, un mamarracho multicultural. No tiene cláusulas ni subterfugios, no anda con gríngolas ni con muletas, no es artrítico, no se queja—aúlla como un perro al infinito y pide maná del cielo que caiga como lluvia—no se ahoga en un vaso de agua, no deja que le doren la píldora—no anda con yeso, saltando como un güimo con muletas de aquí pá allá—no es el canario que se balancea en el columpio dentro de la jaula comiendo los pistachos—se ha ido y se sigue yendo de todas las jaulas como Pedro por su Casa y no ha vuelto a mirar hacia atrás. No tiene 10 mandamientos porque no tiene pelos en la lengua, pero tiene huevos—yo los he venido poniendo desde toda mi obra que es una sola—y la llamo el manifiesto de los huevos poéticos—se hace mostrando los huevos, metiendo la pata, pisseando aquí y pisseando allá. Nace del fuego popular, del pan, de la tierra, y de la libertad. Es un perro realengo atravesando un puente entre el norte y el sur, entre el siglo XX y el siglo XXI, entre Segismundo y Hamlet, entre Neruda y Whitman, entre Dickinson y Sor Juana, entre Darío y Stein, entre Sarmiento Melville—entre los dos yo’s en choque está mi Yo-Yo Boing!

A partir de los ejemplos que aparecen en este ensayo, seleccionados entre una centena, hay quien creerá que el spanglish en la literatura existe los márgenes de la sociedad norteamericana; pero esa certeza es incauta. Los poemarios, las puestas escénicas, los libros de viajes en ese idioma son de consumo general y se estudian atentamente en las universidades. El ápice de esta ola cultural lo representa la novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (2007), del dominicano Junot Díaz, ganadora del Premio Pulitzer. Está escrita en esta jerga y excluye un glosario. Esta ausencia es fundamental. En los sesentas, casi cualquier casa editorial que se animaba a publicar un libro en spanglish agregaba un glosario en la parte final en el cual se le ofrecía al lector el significado de palabras como chanza (oportunidad) o merolico (médico truhán). La responsabilidad ahora recae en el lector.

Otro elemento inquietante en el Codex Espanglesis es el uso de letras opuestas. Hace algunas décadas, los escritores optaban por identificar las expresiones en castellano en sus textos mediante itálicas mientras que el material en inglés aparecía en conformación normal. La diferenciación, simbólicamente, contribuía al deseo de separar ambas lenguas y, consecuentemente, las dos culturas. La opción cayó en desuso en los noventa y en la actualidad es vista como una mera aberración puesto que, en su esencia, las dos culturas son una sola.

La Real Academia Española, cuya matriz está en Madrid, se ha expresado en varias ocasiones en contra del spanglish como una epidemia a la que hay que contraatacar con la medicina de la educación. Es una posición ciega que no alcanza a entender que esta lengua bastarda, y la tradición literaria que brota como una de sus múltiples expresiones, es un quehacer legítimo. En realidad, el fenómeno es prueba de un nuevo tipo de mestizaje que, en su esencia, no es distinto al que se llevó a cabo en la América española y portuguesa durante la Colonia. Aquel fue un mestizaje racial en el que los españoles y los indígenas se fusionaron para crear ese mestizo prototipo que el filósofo mexicano José Vasconcelos llamó, en los años veinte, la raza de bronce, y específicamente, “la raza cósmica”.

El mestizaje que representa el spanglish es de orden cultural: a través del inglés y el castellano se mancomunan las civilizaciones hispánica y sajona. El fruto, en palabras de otro comediante, Mario Moreno, conocido como Cantinflas, ni es lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Ciertamente, el spanglish es una declaración tangible del mestizaje que personifica la minoría latina de los Estados Unidos: ¿es esta minoría una extremidad de América Latina “en la panza de la ballena”? ¿Se trata de un grupo étnico de extracción migratoria que desaparecerá en la próxima generación? Son las mismas preguntas que proponen lingüistas de disciplinas diversas. ¿Se perderá el spanglish si los latinos se asimilan totalmente a la cultura dominante? ¿Se convertirá en el futuro en una lengua autónoma e independiente?

Cualquiera que sean las respuestas, la tradición literaria en spanglish es, mientras tanto, cada vez más asombrosa. Alfonso Reyes dijo en cierta ocasión, al discutir el camino que sigue el idioma en su formación, que sólo el populacho tiene la coraje de innovar. Fue él quien anunció que el poliglotismo en el vulgo es una cualidad y no un defecto. “Cada pueblo oye el mismo ruido de distinta manera… y tiene el descaro de exagerar estas diferencias”. O sea, que los gallos españoles dicen qui-qui-ri-quí y los anglosajones cock-a-doodle-doó. Pero lo que oyen los gallos spanglish-parlantes es una versión adulterada: cock-quí-cock-quí.

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Ilan Stavans

Ilan Stavans (Stavchansky), nacido en México en 1963, encabeza la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College.
Es considerado una autoridad en materia del Spanglish, su análisis y desarrollo. Al respecto publicó en 2003 "Spanglish: The Making of a New American Language". Entre sus últimos libros se cuentan "Becoming Americans: Four Centuries of Immigrant Writing" (2009), "A Critic’s Journey"(2009), "Gabriel García Márquez: The Early Years" (2010) En 2008,"Mr. Spic Goes to Washington". En 2000 publicó en cooperación con Lalo Alcaraz "Latino U.S.A.: A Cartoon History".

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