Allá lejos en 1947

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David Zaidenstein

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En el centro de Los Ángeles vive un hombre llamado Igal Zaidenstein. Hace un tiempo que me busca para contarme una historia; la de su abuelo David, que tiene 93 años.

Asamblea General de la ONU, 29 de noviembre de 1947

Cuando finalmente hablamos, se expresa en español. Sin errores, pero con un acento inconfundible. Las “erres” suenan como francés: “grgr”; parte de la garganta. Lo reconozco. En dos frases pasamos al inglés e inmediatamente al hebreo.

En su país natal, Israel, es abogado, en cambio aquí… pero tengo que dejarle contar la historia del abuelo. Lo hace, me cautiva y una semana después nos reunimos y llamamos por teléfono al abuelo. A Asunción, Paraguay, donde el Dr. Zaidenstein vive hace siete décadas.

Y desde allí, con el español más puro y rico posible, la voz firme y un relato que no deja lugar a las adivinanzas, David Zaidenstein revive para mí y su nieto una historia que se remonta a 1947.

Es el 29 de noviembre de aquel año de postguerra. En Nueva York, la Asamblea General de las Naciones Unidas debate la Resolución 181: la partición de Palestina y la creación de un estado para los judíos: Israel. Cada voto de los entonces 57 miembros es crucial. Los 10 islámicos y árabes se oponen. Todo depende del bloque latinoamericano, con sus 20 países. México, El Salvador, Argentina, Honduras, Chile y Colombia se abstienen. ¿Y Paraguay?

En Nueva York, el jefe de la delegación de Asunción, afirma Zaidenstein, tiene antecedentes de antijudío. Se niega a apoyar la creación de Israel. Es más, relata, en la víspera de la votación “un grupo de árabes lo vino a buscar y se lo llevó; le dieron bebida y mujeres”.

Bailan en las calles de Tel Aviv, 30 de noviembre de 1947. La guerra nunca cesó.

“Como ventaja de haber sido médico”, cuenta Zaidenstein, “yo podía tener relación con los encumbrados”.

Por cosas del destino es Thanksgiving en Nueva York y el proceso se dilata por 24 horas más. Pero ya es la 1 A.M. En pocas horas se vota. Alarmado, y junto con líderes de la comunidad judía local Zaidenstein se apersona en casa de un paciente suyo: el ministro de Relaciones Exteriores Cesar Augusto Vasconcelos, quien guarda cama por una fuerte gripe. Le explican la situación. Vasconcelos, simpatizante de la causa, envía un cable urgente a Nueva York, instruyendo votar a favor de la resolución. Así lo hace el paraguayo: “El delegado de Paraguay”, anuncia a la Asamblea, “acaba de recibir instrucciones de votar por la resolución”.

Su voto se agrega al de Guatemala, Brasil, la República Dominicana, Venezuela, Uruguay, Nicaragua, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Panamá. La propuesta es aprobada con 33 votos. Seis meses después el estado de Israel declara su independencia. Lo que para unos fue la salvación para otros fue la tragedia. Sesenta y tres años después, el conflicto armado continúa tan intenso como en aquellos días.

Esa reunión del médico en casa de su paciente contribuyó a cambiar la historia del mundo. Y sesenta y tres años después, el abuelo David me agradece, me bendice y corta, satisfecho. Ygal, el nieto, tiene lágrimas de orgullo en los ojos.

La epopeya del abuelo ha marcado al nieto; pareciera que quiere continuarla. A pesar de la convicción de la necesidad de vivir en Israel, donde creó una organización juvenil para fortalecer los lazos de ese país con los judíos de la diáspora, se mudó a Los Ángeles, donde es analista político para Ceci — Citizen’s Empowerment Center—, un ente promovido por el empresario y filántropo Isaac Parvis Nazarian.

“Yo quise representar al estado oficialmente”, cuenta el joven Igal, “pero no se dio”. De modo que llegó aquí hace cinco años. Tiene su tarjeta verde de residente permanente. Sus padres — médico y química — emigraron de Paraguay a Israel sin hablar una sola palabra de hebreo; su abuelo, de la Argentina a Paraguay. Y él, con su epopeya familiar, está aquí, y ya es gente de Los Ángeles.

