Algunos son más iguales que otros

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Bajo la presión de una caída sin precedentes en los ingresos, el alcalde y el concejo municipal de Los Angeles supuestamente despedirán a 1,000 ó 1,500 empleados de la nómina de la municipalidad.

Esto se agrega a otros 2,400 empleos que se cortarán al adelantarse la fecha de su jubilación en cinco años sin disminuir los beneficios.

Al gerente de la ciudad Miguel Santana le urgen los despidos. Cada mil despidos, dijo, representan 65 millones de dólares menos de gastos. El déficit en estos momentos: unos 200 millones.

Las decisiones de despidos en la municipalidad fueron repetidamente postergadas. Según Santana, ello ya no es posible. Cada día de dilaciones genera la necesidad de echar a otros cuatro trabajadores.

Los despidos, como señaló esta semana el concejal Erik Garcetti, son “devastadores para nuestra economía” al retirar del ciclo productivo a miles de trabajadores y sus familias. Tiene razón.

Sin embargo, es deber señalar también el daño a los residentes con el cierre de programas para inválidos, o de cultura: arte, música, teatro, danza, literatura: educación y preparación para la vida, y decir que ante la adversidad, el departamento de policía debería compartir la crisis.

Este alcalde ha hecho grandes esfuerzos para reducir el crimen en la ciudad, y éstos han sido exitosos. El crimen bajó.

Entonces, el alcalde Villaraigosa debería declarar que desiste de su objetivo de aumentar las fuerzas policiales a toda costa y bajo cualquier circunstancia.

No es el momento de seguir insistiendo.

Especialmente, cuando quienes pagarán el precio de los despidos serán los residentes con más necesidades culturales, sociales, y económicas. Aquellos que por las mismas razones son los de mayores probabilidades de caer en el hampa, sea como víctimas o perpetradores.

Si Villaraigosa no se da cuenta de ésto, su insistencia en fortalecer a la policía aún en tiempos difíciles como el presente suena incongruente. Aferrarse a nociones del pasado podría revelar cierta preocupación con su imagen para apuntalar su futuro político.

Pero el alcalde no puede permitir que al término de sus dos períodos de gobierno se lo caracterice como quien implementó el desmantelamiento de los programas de calidad de vida, especialmente para quienes votaron por él y que aún lo apoyan.

Los números

Esta semana detallaron finalmente los despidos. Cuando el humo de la batalla se disipe, las víctimas serán:

  • Los beneficiados por la comisión de Relaciones Humanas, que media por ejemplo en conflictos entre latinos y negros (así como judíos, vietnamitas, chinos, etc.)  y que fue creada después de los disturbios de Watts de 1964 con sus 34 muertos (será eliminada, 26 empleados)
  • Los consejos populares vecinales a causa de los recortes en el Departamento de Fortalecimiento de Vecindarios (19 de sus 38 empleados) ;
  • La calle Olvera, tradicional orgullo de la comunidad, por la casi desapareción de la agencia El Pueblo de Los Angeles (10 de 16 empleados)
  • Los usuarios de Parques y Recreación (125 despidos); la oficina del Procurador (100); las bibliotecas públicas (100); Sanidad (100); Bomberos (79); Discapacitados, que atiende a 12,000 ciegos, sordos, inválidos y enfermos mentales (6 de 19; 5 más despedidos recientemente),.
  • Los que usan los programas del departamento de Asuntos Culturales (30 despidos de 73 según una versión, 18 según otra): quienes no pueden pagar entrada a los museos, o van a conciertos, festivales, clases de artes financiadas por el gobierno municipal.

En cambio, el plan prevé el despido de 50 agentes de policía, sólo un 0.5% del total.

No puede ser que los despidos sean el camino preferido para lograr los ahorros. Eso ni siquiera es bueno para las corporaciones, porque luego ya no pueden reclutar la experiencia que perdieron.

Hay otros medios.

La coalición de sindicatos dice que se hubiesen ahorrado decenas de millones de dólares si se hubiese implementado el acuerdo con la municipalidad. Ahora, ofrece como opción a los recortes ofrecer jubilación adelantada a otros 363 empleados y poner a otros 600 bajo el presupuesto del aeropuerto, por ejemplo, no afectado por la crisis.

Otra opción es insistir en la reducción de aquellos salarios que son desproporcionados en comparación con lo que pagan otras ciudades. Un empleado municipal ganaba en 2008 término medio $68.850 y un policía $93,800 según una investigación del Daily News.

Un trato diferente

El hacha del recorte trata diferente a los departamentos de la ciudad. Por ejemplo, los ilustres ausentes en esta lista digna de cementerio son la oficina del alcalde y de cada uno de los 15 concejales. Sus presupuestos no se tocarán; dicen que ya se redujeron demasiado.

El ensañamiento con la cultura refleja la tendencia moderna a considerar a los gobiernos como una junta de directores más y a las ciudades como si fuesen corporaciones. La cultura no produce, razonan. De allí que tengamos tantos billonarios que se postulan para puestos electivos prometiendo, precisamente, aplicar principios de mercado a una ciudad, un estado o un país.

Pero la cultura cuenta. Es la fuente de la democracia.

La cultura cuenta. Y si no, escuchen a Herman Goring, el fundador de la Gestapo y sucesor de Hitler, repitiendo una frase de ¡Sí, una obra de teatro!: Wenn ich Kultur hore … entsichere ich meinen Browning!, que llegó a través de la historia como “Cuando oigo hablar de cultura echo mano a mi pistola”.

Por algo lo repetían los nazis, la peor escoria que jamás pisó la tierra.

Un sólo dato más, casual pero ilustrativo: el mismo día en que se anunciaban estos detalles, la flor y nata de la ciudad de Los Angeles se congregaba para congratularse mutuamente en la inauguración de un hotel en la esquina de Hollywood y Vine, en donde la estadía por noche fluctuará entre los 280 y los 4,000 dólares.

Sólo para que vayamos viendo por donde pasan sus prioridades.

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Gabriel Lerner

Editorial Director at La Opinion
Editor en jefe del diario La Opinión en Los Angeles.
Fundador y editor de HispanicLA.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y anteriormente editor de noticias para La Opinión.
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