Casi mejor que una lipo: extracción de muelas

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Esta es la parte 47 de un total de 99 partes en la serie La vuelta a Manhattan en 365 dias / Liza Rosas Bustos

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Nadia, que habla español pero cuya nacionalidad quien está ante la tecla ha decidido ocultar, quiere hacerse una lipo tras engordar 20 kilos por su segunda cesarea.  El nene está lindo. Lindo, está. Pero las libras que lo acolchonaban se han quedado dentro del cuerpo de Nadia, sin dinero cuya nacionalidad quien está ante la tecla ha querido ocultar.

Hace tiempo que anda mirando las portadas de las revistas de los kioskos y no se cree que la Niurka Marcos haya rebajado en un mes después de parir. Una amiga le dice que la gente de la tele tiene muchos entrenadores, niñeras y cocineros que hacen todo tipo de arreglos con el cuerpo de Niurka Marcos. Además, dice, su esposo no se llama Luis Miguel, se llama Marcos Arenas y no canta boleros en México sino que vende teléfonos y repuestos para celulares en una tienda de Washington Heights.

La misma amiga le aconseja que vaya a averiguarse a una clínica estética a ver si reciben algún seguro médico. Al preguntar por precios en la clínica se entera, oh desgracia, que las operaciones de liposucción son al contado. Se consuela con dietas.   Pero pronto se da cuenta que las comidas son preparadas con ingredientes específicos que, además, no se consiguen en Washington Heights. Además, el nene está lindo, sí, pero chilla a todo dar. La coloca nerviosa y ahí va Nadia, comiendo tamales, pozole, arroz con leche y vuelve a engordar.

Es así como se le ocurre una idea: sacarse dos de los molares arriba, dos abajo; así comerá menos y gastará menos. Le paga a una dentista amiga que le haga el trabajo en la casa. La dentista, con el título de su país colgado en la pared,   higieniza todo y la atiende como en peluquería casera. La anestesia, le saca los cuatro molares y queda perfecta, solo hay un inconveniente. Ahora no puede sin muelas, oh percance, sonreir con la boca abierta así hasta atrás.

Así es como la mujer, cuya nacionalidad no revelaremos, anda por la vida con la cara fruncida. Se ve menos gorda pero más vieja, que, como dijo Juan Luis Guerra no es lo mismo ni es igual.

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Liza Rosas Bustos

Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino, Hoy de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybridoy Conciencia. Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la Revista virtual Letralia de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas La Mujer Rotay la Revista Virtual Letrambulario además de Centro Poetico, publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II de Harlem y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.

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