[Publicado inicialmente en mi columna ‘Gente de Los Angeles’, La Opinión]

6 Comments

  1. Cesar Augusto Vasconsellos fue mi abuelo. Esta historia me la conto mi padre, Julio Cesar Vasconsellos, quien ese día recibió al Dr. Zaidenstein cuando le fue a comunicarle su gran inquietud y la de la comunidad sionista a su paciente que efectivamente estaba enfermo con fiebre y postrado en cama. Mi papa en aquel momento tenía 19 años; actualmente vive en Paraguay y aun recuerda esa noche vívidamente, con la conciencia y de la importancia que tuvo Paraguay para la creación del Estado de Israel y la postura de mi abuelo a favor.
    Durante muchos años la Embajada de Israel en Asunción lo invito a mi papa a las celebraciones del aniversario de la creación del Estado de Israel, donde siempre recordaban esta anécdota del desenlace de la votación de Paraguay ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. La infortunada participación del representante de mi país, según me conto mi padre, fue de tal gravedad que tuvo que ser remplazado por un representante nombrado de urgencia por la razón de que su estado no le permitiría asistir a votar. En esta parte el relato que yo escuche varía un poco. Mi padre me refirió que nuestro embajador tenía antecedentes de alcoholismo y que de ninguna manera podría ir a votar porque estaba “desaparecido” después de la gran fiesta que habían organizado para inducirlo a tomar. Mi abuelo, el Dr. Cesar Vasconsellos, salió a recabar las firmas de dos ministros además de la suya, para así cumplir con los requisitos para el nombramiento de un representante de Paraguay que pudiese votar en carácter urgente ante la Asamblea, con la explicita indicación de hacerlo a favor de la creación del Estado de Israel. Las horas y los minutos contaban, el Ministro de Relaciones Exteriores (mi abuelo) a pesar de la alta fiebre que lo quejaba, salió con su chofer a cumplir con esta misión porque en circunstancias normales bastaba su firma y la del Presidente de la Republica de Paraguay; pero ese día el Sr. Presidente estaba de viaje y había que conseguir la de los otros dos ministros. Finalmente, el telegrama se redactó con la noticia del nuevo nombramiento y las instrucciones de votar a favor, y este se envió a la casa de la persona designada quien presumiblemente ya estaría enterada porque todo esto se realizaba en medio de constantes comunicaciones telefónicas que acompañaban a la estrategia de apoyo a los sionistas. Si no me equivoco y mi padre bien recuerda, fue un voto el que inclinó la historia a favor de la creación del Estado de Israel en esa histórica jornada.
    Vivo en Philadelphia con mi familia, en mi país también soy abogada como mi abuelo y mi padre. Esta entrevista me conmueve por sus matices y por la coincidencia en los recuerdos del David Zaidenstein y de mi papá. Hoy le voy a llamar y voy a leerle este artículo para que vea como hay alguien más que rememora lo ocurrido. Él tiene 84 años, estoy segura que le va a gustar escuchar este relato.

  2. Soy paraguayo y que tremenda satisfaccion senti al leer la noticia, aunque sabia que paraguay tubo cierta participacion no conocia los detalles y realmente me siento privilegiado de pertenecer a un pais que pudo contribuir con la nacion de Israel porque se que tiene promesa de parte del Dios de los cielos de bendicion.

  3. este autentico personaje , el Dr David Zaidenstein. es mi tio, ilustre
    medico, recta personalidad y sionista de conviccion. Es un honor leer su testimonio yrendirle los honores de u. verdadero patriarca del Estado de Israel. Kol ha kavod Ygal por tu esfuerzo en publicarlo.

  4. Interesante la historia sobre el voto de Paraguay.Seria interesante saber como y porque de las abstenciones de los otros paises sudamericanos y si esa politica negativista hacia la creacion del estado se ha mantenido durante los anios

  5. ¡Excelente, Gabriel! El artículo, el personaje, todo. Si es que la historia se cuenta por los pelos….

  6. Excelente, Gabriel, este relato del abuelo hebreo que narra cuan tensa fue la decision de la ONU de crear la creacion del estado de Israel. Es formidable tu entrevista. A proposito de este testimonio, diria que conmovedor, creo que seria conveniente que la comunidad hispana en California y en toda USA conociera mas acerca de como fueron los estados arabes quiens iniciaron este conflicto arabe-israeli que ya dura mas de 60 anos y que francamente apunta a prolongarse at infinitum, debido a que no quisieron aceptar la particion de Palestina y que una parte correspondiese a quienes desde 3000 anos atras alli vivian.

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