Auto nuevo en Los Angeles

***
[ad#Google Adsense-10]
***

Si hay una experiencia sui generis de Los Angeles es la de comprar automóvil. Como un fetish, es el summum de nuestra vida vertiginosa en el sur de California.

El condado tiene 527 millas de freeways y 6,675,888 vehículos registrados. Y la ciudad de Los Angeles, 6,600 millas de carreteras y 181 de freeways para dos millones y medio de carros solo de sus residentes.

Esta es la capital mundial de los coches.

Los fabricantes de vehículos del orbe tienen en su corazoncito un rincón especial dedicado a los choferes del sur de California.

Para nosotros, crean modelos especialmente diseñados. Siembran concesionarios de carros nuevos, de primera, segunda y tercera mano, con locales que parecen lujosas salas de exposiciones tecnológicas, con el mejor café del mundo e iluminación perfecta… Algunos pertenecen al mismo dueño, que puede ser un gigantesco conglomerado financiero o… un propietario particular, un individuo famoso cuyas andanzas se publican por todas partes. En otras palabras, un personaje de película.

Porque existe una relación estrecha entre unos y otros. Los Angeles, para el mundo, es también Hollywood, palabra mágica que incluye la pantalla plateada y grande, el sistema de estrellas y algunas de las más excelsas obras de arte que creó la humanidad.

Los Angeles es Hollywood, y muchos actores – aquellos a quienes la casualidad del éxito taquillero no rozó las mejillas y que en lugar de ser millonarios seguidos a todas partes por esas otras criaturas angelinas, los paparazis, ejercen su arte allí donde puedan – muchos actores trabajan de vendedores de autos.

En los concesionarios como en las películas se siembran las semillas del sueño americano: poseer un automóvil reluciente, último modelo. Y como persiste la percepción de la crisis económica, fabricantes y financistas acumulan ofertas: si no tiene para comprar, lo alquila en lease, paga menos por un vehículo que no posee y que debe cuidar como la niña de los ojos, porque tiene que devolverlo. O lo paga en cómodas cuotas… ¿cuántas quiere, eh? Sesenta, y cada vez más, setenta y dos, es decir, seis años. ¿Ve? Para que se le haga menos doloroso. Y aqui va una buena garantía, y una lapicera dorada.

Un joven asiático de pantalones de mezclilla, casaca raída, gorra de lana y hablar quedo busca el modelo más costoso, recien anunciado. No lo tienen aquí, le dicen, pero alguien corre a una concesionaria “hermana” y se lo trae. Lo paga y se lo lleva.

Una pareja latina espera silenciosa y abrazada. Llega el director de financiamiento con una mala noticia: no tienen crédito, requieren más pago adelantado, y que venga alguno de los padres para avalarlos con su firma.

Una mujer comparte su ilusión de manejar por la carretera oceánica de Malibú con un BMW, Mercedes Benz o al menos un Ford Mustang convertible, “con un peinado perfecto, ropa cara y maquillaje completo”. ¿Por qué no? “Otros patanes tienen autos bonitos y yo me lo merezco”.

Pero cuando la realidad golpea enfila al puesto de autos usados, y los sueños se reducen en tamaño.

Otras veces nos negamos a conformarnos con el puesto humilde que nos labramos en la vida y sí, porque lo merecemos, nos endeudamos con el coche perfecto.

Quien nos atiende no tarda en alardear de su pasado glorioso y nos pregunta si no lo reconocemos por un trabajito de modelaje que hizo para un comercial de televisión. Le decimos que sí, “Oh, yeah, that’s you!”. Nos reimos y él logro la complicidad y simpatía que necesitaba.

Y así, uno tras otros, y luego de felicitaciones en voz muy alta y grandes risas, los felices compradores emergen uno tras otros en su carrocería brillante y aromatizada y sonrisa de un millón de dólares, a la noche de Los Angeles, donde muy pronto se mezclarán con los otros millones de rodados que circulan por los freeways y enfilarán hacia el resto de sus vidas.

***

1 Trackback / Pingback

  1. Bitacoras.com

Los comentarios están cerrados.