Galería de fotos: 300 mil fosas en el Este de Los Angeles

Rodeado por las calles Primera, César Chávez, Evergreen y Lorena, el cementerio Evergreen —el más antiguo de Los Ángeles, fundado en 1878 y aún activo— es el único espacio abierto del Este de Los Angeles. Es que no tenemos aquí parques, ni plazas, ni paseos, ni grandes jardines. Durante su fugaz paso por el Concejo Municipal, Nick Pacheco hizo construir a su alrededor una pista de 1.5 millas para joggers, pavimentada con neumáticos reciclados, y la dedicó a la memoria de Lloyd Montserrat, joven activista y pionero de los concilios comunitarios del lugar.

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Ahora, vecinos y visitantes recorren la pista y pueden echar un vistazo al cementerio.Allí están los restos de Isaac Newton Lankershim, muerto en 1882, constructor del Valle de San Fernando y quien bautiza una ciudad, una calle y una salida de freeway. De Edward Spence, alcalde de Los Ángeles entre 1884 y 1886. Y de James Sturgeon, un héroe de la Guerra Civil.

Pero la inmensa mayoría de sus 300 mil restos pertenecen a gente como uno, anónimos, olvidados. En una parcela con lápidas del siglo 19, una, muy pequeña, solamente dice R.H.S. Alguna vez alguien sabía quién era. Quizás le traían flores. Su identidad quedó en el misterio. Algunos mausoleos impresionan por su diseño. Abundan tumbas de masones. Descansan aquí los restos de la Unidad de Infantería 442, de voluntarios nipoamericanos, la más condecorada de la historia del país que luchó en Italia durante la Segunda Guerra Mundial.

Charles Williams, el primer policía afroamericano de la ciudad de Los Ángeles muerto en funciones en 1923, así como prominentes pilotos, periodistas, escritores, abogados afroamericanos. Alguien me dice que existe un sector de judíos, aunque no lo hallé.

Sin embargo, no encontré casi apellidos latinos, aunque el 98% de los actuales residentes de sus alrededores lo sean. Aunque a un paso esté el Monumento Mexicano a Todas las Guerras.

Hace unos años, el fotógrafo Joseph Rodríguez documentó a quienes, por las noches, se inyectan heroína dentro del Evergreen.

Cuento todo esto porque el verano pasado, unos trabajadores que preparaban la infraestructura para la estación de la Línea Dorada del Metro hallaron sobre la calle Primera, entre Lorena y Concord, los esqueletos amontonados de 108 personas. Datan de antes de 1890. Luego les dieron sepultura para seguir con las excavaciones del tren subterráneo, un proyecto de seis millas y casi mil millones de dólares que se quiere listo para mediados de este año.

¿Cómo llegaron allí los huesos? Al parecer, alguien, allá por 1922, interrumpió las labores de un crematorio municipal para los pobres de la ciudad y dejó las osamentas de quienes no se alcanzó a desalojar en una suerte de fosa común.

Visito la cuadra para preguntar a los vecinos, pero nadie sabe lo de los huesos descubiertos. Un cartel que quedó de la campaña electoral anterior pide votar por José Huízar. Es el que le ganó a Pacheco. Anuncios en español e inglés hacen saber de los trabajos de infraestructura por la construcción del Metro y piden perdón al público. Algunos están cubiertos de grafito. Un gallo se pasea dentro del cementerio, cerca de una cruz de piedra, erigida en tributo a los antepasados de alguien, muertos en Escocia en 1590.

En Evergreen, la muerte, contrariamente a lo que se dice por ahí, no une a pobres y ricos.

(Original publicado en La Opinión)